30 setiembre 2008

¿Somos respetuosos?

Por: Gino Ceccarelli



En Japón, los niños cuando tienen que cruzar una calle donde hay mucho tráfico, lo único que tienen que hacer es levantar la mano desde la vereda para que todos los automovilistas se detengan como por arte de magia. De la misma manera, las personas que están resfriadas, con gripe o algún otro mal respiratorio, salen a la calle con una mascarilla y así evitar contagiar a sus congéneres.

En Dinamarca, existe tal respeto por la naturaleza y los animales que sus ciudades tienen muchos parques donde vemos cisnes, patos, ardillas, pájaros, etc. que conviven con los pobladores. Y si a un cisne se le ocurre caminar por las calles, los automovilistas están obligados (por ley) a detenerse y esperar a que se mueva sin perturbarle. Ni siquiera se le puede tocar claxon o decirle "¡chuza, chuza!".

En Europa, en general, las palabras más utilizadas son "Buenos días", "por favor" y "gracias". Las relaciones sociales se enmarcan en el plano del respeto. Si uno va a un restaurante o tienda y pide algo sin saludar, corre el riesgo de ser echado del lugar ya que se considera un insulto no decir primero "buenos días".

En otros países cuando uno hace trámites en las instituciones públicas, normalmente te dan un plazo para recoger un documento. Estos plazos son estrictamente respetados por los burócratas, es decir, uno puede confiar plenamente en la puntualidad. Y la puntualidad es algo que tiene un valor real. Es verdaderamente incomprensible que en nuestra ciudad uno pierda demasiado tiempo ¡llegando puntual a sus citas!

Los latinos que van a vivir en Europa no llegan a entender el que la gente sea muy puntual incluso para las fiestas y reuniones sociales. Un retraso de quince minutos amerita una disculpa aunque se trate de una invitación para un bailongo.

Podemos poner muchos más ejemplos de respeto en otros lugares. Por supuesto algunos dirán que "eso es en Europa y Estados Unidos" o "no nos podemos comparar con países desarrollados", ¡Pamplinas! Eso no tiene nada que ver.

Como seres humanos civilizados, no necesitamos alcanzar un desarrollo económico para recién empezar a aplicar eso del respeto a nuestros semejantes. El desarrollo de una sociedad se mide sobre todo por el nivel de respeto y justicia social que se ha alcanzado. Y cuando hablamos de respeto a nuestros semejantes nos referimos también a no tirar papeles, plásticos o basura en las pistas y veredas, a no escupir en el piso, a ceder el paso, a respetar las normas de tránsito. Causa estupor cuando en nuestro país vemos que el peatón está obligado a correr para atravesar una calle. Entendámonos bien. Las reglas de tránsito se hacen sobre todo en función para la circulación de peatones y vehículos. Los privilegiados en las calles tienen que ser los peatones, no los autos ni motocarros.

Normalmente, cuando uno quiere hacer una fiesta en su casa, debe pedir por adelantado permiso a sus vecinos, hacerles saber que habrá bulla y música, más aun, a pesar del permiso no debe excederse en decibeles. En otros lados simplemente vas preso cuando abusas y perturbas demasiado la tranquilidad en el vecindario.

Existen varias formas de faltar el respeto: a nuestros semejantes, a la ciudad, al país, a la naturaleza, al patrimonio, incluso a tu familia.

Algunos ejemplos: no se debe obligar a los hijos a trabajar, eso está penado por ley; no se puede maltratar a los animales, ni siquiera se debe transportar gallinas colgadas de sus patas. En otros lados es multado severamente cuando no son transportadas en jaulas, incluso cuando van al matadero. No se puede hacer pintas en fachadas (atención con los políticos) ya que eso también está penado por ley ya que es una afrenta al patrimonio. No se puede talar árboles en una ciudad sin una debida justificación. No se debe golpear a los niños, menos a los de uno.

También uno falta el respeto a los demás cuando orina en la vía pública, cuando se estaciona en cualquier lugar, cuando se levanta la voz innecesariamente, cuando se calumnia, insulta o inventa chismes, cuando se acusa sin pruebas, cuando no se respeta una cola, cuando se promete y no se cumple. Esto de tener palabra merece un capítulo aparte. ¿Qué más puro y honesto puede haber de lo que sale de nuestras bocas? Mi palabra es lo que soy. Uno habla pensando y en este mecanismo interviene nuestra sangre, tripas, nervios, pulmones y todo. Entonces, si no tengo palabra o si tergiverso lo que digo, no tengo nada o no valgo nada. Un ser humano que se precia de ser inteligente tiene que ser coherente entre lo que piensa, dice y hace.

Desde hace unos años cada vez que se utiliza palabras como respeto, valores, principios y honradez parecería que estuviéramos hablando del baúl de la abuela. Sin embargo estas palabras son los verdaderos motores de una sociedad. Sin ellas, si no hacemos un esfuerzo en aplicarlas a todos nuestros actos, simplemente no iremos a ningún lado. Aunque tengamos plata.

El Diablo ataca otra vez


Camuflado entre el desconcertado pueblo, bombardeado en exceso por el sensacionalismo de cierto medios, vigorizado por la ignorancia y el temor, la Bestia 666 ha atacado otra vez. La agresión ha sido grave y ha tocado a gente inocente. El reporte lo tiene el diario Pro & Contra:

Enardecidos y nerviosos pobladores del caserío Santa María del Amazonas casi linchan a integrantes de la “ONG Amazon Promise” al confundirlos como miembros de la secta satánica 666, por lo que tomaron las instalaciones del colegio para evitar que fugara y hacer justicia debido al temor de ser sellados con el número de la bestia. Todo sucedió la mañana de ayer cuando los integrantes de la ONG llegaron hasta las instalaciones del colegio para brindar atención médica gratuita a la población de escasos recursos económicos, pero extrañamente uno de los pobladores de apellido Sinty alarmó a todos que no se dejaran sorprender ya que la única razón de la presencia en la zona era para captar adeptos para la secta, hecho que confundió a la población que se mostraron violentos.

Segundo Colonia Cahuaza (40) estadístico de la ONG, fue retenido por la población en la biblioteca del colegio por lo que Jesús Flores Díaz (53) director del colegio tuvo que pedir la intervención de los serenos de Punchana, al igual que de efectivos de Radiopatrulla quienes llegaron al lugar para rescatar al integrante de la ONG. Colonia fue sacado del lugar rápidamente por agentes policiales, mientras que una enardecida turba de casi 200 personas quería lincharle e incluso llegaron a violentar las unidades vehiculares, mientras que Alex Sandoval, médico de la ONG, precisó que 15 cajas de medicinas fueron quemadas por la población cuyo monto asciende a 50 mil dólares. Patricia María Webster, presidenta de la ONG, lamentó los hechos vandálicos, sostuvo que llegaron al lugar como a muchas otras zonas, tras las coordinaciones con el director del colegio para brindar atención médica gratuita.

La histeria colectiva que han generado algunos perosnajes y medios de comunicación, que motivó un irónico artículo de mi parte, ha empezado a generar sus delicados efectos. La turba, motivada por los cables zafados de alguien (que a su vez ha sido alimentado mentalmente por la psicosis informativa) casi desencadena una tragedia, pero al mismo tiempo ha llevado a que se incendien y destruyan cajas con medicinas, cuyo único fin era beneficiar a los mismos miembros de la comunidad.

¿Será que los tiempos oscurantistas están volviendo? ¿Será que el Demonio 666 se ha convertido en el nuevo Pelacaras de esta época? Esto no es una película, no es ficción. Es la pura, purita, realidad.

¿No es como que demasiado?

Un poco de agua fría en medio del incendio nos haría bastante bien.

Link: Ikitozz City nos ilustra en su blog sobre manifestaciones de embustes y verdades acerca de estas "sectas"

28 setiembre 2008

Bailando por una sonrisa


El colegio estatal Nº 60052, mejor conocido como Generalísimo Don José de San Martín, se ubica en un desvío que lleva hacia el Camal del distrito de Punchana, por un camino no pavimentado. Es sábado, 8 p.m., pero la euforia y las hormonas no se encuentran en las fiestecillas adyacentes (donde los motocarristas pierden el brío, la sobriedad y se pelean a gritos y puñetazos por mujeres de valor flexible), sino dentro del plantel. La gran final de “Bailando por una sonrisa” se iniciará dentro de muy breve.

Llegamos presurosos, acompañando a una de los jurados del concurso (una profesora de la Escuela de Música que nos ha comentado sobre el evento), decididos a confirmar si tanto entusiasmo es justificado. Según el relato, dentro del área el cinturón de pobreza urbana, una humilde escuela que no recibe mayor apoyo que el de sus propios esfuerzos ha decidido romper el tedio emulando – a su modo - al celebérrimo y nunca bien ponderado programa televisivo “Bailando por un sueño”, conducido por la diva Gisela Valcárcel. La metodología ha sido simple: los tres jurados han ido evaluando, a través de cuatro semanas, a diez parejas que tienen una particularidad: son a conformadas siempre por un docente y un alumno. A la noche estelar han sobrevivido cuatro duplas, quienes pugnan por hacerse acreedores al premio máximo de 300 soles que han prometido los organizadores.







La única condición para el ingreso es contribuir con un nuevo sol. El propósito primordial de la recaudación es aprovisionarse de fondos económicos para realizar la gran chocolatada navideña para infantes y madres de la zona. Los gestores de la audaz iniciativa son tres maestros del plantel: Johnny Saavedra, Margot Rengifo y Fiorella Loayza, fans declarados de Gisela y sus estrellas, pero también del apoyo social. Hace siete años organizan por su cuenta, a veces incluso sin el apoyo del colegio, entregas y eventitos de esta bondad. El año pasado lograron superar el espacio y llevaron alegría pascual a mil moradores de la Comunidad Progreso, en el kilómetro 9 de la carretera hacia Nauta. Pero recién a mediados de este 2008, con la fiebre del sábado por la noche disparándose a través de la pantalla chica, se les ocurrió algo simple, pero efectivo: copiar el formato, trasladarlo a la realidad del lugar y, de acuerdo a las posibilidades económicas, apoyarse en un coreógrafo, en un equipo de sonido y luces modesto pero rendidor, así como en un jurado de docentes externos. El resto, como se ve, iba a ser cuestión de tiempo, para transformarse en un suceso en menor escala.

Lo novedoso a veces causa miedo y resistencias, me indica uno de los organizadores. A veces, habían tenido que lidiar con el propio grupo del colegio, que no creía que este evento, claramente lúdico y claramente distendido, pudiese tener alguna trascendencia, sobre todo porque más allá de la presunta bufonada, se podría estar minando la disciplina, el respeto a los mayores y la seriedad de las relaciones maestro-alumno. Además, se ha confeccionado un sistema de vestuario y logística atractivo, muchas veces costeado por los propios concursantes. Se ha erigido un estrado en el patio principal y los asistentes han repletado parte del mismo, así como los balcones del segundo y tercer piso, respectivamente, con pancartas, los cuales a su vez dividen secciones, facciones y barras. Predeciblemente, el mayor número de asistente corresponde a jóvenes quienes desde arriba, con ánimo palomilla, riegan sobre la pista de baile, globitos hechos con preservativos y corean nombres de chicos de su edad que participan en la competencia (como Lucho Navas, Patrick, Élfrida, Manuela del Rosario). Sin embargo, la cifra de padres y gente común y corriente no es nada desdeñable. La estrella de la noche es Jhon Kapp Ramírez, quien llegó a participar en la final nacional de “Bailando por un sueño” como pareja de la actriz Ebelín Ortiz y ahora viene al colegio en aroma de multitud, como un previo antes de ir a bailar en la discoteca Noa.






Es muy divertido, pero a la vez conmovedor, observar cómo los concursantes se entregan a la emoción y la locura y logran momentos célebres. Con sus vestuarios extravagantes y juveniles (un matemático emulo de Daddy Yankee, un historiador camuflado en la apariencia de Sean Paul, una venerable tutora ataviada como la Tongolele), con sus piruetas imperfectas o con sus cambios apurados de faldas y blusillas, la camaradería se completa con el gozo de los padres de familia y los alumnos restantes.

Durante un trimestre, el coreógrafo Walter Aquituari, veterano veinteañero del rubro, ha manejado una tropa entusiasta pero inexperta de escolares y docentes que cuando llegaron no sabían, incluso, ni hilar dos pasos con éxito, y ahora son la envidia de su familia y amigos. Lo más vanguardista y revolucionario que ha resultado de este proyecto es la creación del Ballet Sanmartiniano, conformado por veintidós jóvenes de cuarto y quinto de secundaria (y la presencia especial de una extraordinaria bailarinita de diez años llamada Marcia Tafur), quienes, a la par de competir por el triunfo, se han engranado en torno a complejas coreografías de inicio y cierre del evento, que duran 18 minutos (incluyendo pistas de reggaetón, cumbia, disco, etc.) y ponen realmente a gozar a los espectadores.





Debo admitir mi sorpresa al ver bailar a estos adolescentes, quienes han logrado conformar una tropa carismática, que te contagia con sus movimientos y te encandila con su gracia y precisión. Es quizás exagerado decirlo, pero, dada las circunstancias, de modo natural (o quizás no tanto), estos chicos han formado la compañía de baile más interesante que he tenido ocasión de ver en mucho tiempo en Iquitos, una suerte de antecedente moral de todos los grandes grupos que han destacado en esta destreza. Con errores y limitaciones propias del entorno o del bolsillo, pero con enorme pasión, euforia y gracia, logran meterse en la piel del ganador. Dan espectáculo y son el espectáculo. Para quienes creemos que la música y la danza son talentos que solo los tocados por la gracia divina dominan a plenitud, resulta extraordinario constatar que son los jóvenes de todas las condiciones – en especial aquellos que en apariencia tienen menos oportunidades – quienes los manejan con soltura y talento.

El Ballet Sanmartiniano, creado con plazo fijo de caducidad, ahora se intenta convertir en una compañía permanente e itinerante. El ejemplo del colegio Generalísimo San Martín ya ha prendido lo suficiente como para que esas muchachas y muchachos piensen en cosas grandes. “Bailando por una sonrisa”, más allá de su noble fin y de su risueña metodología, puede ser el laboratorio de un movimiento juvenil masivo que le devuelva a esta ciudad algo del esplendor perdido en las calles otrora repletas de bailarines buscando su oportunidad para un poquito de goce, de fama y, por qué no, también de gloria. También de eso vive el artista.



Esos números

Por: Lupe Muñoz



Ayer mientras leía un divertido texto donde explicaba, ¿por qué es saludable desprenderse de esos cachivaches y recuerdos de un ex-relación?, me asaltó una de esas dudas existenciales, pues en un extracto decía: "importante también es, eliminar, fotos, email, números telefónicos, etc. etc. Y me preguntaba, ok, tu eliminas su número de teléfono pero al final, siempre lo recuerdas ¿y ahí que se hace?. No se ustedes, pero yo que no tengo tan mala memoria, pues me pasa.

Recuerdo hace ya tiempo atrás, luego que me dejaron con el corazón en cuidados intensivos, y en un arranque de rabia y algo de pena, empecé a eliminar de mi celular, mensajes y llamadas (incluso las perdidas) y todo donde aparecía el nombre del susodicho. Llegando finalmente con: "desea eliminar este contacto?" SI, y amen del dolor, (o aparentemente).

Más triste fue, que al poco tiempo él me volvió a llamar y no tuve que hacer mucho esfuerzo para reconocer que el número que salía en mi pantalla le pertenecía. Y es que, no nos hagamos los tercios, pero puede que ya no aparezca en tu lista de contactos, ahí donde con cariño escribiste su nombre, poniéndole incluso alguna cosilla de adorno para que le haga distinto de los otros nombres, ahí donde incluso le seleccionaste un huachafo timbre medio romanticón (que por cierto te costó más de la cuenta porque se descargó en el segundo intento), todo porque como creías que era "especial", merecía algo especial. Sin embargo, de que sirve eliminarlo de porrazo si en tu cabeza queda grabadísimo cada uno de los dígitos que la empresa de telefonía le asignó. Ese bendito número que te sabes mejor que tu número de DNI (Yo a mis 21 años, a veces tengo mis microsegundos de amnesia cuando en los bancos o ese tipo de entidades me piden repentinamente el número de DNI), en cambio el número de los aminovios de turno, están en mi memoria tan clarísimos como el sol.

Y es que, ¿acaso necesitamos de una embolia o una amnesia parcial para eliminar radicalmente ese número que a la larga (si han terminado mal) no te va hacer nada bien?. Pues siempre tendrás esas ganas de llamarle, y lo que es peor, pecarás con llamarle, teniéndote que tragar tus supuestas palabras de despedidas: ¡Yo ha ti no te quiero oír nunca más! :S.

Algunos claro, menos osados, colocan el "Número Privado", marcan, escuchan un "hola" y cuelgan. Pues aunque el dichoso número ya no es parte de la memoria de tu celular, si sigue siendo de la tuya, y a veces te abordarán las ganas de escuchar su voz, pero como tu orgullo es más fuerte, optarás por la llamada oculta.

Recuerdo que una vez quise hacer eso, pero mi celular era relativamente nuevo y no sabía ponerle en esa función, de tanto intentar, terminé bloqueando a mi pobre celular y el chistecito me costó 15 soles y todo una mañana pérdida en la siempre gentil Telefónica.

En estos casos no se cual es el camino más viable, no se si eliminar ese número de tu celular ayuda, pues repito, queda en tu cabeza. Sin embargo si tú crees que si te va a funcionar, si crees que expectorando ese número que a veces nos resulta más maldito que el 666, es una buena forma de rehabilitación sentimental, pues adelante. Por mi parte, yo ya no lo hago. He caído en cuentas que no me funciona. Pues los he eliminado y los he vuelto a agregar, y ahora los pienso conservar, porque además, tan mal no he terminado con las personas que han sido importantes en mi existencia. Si alguien tiene una buena fórmula, pues compártanla. Uno nunca sabe cuando se quiere deshacer de ciertos números.

27 setiembre 2008

PAUL NEWMAN HA MUERTO


El gran Paul Newman ya no está más con nosotros. Una vez más, el cáncer se ha llevado a uno de los nuestros. La noticia, según Infobae:


El reconocido actor norteamericano murió a los 83 años en su casa de Nueva York, informó el diario italiano Corriere della Sera. Padecía cáncer de pulmón.

El fallecimiento fue anunciado por Vincenzo Manes, presidente de la
fundación Dynamo Camp de Limestre (centro de Italia) que integra la organización internacional de solidaridad fundada por las estrellas de Hollywood.

"Esta mañana a las 7.30 recibí un correo electrónico desde Estados Unidos en el que se me informa que Paul Newman no está más entre nosotros", dijo Manes.

Mi padre me enseñó que había que querer a Paul. Que había que estar orgulloso de que hubiese sido parte fundamental de películas como Ausencia de Malicia, Hud o la demencial Exodo.

Pero ¿por qué no querer también a Newman por La leyenda del indomable, o la alucinante Distrito Apache: El Bronx?

La gran imagen del rudo galán clásico hollywoodense es, sin duda, La gata sobre el tejado. Imagen total, 1957, una joya de la cinematografía, Paul frente a la extraordinariamente bella Liz Taylor, intentando, tanteando, sufriendo pero al final entregándose genuinamente al deseo y a los sentidos.



La primera película real que recuerdo de él, es El color del dinero, donde Paul se enfunda en su papel de hombre desesperanzado envuelto en su look mayamino, pletórico en alcohol y alquitrán, relajado y a la vez cunda, mientras le da a una bola de billar con la mayor de las destrezas, en tanto Tom Cruise sabe que no podrá hacer mucho para evitarlo.

La última, una irregular Camino a la Perdición (dirigida por el también irregular Sam Mendes), en la que, en todo caso, una de los mejores momentos son la presencia sombría y gélida del personaje encarnado por Newman.

Ahora, Newman simplemente agranda su mito y engrosa su leyenda, bien ganada, por cierto.

Lo vamos a extrañar.

26 setiembre 2008

¿Por qué no he "adoptado" un congresista?

Lean a Carlos Meléndez en el Jorobado de Notre Dame y se darán cuenta algunas de las razones por las cuales no he seguido la campaña que ha tenido a gran parte de la blogósfera ocupada. Para muestra un botón:

Finalmente –ahora me pongo en plan de analista de “estudios culturales”—no me digan que no hay un halo “paternalista” en el nombre de esta campaña de “adopción”. Fungiendo de analista de discurso, creo que la palabra “adopción” se usa para referirse al desvalido, a aquél que carece de protección y que por lo tanto está en una situación de desventaja, inferior, del que adopta. Por eso se adopta a niños huérfanos, a perros de la calle, etc. Fíjense la contradicción: el “padre de la patria” resulta “adoptado”. Claro pes, por eso es que abundan expresiones del tipo: “cómo es posible que ésta (sic) pueda ser congresista”, “ni siquiera la he visto en pelea de perros”, “ni siquiera sabe hablar bien el español y ya es congresista”, etc… Hay pues su cuota de “dedo en la nariz” y de “desprecio social” hacia quienes los peruanos hemos elegido como nuestros representantes, queramos o no.
Duro, lo que quieran. Radical, también. Pero no deja de tener razón. Y una forma válida de iluminar una arista no tan clara de la campaña.

25 setiembre 2008

La eterna contaminación

Enésima contaminación de petróleo en el río Itaya, esta vez son tres mil galones. La noticia, esta vez, vía Enlace Nacional:



PD: Hèctor Tintaya escribe hoy en Pro & Contra sobre la poca falta de cobertura de le prensa sobre los la contaminación ambiental.

Link: Hablando de contaminación en Iquitos, miren los posts de Juan Arellano sobre el tema

CORTOS (I)

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)



Full Metal Antonio. Desde niño Antonio se imaginaba matando gente; los ahorcaba, les disparaba, los acuchillaba en sueños. Vivía con su padre y su abuela lejos del caserío más cercano; no había otros niños con quien jugar así que Antonio tenía que inventarse los juegos más curiosos. Se arrastraba por el monte con cuchillo en la boca y el rostro cubierto de barro y saltaba encima de algún ronsoquito que previamente amarraba para que no se escape, lo destripaba y blandía sus órganos en señal de victoria. Otras veces lanzaba monitos pequeños contra los árboles con toda su fuerza y algunas veces lograba destrozarles la cabeza. Así eran los juegos inocentes de Antonio.


El sueño de su vida era ser militar, le gustaba la idea de servir a su patria y mas que todo que le paguen por matar a otra gente. Antonio gozaba con la idea de que le den un fusil y tenga el permiso del mismo presidente de la república para dispararle a la cabeza a quien considere su enemigo. Antonio suspiraba por aquel ansiado día en que un conflicto se desatase y lo mandaran a pelear. Sonreía como tonto solo imaginando ese momento.


Cuando surgió el conflicto del Cenepa, enviaron a Antonio a ese lugar. Era el tipo más feliz del mundo porque al fin tendría la oportunidad de matar gente de verdad, no solo monitos y ronsoquitos. En el frente de batalla esperaba paciente su oportunidad. Le molestaba los zancudos, le picaban una y otra vez pero no perdía la calma. Hasta que por fin divisó una cabeza extraña, estaba listo… pero los zancudos no dejaban de molestarlo y él los aplastaba de uno en uno. Estaba a punto de disparar sintió una gran picazón en la pierna “maldito zancudo” pensó… pero al ver su mano esta estaba cubierta de sangre. Un balazo en la pierna y Antonio sintió que no podía caminar.


Al poco tiempo tuvieron que amputarle la pierna, Antonio perdió la oportunidad de matar a otras personas, pero aun así no perdía las esperanzas, se dio cuenta que precisamente él no era un monito ni ronsoquito, él contaba como ser humano, su sueño aun podía realizarse. Una noche tomo su fusil y se disparó en la cabeza…


Cuando lo encontraron tenía una gran sonrisa en los labios.


Agustín el matemático. Agustín era un chauchero de Belén, no llamaba la atención y hablaba muy poco. Todo el día se la pasaba cargando plátanos, yucas y arroz; esa era su rutina. Pero a Agustín le gustaban mucho las matemáticas, desde muy pequeño le encantaron los números. Cuando aprendió a hablar de inmediato aprendió a sumar, a restar, y a resolver ecuaciones diferenciales. Es que Agustín era un genio.


No había problema matemático que él no pudiera resolver. Le gustaba los libros de matemática que tenia el cura de la parroquia del pueblo donde vivía. Se sentaba y con su lápiz gastado se dejaba llevar por los números que danzaban en su cabeza.


Pero su familia era muy pobre y Agustín se vio obligado a trabajar desde niño. A su padre no le gustaba que perdiera el tiempo con las matemáticas, siempre le reñía cuando lo encontraba bajo el mamey con su cuadernito embelesado en algún teorema. Agustín se vio obligado a esconder las matemáticas y trabajar para ayudar en su casa.


Una tarde llevo desde el puerto hasta la casa de unos extranjeros una gran bolsa muy pesada, le dolía la espalda y estaba todo sudado. Lo único que quería era relajarse unos minutos. Mientras esperaba que le paguen, se dio cuenta que un cuaderno se le había caído a uno de los extranjeros que vivía allí, Agustín levantó el cuaderno dispuesto a devolvérselo pero por casualidad vio escrito en una de sus hojas un problema matemático. Agustín no pudo con su genio, sacó su viejo lápiz casi sin punta y se puso a resolverlo lo más pronto posible. Le tomo menos de cinco minutos y ya lo tenia resuelto. Se sentía satisfecho. Luego se acercó al extranjero y se lo devolvió muy nervioso. Aquella persona le dio un dólar en agradecimiento.


Unos días después ese hombre estaba revisando su cuaderno y se llevo la sorpresa de su vida, el problema matemático que tantas noches de sueño le había quitado, que tantos eruditos no encontraron respuesta durante siglos… estaba resuelto. Ese hombre de inmediato trato de encontrar al responsable de tal hazaña, pero no podía imaginarse quién lo hizo. Trató y trató de encontrarlo; entre sus amigos y nada, entre la posible gente que había tenido contacto con el cuaderno… y nada. Hasta que pensó en Agustín, el chauchero de espalda encorvada y aparentemente inculto... “Imposible” se dijo.


Al poco tiempo aquel extranjero regresó a su país. Era estudiante de la universidad de Oxford en EEUU y presentó el problema matemático resuelto como suyo. De inmediato ganó el reconocimiento y admiración de la comunidad científica. Su nombre fue impreso en los libros de matemáticas posteriores y fue conocido por todo el mundo.


Agustín formó su familia, vivió tranquilo con su esposa y sus dos hijas. Se sentía feliz cuando regresaba a casa y su mujer lo recibía con un beso y sus niñas la abrazaban amorosamente. Aún le gustaba ojear algunos libros de matemática y disfrutar con sus amados números. Un día encontró el problema matemático que vio en el cuaderno del extranjero y como estaba resuelto comentó:


- "Mira cho, ya otro lo resolvió…"

24 setiembre 2008

SE CAYO SPEEDY

Locura total en la internet peruana: se cayó Speedy. El problema es nacional, por lo que se ha llegado a descubrir. En Iquitos, mientras ahorita seguimos con problemas en el servicio (el cual, como ustedes saben, es pésimo en Iquitos, sobre todo el de Terra), estamos a la espera de nuevas noticias.

Con razón nadie anda en el Messenger y el G-Talk (¡en hora punta!)

Link: La noticia, grave para los weberos, primero en
Utero de Marita
Link: Según el vicepresidente de Teléfonica, el problema tiene origen desconocido y también es latinoamericano (????)

23 setiembre 2008

¿EL TREN DE LOS SUEÑOS? UMMMM...


Vía Andina, una enésima ocasión para soñar con la vía terrestre hacia el mar desde IQT:

"El proyecto del tren que unirá las ciudades selváticas de Iquitos y Yurimaguas, y permitirá conectar el departamento de Loreto con la Costa peruana, ya cuenta con código SNIP (Sistema Nacional de Inversión Pública), informó hoy el titular loretano, Yván Vásquez Valera.

Indicó en declaraciones a la agencia Andina que, conseguido este primer objetivo, solamente se aguarda la declaratoria de viabilidad del proyecto por parte del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

Según estimaciones del titular loretano, ésta se conseguiría en un mes como máximo, luego de lo cual se procederá con la licitación de la elaboración del expediente técnico.

Para este proceso se cuenta, hasta el momento, con propuestas de empresarios brasileños y chinos, reveló, tras recordar que el costo total de la obra ascendería a unos 850 millones de dólares.

Una vez finalizado el ferrocarril entre Iquitos y Yurimaguas, la comunicación con el Pacífico podrá materializarse a través de la carretera que conectará esta última localidad con Tarapoto (San Martín) y Paita (Piura), remediando de esta manera el aislamiento en el que se encuentra el oriente peruano.

El ferrocarril no sólo servirá para el transporte del comercio, ya que también se contempla vagones para turistas, pues la ruta bordearía la reserva Pacaya Samiria
."

No es por bajar el entusiasmo del presidente de Loreto, pero eso del código SNIP ha sido una etiqueta que se le ha puesto a tantos proyectos que aún siguen sin ser materializados. Engaña muchachos que a veces se queda dormido para siempre en las gavetas de Economía y Finanzas

En verdad, no hay forma de confirmar su certeza, sobre todo cuando hablamos de procesos que a veces duran una idea y después se pierden en el camino de la politica, la burocracia o el cortoplacismo proverbial de nuestros funcionarios.

Tema vital ¿Quién invertirá los 850 millones de dólares? Podrá Loreto invertir todo el dinero o habrán inversionistas varios como el gobierno o trasnacionales?

Históricamente, el gran tren que nos conecte con la costa ha tenido mil nombres. Ninguno hasta el momento ha tenido realidad y concreción. En tanto, Iquitos sigue siendo un lugar de difícil acceso, donde las compañías aéreas han hecho un feudo monopólica de caprichosas tarifas. Hay días en que un pasaje hacia Lima te puede llegar a costar hasta 275 dólares solo de ida ¿Es eso justo? ¿Es eso racional?

¿El tren de los sueños? Ummm, ver para creer.

22 setiembre 2008

La marca de La Bestia



Muy temprano, me invitan a un programa radial. Hay una pausa comercial. Soñoliento aún, entro a la cabina. Me encuentro con una querida amiga religiosa, a quien no veo hace tiempo. En tanto, la periodista, pequeña y combativa, me sonríe, intercambiamos gestos. Se acaban los comerciales. La febril metodología de la transmisión en vivo, golpea el relajo dentro del set. La periodista, dueña de una voz de acero, se enlaza con un barrio modesto, de los muchos que existen en Iquitos. Hay un dato bomba, que se ha estado regando como reguero de pólvora en toda la ciudad. El reportero la saluda y anuncia la noticia: han capturado a un presunto miembro de la secta diabólica que tatúa con el sello “666” a niños en edad escolar.

Como es evidente, nuestra completa atención se deposita en el transmisor que llega desde la zona de Punchana. Se reporta que el sujeto capturado, un cuarentón sin luces - sin más oficio ni beneficio que el hueveo o los esoterismos chicha - ha propuesto a una espantada madre “comprarle” a su hijo para, según el reportero, “sellarle” la marca diabólica-maldita-innombrable en alguno de sus brazos. Hay gritos, forcejeos, motocarros que pasan y vuelven chirriando. Las declaraciones que se pueden distinguir en medio del bullicio salvaje de la mañana - usualmente no hay actividad que no venga precedida del mismo – reiteran un veredicto indubitable: para la masa, el gentío, la muchedumbre, el bufoncito de ocasión, el mequetrefe de ideas extravagantes y absurdas, es poco menos que la encarnación del Mal, un agente camuflado por Luzbel en este mundo de los vivos para la macabra tarea de coleccionar infantes-ángeles-inocentes, matarlos o ultrajarlos. Mi querida amiga religiosa escucha en silencio, en vilo y abandonada a su propio temor, con las manos inquietas. La periodista inquebrantable, fogosa y decidida, anuncia que la policía ha introducido dentro de un calabozo de la comisaría del sector al discípulo del Maldito Cachudo. Las madres de familia, aterradas y envalentonadas, piden justicia por su propia mano. Hay tensión en el espacio cerrado. Hay un ambiente cargado de sensaciones encontradas. Yo me olvido rápidamente el tema por el que fui invitado a dialogar.

En el camino de retorno, luego de hablar de cosas que ya no recuerdo, corro inmediatamente al primer puesto de periódicos. Devoro, sin cesar, todos los diarios (o los que fungen de tales). Analizo diversas teorías, ángulos, chismorrerías y cacofonías para un mismo tema. Descubro una sincera confesión de un señor que forma parte del rito. En sus ojos descubre uno el virus de la alucinación. Y de la broma pesada disfrazada de fuego perpetuo. Con sensacionalismo, aplicando humor involuntario, demostrando harto desconocimiento, exhibiendo imágenes de seres comunes y corrientes a los que le salen los ojos de sus cuencas y la saliva les empieza a chorrear espontáneamente debajo de la comisura de los labios cuando despotrican de los “marginales”.

Estoy convencido: la histeria colectiva ha vuelto.

- Dicen que cuando nos ponen esos números nos lleva el Demonio al Infierno, ya no podemos volver y nos quemamos con agua caliente – me dice el sobrino de una amiga muy especial, mientras trató inútilmente de jugar con un Gameboy sobre muertos vivientes a los cuales hay que disparar hasta convertirlos en masa viscosa, sanguinolenta e inerte, destreza en la que el infante, obviamente, es un verdadero monstruo.

- Por mi casa hay unos jóvenes satanistas..satánicos…satanices (como pucta se llamen) y dicen que ellos son gente que se agarra a los chibolitos y los sacrifican, para luego dizque ser inmortales, como los murciélagos – me indica un motocarrista sabroso-karibeño-grupocinco-maniático, con sus lentes enormes de soldador, sus guantes de lana y su tatuaje de una cobra erecta en el hombro derecho.

Este fin de semana, las conversaciones sociales han versado con sus bemoles sobre el aspecto de los apóstoles de la crueldad. Medio en broma, medio en serio, la gente comenta sobre sus métodos, sus actividades, su forma de abordar a los jovencitos. Me he enterado que otra vez se ha puesto de moda leer el Libro de las Revelaciones (mejor conocido como Apocalipsis), best seller incluido en La Santa Biblia. En los colegios, se ha redoblado la seguridad (que, en buen cristiano, significa que los vigilantes dejarán de ser menos lerdos de lo que usualmente son, pero igual de ineficientes). Medio en broma, medio en serio, me comentan que los puestos ambulantes de videos piratas han recibido solicitudes urgentes de películas como La Profecía y Estigma.

Las madres de familia, desesperadas, buscan proteger a como dé lugar a sus hijitos, mientras ellos han hecho del asunto vehículo para la diversión y la chacota. En el mercado de Belén ya se venden, clandestinamente, sellos con la imagen 666, como antes se vendían tintas de caritas felices (el inefable Smile) o parches con la lengua de los Rolling Stones. Los escolares palomillas, incluso, se dibujan con lapicero las cifras y jocosamente desafían la nueva creencia (o la misma de siempre, reinventada para la época).

- Es el fin del mundo, hay que estar preparados, la Bestia ha salido a cazar pecadores – me señala una contrita beata, de las que usan faldas hasta los tobillos y tienen el mismo rictus de no haber sido jamás besadas.

Yo me siento en la mecedora de la huerta de mi casa, debajo de viejo árbol de mango en que – decían – su madre, una viejita con ojos rojizos encendidos, orejas puntiagudas y risa sarcástica, nos cuidaba todas las noches de los impuros, los ladrones y los gatos techeros. Termino el guión de una próxima película, mientras pienso que la marca de la bestia y la resurrección de Damián – el niño maldito – hubieran sido materias primas para despertar las pulsaciones básicas del pueblo, de la tropa que está siempre a la caza de mitos, historias, charlatanerías y verdades inventadas en las cuales creer desesperadamente (o concentraciones sobre las cuales descargar todos los miedos y fobias propias de la desopilante humanidad).

¿Más extraña que la ficción? La realidad, sin duda alguna.

Link: Todas las repercusiones del caso de la detención de Carlos Ramírez Zamora (presunto miembro de esta secta entre satánica y humorística, pueden ubicarlos en los reportes de los diarios locales
Pro & Contra y Amazonía, así como una nota del noticiero televisivo limeño
90 segundos (de donde proceden las imágenes de este post y donde se ha colgado un video sobre el tema)

21 setiembre 2008

En búsqueda del sentir verde

Entrevista de David Hidalgo a José María Chema Salcedo, director de la película documental "Amazónico Soy", exito taquillero iquiteño del momento, en la sección Luces de El Comercio del día de hoy.



Algunas respuestas de Chema en la entrevista:

¿La selección de las historias fue suya por completo?
Sí. Todos los años vengo acá, como a otras ciudades, para un especial de RPP que se llama "Nuestra tierra". En enero del año pasado entrevisté a Luis González Polar, conocido como 'Puchín'. Este señor dirige La Restinga, una asociación civil que trabaja con niños en situación de riesgo. Me pareció fascinante lo que me contaba y dije: "Esto es un peliculón". En enero regresé por acá y Jaime Vásquez, el productor, me dijo: "Lo hacemos". Comenzamos a filmar en marzo. En la historia algunos chicos de La Restinga se reparten los personajes: uno se encarga de entrevistar a Huerequeque, otro a Nico, un minusválido que se gana la vida bailando. Otro de los chicos, que es pintor, entrevista a varios artistas, como Christian Bendayán.

¿Cómo le dio sentido a todo?
Esta historia me permitió hacerme preguntas: ¿Qué hace que un sujeto que no tiene brazos ni piernas se gane la vida bailando? ¿Qué motiva a la gente a actuar de determinada forma? Quizás la lucha contra la adversidad es una clave para entender el ser amazónico. En el fondo, sigo siendo un reportero. Quizás lo que me interesa es sorprender al espectador, sobre todo a la gente que tiene una caricatura de la Amazonía peruana. Un detalle fue mostrar que estos chicos tienen elocuencia muy particular. Es una especie de barroco, muy humorístico y oral. ¿De dónde nace ese repentismo?

Link: Hablando de Amazónico Soy, José Gabriel Chueca publica ayer en Perú 21 una muy amena y divertida entrevista con Enrique Bohorquez "Huerequeque", uno de los protagonistas del documental.

AMORES DE ESTUDIANTE

Por: Germán Lequerica Perea (1932 – 2002) (*)



Rodrigo decía a veces que Andrés era un distraído del carajo porque dejaba las cosas olvidadas en cualquier lugar y luego no sabía qué hacer buscándolas por rincones imposibles. Levantaba libros, hurgaba en los cajones donde todo lo tenía revuelto, y al final no las encontraba. Según Rodrigo, hacía esto para comentar después que la gente le visitaba sólo para robarle. Así había ocurrido con el cuchillo de monte, ese nuevito sin afilar con vaina de suela, que había comprado la vez que dos mercachifles costeños alborotaron el mercado con sus pregones alimeñados, mientras vendía lamparines pintados de azul, verde o amarillo que él mismo confeccionaba de latas de leche vacías. Ese mediodía llegó apresurado al hotel donde se hospedaba, metió la caja de lamparines debajo de la cama y volvió a salir casi corriendo para reunirse con los trabajadores que junto con él habían sido despedidos de la SAKRY, la empresa norteamericana que construía el tramo a San Alejandro, pues era el secretario de defensa del sindicato. Cuando regresó por la noche echó de menos el cuchillo y por más que lo buscó por todos lados no lo encontró. En la primera ocasión le dijo qué suerte Rodrigo, si ese cuchillo no desaparece no vuelvo a encontrarme con Rosario. Se acostó con la idea del cuchillo en la cabeza. Pero cerró los ojos y le cruzó por la mente la figura garbosa de María haciendo el mercado. ¿Qué tal si la invitaba a irse de paseo el domingo a Yarinacocha? Llevaría su trusa para bañarse en el lago y si tenía suerte hasta podría encontrar perlitas en las ostras que de ahí se sacaban, porque los gringos lingüistas del Instituto de Verano las recolectaban usando una escafandra. Se sumergían hasta el fondo iluminándose con linternas especiales y asustaban a los ingenuos pescadores que creían ver deslizarse en las profundidades a un ser fantasmal, madre del lago, en las noches oscuras. En una de esas tuvieron que cortar la manga de jebe que se les había atascado en la red y el pobre buzo se ahogó sin pensar. Al tercer día encontraron su cadáver hinchado en un gramalotal de la orilla y sin decir nada a nadie los gringos se lo llevaron a su tierra en una avioneta. Cuando a la mañana siguiente le contó al vigilante diurno del hotel lo de la pérdida de su cuchillo, éste le aseguró que si dejaba abierta la ventana de su cuarto que daba a la huerta del vecino, él no era responsable de nada. Por ahí se meten los ladrones, le dijo. Entonces Andrés le prometió que atraparía al ladrón. Se levantaba temprano, metía bulla en su cuarto para que se enterasen que ya estaba despierto y salía dando un portazo. Pero no salía. Cerraba la puerta desde dentro y se paraba detrás de la ventana abierta para espiar por la rendija a ver si alguien osaba subir hasta su cuarto a robarle. Un día mientras esperaba al ladrón vio a una chica guapísima salir de una de las casas vecinas con una batea de ropa recién lavada para tenderla al sol. Era ella, Rodrigo, Rosario. ¿Te conté lo de Rosario? Claro que no te lo conté, porque un hombre no cuenta las cosas que le suceden con las mujeres. Era la chica de Contamana a quien no veía hacía meses. Cuando ella miró hacia la ventana abanicándose los hombros con los cabellos y lo reconoció, Andrés le hizo señas para verse más tarde en la calle y ella le contestó con un gesto que estaba bien, sorprendida de un encuentro así después de casi un año. ¿Cuándo llegaste? Ayer. ¿Vamos a Yarinacocha mañana? Bueno, pero ¿y si llueve? Nos vamos con lluvia y todo. Así que fueron de paseo al lago en medio de un fuerte aguacero. El autobús avanzaba despacio, patinando en el fango de la ondulada carretera, a la vez que repartía nalgadas al caer en los baches mientras la lluvia que se filtraba por las cansadas junturas del techo mojaba a los pobres pasajeros como si estuviesen viajando en la intemperie. Además, el viento que golpeaba las rotas cenefas de las ventanas hacía entrar la lluvia en repetidas ráfagas, empapando aún más a la gente que se reía de los otros con la misma resignación con que festejaba su propio infortunio en aceptación casi ritual de que así era pues viajar con aguacero y todo. Uno que otro adusto pasajero imprecaba la situación, culpando al dueño del desvencijado vehículo porque sólo le interesaba ganar dinero y no se preocupaba por el buen servicio. Rosario y Andrés iban de pie regocijados de estar juntos otra vez después de tantos años, pensando en las sorpresas que les depararía ese domingo luego de la última vez que se habían encontrado en La Hoyada, cuando él fue a despedir a un amigo que viajaba a Iquitos en “La Libertad” y resulta que ahí estaba ella a bordo con su maletín. Qué gusto Andrés, mira pues a la hora que te veo, me voy a Contamana. El le pidió su dirección, para escribirte, le dijo. Mejor dame la tuya, yo te escribo primero, replicó ella. Pero nunca escribió y Andrés pensó que no debía reclamarle por eso, pues aunque había sido su primer amor ahora sólo era una amiga de la infancia a quien seguía amando de un modo diferente, tal vez por la nostalgia de cómo empezó a quererla cuando le contó la vez que su padre la llevó a conocer Lima. ¡Quiero conocer Lima, cuándo me vas a llevar!, le pedía con un ruego que más parecía una exigencia. Hasta que un domingo de esos su padre le dijo bueno, vístete, te voy a llevar a Lima. Y Rosarito, de siete años, se vistió apresurada con la cómplice solicitud de su madre que le puso fustán con blondas, traje de organdí de mangas buchonas y escote alto, que te queda muy bien, le dijo. La acicaló con sus mejores prendas, le igualó el cerquillo, le amarró una vincha rosada con un lazo grande para que se le notara y finalmente le colgó del brazo una carterita blanca para que hiciera juego con sus zapatos y medias del mismo color. ¿Lista? Vámonos ya, le dijo sonriente su padre, y salieron a caminar por calles y calles. Qué lejos queda Lima, pensaba Rosario, ¿falta mucho papá? Esta ya cerca, hijita. Y de veras estaban casi llegando. A la vuelta de la esquina apareció ante sus asombrados ojos un largo cerco de zinc con enredaderas, aromados floripondios y una ancha puerta en el centro. Ahí está, le dijo su padre, y entraron en la espaciosa huerta donde doña Micaela cuidaba con armoniosa dedicación una gran variedad de flores en surcos muy bien ordenados y con espacios limpios entre ellos, que a Rosario le parecieron los jirones de la ciudad. De ese solicitado jardín salían a diario hermosos ramos de jazmín del cabo, nardos para los matrimonios de fin de semana, claveles rojos de ilusión, y también tercas y ancianas siemprevivas. Recorrieron el lugar admirando las impecables matas de narcisos, begonias, jacintos, dalias y gladiolos. Esta es la ciudad jardín, le dijo su padre, así le llaman a Lima los descendientes de los virreyes. Así que ya tienes qué contar. Y luego de una breve conversación con la dueña retornaron a casa. Después ella contestaba las preguntas de sus amiguitas recordando lo que su padre le había contado que vio en Lima y a veces inventando sus primeras mentiras: que en un parque de Barranco vivía un pobre y viejo elefante de mirada tristísima que parecía que iba a llorar porque le tenían encadenado, que allí también había un estanque con ballenas azules y grandes barcos de papel, que se había ido a una playa donde el mar tenía agua dulce. Yo he bebido esa agua afirmaba cuando le advertían que el mar era salado. Hasta que un día una de sus amiguitas le preguntó en qué había viajado y ella le contestó que se había ido a pie nomás. Entonces no conoces Lima porque allá se va en avión, le dijo, y como ella no supo qué replicarle llegó a su casa llorando. Me has engañado, no me has llevado a Lima, le reclamó a su padre. ¿En qué piensas?, le interrumpió Rosario cuando el autobús llegaba ya al último paradero y la lluvia seguía arreciando con la entusiasta idea de estar iniciando el aguacero del siglo. Bajaron corriendo y fueron a desayunar en el mercadillo que quedaba a unos pasos del lago. Pidieron cecina y plátanos asados, café caliente. Se sentaron cerca a la cocina de carbón cuyas brasas desprendían un calor que les tocaba los brazos y la cara, pero él tenía los pies fríos y yo también, afirmó ella. Después, como no escampaba, Andrés alquiló una canoa para irnos allá, le dijo, a ese tambito que se veía a lo lejos donde los pescadores remendaban sus redes y semejaba una garza ceniza con sus patitas en el agua. Ahora que ya no estaba nadie allí podían pasar el día solos, llevar juanes de yuca para el almuerzo y frutas. Así que abordaron la pequeña canoa, que Andrés empujó con el pie para darle el impulso de arranque, mientras Rosario se instalaba en el asiento de popa acomodando detrás suyo el fiambre, y cuando navegaban ya empezó a desaguar la embarcación con un pate. La lluvia reventaba globitos al tocar las aguas del lago que pese al rápido viento no había perdido del todo la serenidad y sólo mostraba aisladas parcelas de nerviosas olitas en tanto los pescaditos que habían ido a jugar cerca de la superficie saltaban asustados a cada golpe del remo que Andrés manejaba diestro, combinando uno a la izquierda y otro a la derecha, hasta que arribaron al solitario tambo donde además de un espacio al aire libre había un cuartito con una red vieja extendida en el piso como colchón para la siesta. Nos quitamos la ropa, la tendemos en este cordel para que la seque el viento, propuso Andrés, y entre tanto podían refugiarse ahí a charlar. ¿Cómo te va, sigues en el mismo trabajo? Si, pero lo voy a dejar. Quiero quedarme en Pucallpa. ¿Por qué? Ya no puedo seguir en Contamana, tengo que salir de ahí. Andrés notó cierto descontento en las palabras de Rosario. Qué tendrá en la cabeza esta chica, venirse a Pucallpa, ¿a qué?, pensó y enseguida recordó los viejos tiempos de Iquitos, cuando eran muchachos y estudiaban primaria, ella en la Batería y él en el Centro Escolar. Vivían por Versalles y como todos los escueleros de la época solían irse de vaca entre varios a bañarse en la quebrada de Paíno. Primero correteaban por el paso persiguiéndose unos a otros y molestando al ganado que rumiaba mansamente mientras era desgarrapatado por negros y asustadizos vacamuchachos, comían nísperos, granadillas, y hasta esa mullaca de la víbora que les dejaba la lengua morada. Luego las chicas sudorosas y cansadas se desnudaban, y ellos también, todos calatos, y se metían a la quebrada de aguas frescas para nadar sin mojarse el cabello hasta que el sol se escondía entre los árboles. Cierta tarde Andrés le preguntó a Rosario si quería ser su chica. ¿Para qué? Para nada, sólo quiero que seas mi chica, le dijo, y ella le contestó que no sé porque aún no tenía edad para tener hijos. Se sintió mal y por más que trató de sustituirla por otra de las chicas que conocía, al final sólo le gustaba ella, sus ojos negros que a veces le miraban entre seductora y celosa y esos hoyuelos junto a su boca cuando se reía de los chistes que le contaba. A la semana más o menos le dijo ya pues, pero me ayudas a estudiar aritmética. Así llegó a ser mi chica, Rodrigo, ¿te imaginas? Después, como ella era su vecina, entraba y salía de su casa a cualquier hora, resolvían problemas juntos. Y cuando ella viajó a Contamana con sus padres para establecerse allá Andrés no supo qué hacer, la extrañaba a cada instante, la veía con los ojos abiertos. No sé qué le pasa a este muchacho que no duerme, se amanece leyendo no sé qué libros, decía su madre. Ese fin de mes su padre le compró zapatos de fútbol y le dijo a ver si llegas a jugar por el Chacarita, pero nunca le aceptaron ni de suplente en el equipo. La única carta que le escribió Rosario llegó seis meses después cuando Andrés ya estaba metido hasta los botines en su repentina afición por la pelota con la novedad perturbadora de que ella soñaba tener cuando fuera grande un hijo igualito que tú, por que te quiero y no te olvidaré Andrés, por diosito que no te olvidaré, le decía. El guardó esa carta por años para leerla cada vez que se le iba de las manos la esperanza, hasta que un día se le olvidó en el bolsillo y terminó ahogada junto con otros papeles en la batea de ropa sucia. Así desapareció el único testimonio de que alguien en algún lugar de la tierra deseaba tener un hijo suyo. Esa inesperada promesa le había ayudado a vivir en la era de sus fracasados enamoramientos de colegial, aunque con el remordimiento de no haber contestado la carta para decirle que también él soñaba con ese hijo que les uniría para siempre, ¿ves Rodrigo? Esa mañana en Yarinacocha al comienzo no comprendió por qué ella le había hecho recordar todo eso. Me hiciste sufrir mucho, le dijo. Yo también sufrí, le contestó Andrés. Estaban recostados en la red. Ella había puesto a secar también su monillo y sus pechos tibios rozaban con inocente descuido el brazo de Andrés que cerró fuertemente los ojos para resistir mejor la agresiva proximidad de Rosario y vio por primera vez a María con una canasta vacía colgándole del brazo, la falda breve y ceñida. La calcomanía de su blusa que decía “Haz el amor/no la guerra” le hizo pensar tantas cosas, pero cuando se acercó para comprarle unos aretitos, seria, muy señorita, él sólo se fijó en el lunarcito rojo de su cuello, en sus mejillas pecosas. De pronto la reconoció como la chica que vendía frutas en una mesita frente al colegio de mujeres. A partir de entonces se convirtió en sus asiduo cliente. Cuantas veces pasaba por su venta le compraba cualquier cosa. Y así se hicieron amigos. Pero, aunque conversaban de todo, cuando Andrés le salpicaba una de esas palabritas que los enamorados suelen exhalar como suspiros ella se quedaba callada. ¿Por qué, Rodrigo? Bueno, ahí es cosa seria, no es una chica para pasar el tiempo. Ella nunca le había aceptado ser más que amigos hasta aquella inesperada tarde en que la encontró camino de Yarinacocha, cuando el autobús en que viajaba se plantó frente a la gran lupuna y ella se bajó del vehículo junto con la demás gente para continuar a pie en el instante en que pasaba un jeep a toda velocidad levantando una nube de tierra que ensució a todo el mundo. María aceptó el pañuelo que le ofreció Andrés para limpiarse el rostro sudoroso y les dijo a sus hermanos que fueran adelante, que les esperaran en el puerto. Esa fue mi tarde de suerte, Rodrigo. Porque en la carretera, al doblar la curva desde donde se pueden ver ya las tranquilas aguas del lago, las canoas pintadas de colores alegres con sus techitos de palma y la balsa que hacía de atracadero flotando sobre el reflejo de las nubes, en ese sitio exacto le dijo que sí. Qué sorpresa, Rodrigo. Se sintió confundido, tropezó, rieron. Entonces, como en una alucinación, él vio que los pomelos de grandes frutos amarillos que vivían detrás de una alambrada lo miraban incrédulos, se reían de él agitando sus ramas y con sus hojas, que hacía hablar el viento, le decían burlándose: ¡No puede ser! Bueno, eso me pareció oír, Rodrigo. Estaba contento. Aprovecharon la mañana para ir de un lado a otro comprando frutas para la venta de María. Llenaron dos canastas y dos talegas. Después, mientras los hermanos de María se bañaban junto con los otros niños subiéndose a los árboles de la orilla para saltar al agua desde las ramas, ellos hablaron francamente de su nuevo amor sentados sobre la hierba. Ahorras dinero y te vas a verme todas las noches, nada de tus amigos, le dijo, pero él le contestó que tenía un cargo importante en el sindicato donde había mucho trabajo por las noches, así que espero que comprendas. A ella no le agradó mucho escuchar esta respuesta. Andrés miró hacia lo alto para ver cómo el sol, luego de abrirse paso entre las hojas, reptaba por las ramas y los tallos y manchaba de luces el cuerpo de la tímida sombra que había ido a refugiarse debajo de los guabos, y sin proponérselo dejó caer entre ambos un silencio pequeñito que ella aprovechó para mostrar a la tarde su primera seriedad, y al tiempo que enlazaba las manos juntando las rodillas, el rostro se le fue apagando en una lenta caída mientras sus ojos fijos miraban crecer la hierba. ¿No te decía?, está pensando en matrimonio, dijo Rodrigo. Los muchachos se habían cansado de nadar y apuraron a María para irse ya a la casa, que ya era tarde. Entonces volvió la bulliciosa palabra y todos se alegraron otra vez camino del paradero donde el chofer del autobús trataba de desembarcar a un achispado pasajero que hablaba lisuras delante de algunas inesperadas pasajeras que comentaban ofendidas, ay Jesús esa bocaza. Cuando el borrachito al fin aceptó bajarse del vehículo le dijo al chofer, usted eres un abusivo, qué vale tu carro viejo, ya no sopla. ¡Cállate muerto de hambre! ¿Muerto de hambre? De eso vives usted, de eso sabes vivir. Y ahora que nuevamente abrió los ojos Andrés miró el techo cenizo del tambo y vio una retorcida, larga y seca cáscara de naranja colgada de la viga como si fuera una serpiente a punto de caer sobre ellos. Sintió los pechos de Rosario en su brazo, la proximidad de sus cabellos revueltos, su aliento de caramelo. Y cuando la acariciaba ya suavemente el rostro entonces ella le dijo ¿sabes?, quiero pedirte que me ayudes. Y le contó la historia de su desesperada aflicción porque iba a tener un hijo y no sabía qué hacer pues el presunto padre la había abandonado sin haberse enterado de nada. ¿Quieres ser el padre de mi hijo?, le preguntó. Andrés no supo que contestar repentinamente turbado, perplejo. Con los ojos abiertos vio a su padre cuando la llevó a conocer Lima, desnuda en la quebrada de Paíno. Vio su única carta de amor con la promesa de darle alguna vez un hijo, y también a María reprochándole su traición y decirle que no quería saber más de él para siempre. Tenía la mente en blanco, la sensación de estar flotando en el vacío, cayéndose a un abismo. Casi automáticamente, sin pensarlo, le dijo esta bien, seré el padre de tu hijo. Entonces ella se levantó y caminó a contraluz fuera del cuarto proyectando su figura semidesnuda y difusa contra los ojos de Andrés que vio cómo se quitaba lentamente el calzón y lo tendía en el cordel, se volvía hacia él arreglándose los cabellos con ambas manos mientras los pechos se le resbalaban como caimitos maduros. Y acercándose graciosamente de puntillas hasta acuclillarse a su lado le murmuró al oído, ¿no me vas a tirar? Aquí Andrés perdió definitivamente el control. Por un instante en una acelerada sucesión de imágenes, vio la impaciente curiosidad de Rodrigo instándolo para que le revelara el final de lo ocurrido, innumerables manos aplaudiéndole desde todos los flancos, pomelos amarillos llorando a carcajadas, la lluvia espesa amontonada en la copa de los árboles, en tanto el sol pugnaba por incendiar el inobjetable cuerpo desnudo de Rosario. Luego retornó a sus ojos la oportuna y desconcertada realidad, y con ella, la indudable certeza de que ese hijo por venir iba a ser el fruto soñado de sus amores de estudiante.



(*) Extractos del libro realizado por el escritor loretano Germán Lequerica, que fueron publicados en 1986 y 1997, por Ediciones Crisálida, y recuperados ahora por Lando. La carátula de esta imagen tiene las ilustraciones del artista Zoltán Keseru.

19 setiembre 2008

FUGUET Y EL NUEVO CINE CHARAPA


La revista Caretas publica en exclusiva una entrevista de Maribel de Paz con el escritor y realizador chileno Alberto Fuguet, a raíz del próximo proyecto cinematográfico Sudor, a ser rodado en Iquitos a partir de finales del año 2009. El proyecto se une a la película documental Amazónico Soy (dirigida por "Chema" Salcedo y producida por Jaime Vásquez) y el largometraje Zonazero, que será dirigido por Dorian Fernández (el cual ya ha empezado a pre-producirse en nuestra ciudad), como parte de una movida que pretende tener a IQT como foco cinematográfico y audiovisual.

He aquí la entrevista completa a Fuguet en Caretas
:


Observar. Darse permiso. Conectar. Mandamientos que el chileno Alberto Fuguet lleva a la cancha en cada proyecto. Escritor, periodista y desde hace tres años director de cine con el film Se Arrienda, Fuguet se encuentra ahora “concentrado” cual futbolista dócil en una casa de campo en un pueblito de Valparaíso. Allí, da los toques finales para un libro de no ficción que gira en torno a la historia de un pariente perdido. Perdido, también, es el título de la que debía ser su segunda película y que ahora ha quedado en stand by por falta de presupuesto. Mientras tanto, enchufado a su ipod y rodeado de pasto, árboles y la nada, empieza a darle forma a otro proyecto que se muestra más cercano, Sudor: una historia ambientada en Iquitos que planea filmar para el 2009 y para la que ya sueña con Vanessa Saba. Sudando, claro. Aquí, entre el correo y el chat, adelanta detalles en exclusiva para CARETAS.

- ¿Por qué embarcarte en otro largometraje cuando aún no concretas Perdido?
¿Por qué no? Ya me embarqué en un corto, 2 horas, de 25 minutos, que casi está listo. Y ando en otro. Un escritor siempre está escribiendo. A veces uno se mete en un cuento mientras está en otro proyecto. Además, depende de muchos factores externos. Desde estar de moda y ser “el chico de Rotterdam” a que tu productor quiebre. Perdido partió como una cinta “tradicional”, con ideas tan atroces (no mías) como co-producciones con España. Todo se vino abajo a meses de rodar. Igual creo que Perdido se puede hacer en la moral DIY (Do It Yourself), es decir, muy a la barata, al Nuevo Canon, con cero juguetes de los cuales ha abusado el cine latinoamericano, que debería ser mucho más tipo los hermanos Dardenne, mucho menos elaborado. Pero para responderte: por querer filmar. Una cosa no anula la otra. Quizás Perdido sea mi cuarta película. Quizás nunca se filme. La vida de los directores está llena de historias así.


–¿Cómo surgió Sudor, esa promesa de visitar Iquitos “pero con cámara”?
Surgió como broma. Paco Bardales, el productor y uno de los motores de la movida cultural de Iquitos, me sugirió que, post Feria del Libro de Lima, aprovechara y me fuera para allá. Entonces, un poco como de buenas maneras, le dije: “me gustaría ir no al pasar, sino con una cámara”. Pero nunca pensé en rodar. Es que ahora siempre ando con una cámara pequeña. Es como un moleskine digital. Si lo estamos haciendo público es porque, por no ser una cinta comercial, es bueno que se sepa. Iré a comienzos del 2009 a filmar imágenes. Muchas veces las mejores obras parten por casualidad. Ojalá este sea el caso.

–¿Qué puedes adelantar sobre la trama? ¿Tienes ya algunos actores en mente?
Está centrada en torno a Alejo, un chileno que está huyendo y termina en Iquitos. No quiero contar más, pero no es histórica o de género. Es una suerte de documental de un tipo atrapado en un mundo que no es el suyo. Quiero que (el chileno) Pablo Cerda sea el que sude. Y el resto que sean actores peruanos. Estoy un poco obsesionado con Vanessa Saba. La vi en la obra de Vargas Llosa en Santiago y estoy escribiendo pensando en ella. Capaz ni quiera, pero siempre sirve escribir con una cara en la mente. El guión lo estoy haciendo con un peruano, Diego Salazar, que vive en Madrid y es amigo mío.

–¿Con qué referentes sobre Iquitos te acercas a este proyecto, más allá de Pantaleón y las Visitadoras?
Bueno, IQT de Bardales, Fitzcarraldo, la obra pictórica de Bendayán, la novela El Lugar Donde Estuvo el Paraíso de Carlos Franz y la versión fílmica. Un amigo me dijo que era el Bangkok de la selva. Y mirando por internet eso fue lo que me interesó: tiene algo de Indochina. El desafío es no ser turístico y, dos, no filmar lo que todos esperan. El mundo de las discos o la extrema pobreza no es lo que me atrae. Me atrae la idea de una ciudad-isla, a la que es difícil llegar y más difícil escapar.

–¿Cómo te imaginas la banda sonora perfecta para Iquitos?
Cero música, quizás. El ruido de la noche, los bichos; el ruido del río; el tráfico y el comercio. Nada de sinfonías ni chicha o cumbia. Silencios, transpiración, observación. Ya se ha hablado mucho. Es complicado escribir sin palabras, pero el cine puede darse ese lujo.

-
Se habla del Tequila Gang, Del Toro, Cuarón, González Iñárritu. ¿Si se tuviera que hablar de un Pisco Gang, quiénes lo integrarían?
Gang viene de gangster. Creo. Creo que hay gente que tiene sensibilidades parecidas en todas partes. Y creo que hay muchos lazos entre Perú y Chile. Supongo que el Pisco Gang son los de
Cinencuentro. El cine ahora está en la red. Dicho eso, mi idea es irme con tres o cuatro personas a Iquitos y tener un equipo chiquísimo allá de talento peruano. La idea de hacer una invasión ya pasó. No hay dinero ni ganas ni energía.

En Apuntes Autistas dices que uno subraya libros “desde su propia herida, desde el lugar donde, en ese momento, está parado”. Lo mismo se podría decir de filmar. ¿Cuál es ese lugar en el que ahora estás parado?
Estoy muy, muy cinéfilo, embobado con la nueva tecnología y, no sé, sin ansiedad. No sé dónde estoy parado, pero al menos sé que no estoy ni caído ni tan perdido tampoco. (Maribel de Paz)




Links:
La República y Correo rebotan hoy apasionadamente la noticia, específicamente la ilusión de Vanessa Saba por trabajar con Fuguet.
LinK: Cinencuentro ha publicado una nota sobre el tema, y anteriormente entrevistas con Fuguet, tanto sobre su obra cinematográfica y sobre el intento de filmar en Iquitos

18 setiembre 2008

"LA AMENAZA VERDE" DE MIGUEL SAAVEDRA


Teniendo como escenario la galería del Banco Continental, el pintor loretano Miguel Saavedra presentó su más reciente exposición individual “La Amenaza Verde”, auspiciada por el diario Pro & Contra, ante un numeroso público que se dio cita a este evento.

Por su parte, Saavedra, hizo un balance de su trabajo, el cual trata de rescatar estampas de la calle, de la urbe, y personajes importantes, como Nico, o los artistas populares o los representantes de la nueva movida cultural.

Finalmente, el Grupo Verde, un trío de niños que se dedican a hacer presentaciones musicales con instrumentos hechos a mano, se encargó de llevar a cabo un número musical que fue muy aplaudido por todos los asistentes.



“La Amenaza Verde”, en palabras del artista plástico Christian Bendayán, busca sumergirse “en la realidad urbana que tiene mucho que enseñar al mundo. En sus pinturas (Saavedra) nos presenta a personajes que viven orgullosos de su identidad, tan diferentes a todos, y a la vez tan parecidos a nosotros mismos”.

La exposición, que además fue apoyada por el Gobierno Regional de Loreto, permanecerá en la galería del Banco Continental (Sargento Lores 171) hasta este 27 de setiembre en horarios de 9 de la mañana a 6.30 de la tarde.

17 setiembre 2008

"Chema" Salcedo en Perú 21

Ayer, en Perú 21, José Gabriel Chueca publica una entrevista con José María "Chema" Salcedo, a propósito de "Amazónico Soy", la película documental que ha estado rompiendo en taquilla en Iquitos (más de cinco mil personas han ido a verla en menos de una semana, lo cual configura un éxito comercial en esta ciudad).

Chueca, además, habla con Salcedo, sobre política, cine, el imaginario de las mujeres "ardientes" y otros temas más, teniendo como telón de fondo la espectacular imagen de la iglesia catedral de IQT.



Pd: Pedro Salinas ha publicado en el diario Correo un artículo muy generoso con la movida cultural de difusión amazónica, parafraseando a la película de "Chema": Amazónico Soy.
Link: Giancarlo Stagnaro escribe el lunes 22 en el suplemento Variedades del diario El Peruano sobre la Semana del Libro de Iquitos.

SUDOR--Los caminos que llevan a Iquitos

Por: Alberto Fuguet



PD: El gran escritor/realizador chileno Alberto Fuguet escribe sobre proyecto cinematográfico "Sudor", el cual, si todo va bien, sería filmado a finales del 2009 en Iquitos, y en la cual, aparentemente, estarán como un puntal las productoras locales Tierra Nueva y Audiovisual Films.

*****

sudor...
sudar, transpirar...
secretar...
estar mojado, empampado, abochornado...
no poder dormir de noche...
no poder caminar de día por lo espeso del aire


Nunca he ido a Iquitos pero ya ha ingresado a mi imaginario por, supongo, Pantaleón y las visitadoras. Luego, con el tiempo, me enteré de algunas cosas: que era una suerte de ciudad fronteriza y mitad McOndo en medio de la selva, donde todo es tan espeso e inabarcable que las fronteras reales se disipan porque no son los guardias o las rejas los que te separan
sino la naturaleza.

Por lo que sé, a Iquitos se llega en avión o por barco. Por tierra es prácticamente imposible. No es fácil llegar ni tampoco, deduzco, escapar.

No soy de la idea de anunciar proyectos que están en pañales. Trato de no hacerlo, espero hasta el último momento o cuando tengo cierta certeza. Seguro que lo he hecho pero no tanto. Evito el síndrome "inventar algo para la prensa" y menos anunciar que ya "tengo a Antonio Banderas y Leonor Varela interesados". Pero bueno... a veces, sobre todo en cine, hay que hacer el proyecto
público para que el proyecto sea más que sólo eso: un proyecto.


Ultimamente estoy interesado en filmar sin anunciar (hasta en filmar sin estrenar...)
y en filmar sin dinero y sólo con el apoyo y la energía de los amigos, pero estamos en un mundo real y por cerca que cierto cine puede estar a la literatura, hay ciertas películas que necesitan algo de dinero.

Estuve 2 o más años involucrado en un proyecto muy querido y cercano llamado PERDIDO que, por ahora, se perdió o está en puntos suspensivos. A veces no puedo ni hablar de él sin sentirme afectado y mal... pero nada: ahora viene otro proyecto que, tal como PERDIDO, ocurre lejos (lejos de Santiago) y que, por eso mismo, necesita más que energía y una cámara de fotos....

Paco Bardales, un aliado nuevo peruano, suerte de promotor incansable de Iquitos, escritor y periodista, gestor cultural, guionista, bloger en serie y colaborador esencial de Cinencuentro, es además de todo esto, cinéfilo y nos gustan las misma películas.

Este post lo escribo porque Paco me lo sugirió y lo hago feliz. Además, hoy -creo- sale una entrevista que le di a CARETAS de Lima hablando de Sudor. ¿Un poquito mucho? quizás... La razón: a lo mejor estas líneas o esa entrevista y unas más nos puedan a ayudar a filmar de aqui a un año, o menos, SUDOR, una cinta íntima, pequeña, barata, sobre un extranjero que se encuentra perdido en un sitio ajeno.

La película no desea hollywoodense ni usar miles de gruas ni pedirles a los bomberos de Iquitos que hagan llover cuando, por lo que entiendo, siempre llueve de forma natural en IQT.

No voy a contar la peli entre otras cosas porque la estamos escribiendo pero si admito que sí, la idea está, el guión está en gestión, las ganas existen y la agenda dice "Iquitos-enero: locacionar y exhibir cortos". Paco dice q podriamos filmar hacia oct del 09. Veamos.

La historia es acerca de un tipo chileno llamado Alejo y... transcurre en Iquitos y en el rio y....

La historia es mia, y de Paco, que es el productor de la cinta, y de mi amigo Diego Salazar, limeño afincado (y dueño) de Lima y, entre miles de cosas, el editor de ficción de Etiqueta Negra y no pocas veces editor aliado mío.

El guión será escrito por Diego y por mí.

No sé mucho más que decir puesto que, uno, es un proyecto, una idea, un deseo y, dos, los guiones se escriben y después se guardan en secreto....

Eso
entre muchos proyectos, tengo una carpeta llamada Sudor
tengo una libreta dedicada a Sudor
skypeo junto a Salazar acerca de Sudor
junto fotos y referencias acerca de Sudor

estamos sudando... aunque haga frio
sudar para que, ojalá, algún día se haga Sudor, y lo que partió como un mal entendido, una invitación para ir a Iquitos y donde yo dije "más adelante pero con una cámara", se transforme en realidad.

El plan es hacer un nuevo tipo de co-producción o, mejor, una alianza, irnos unos pocos a Peru y trabajar con el talento de alla y usar Iquitos no como un set sino como un personaje clave.

ojala sea haga. A lo mejor. Capaz que sí, capaz que no, pero sino, al menos lograré conocer -pronto- Iquitos y, sobre todo, tratar.

Hikikomori

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)


Hace algún tiempo conocí a una señora japonesa y comencé a ayudarla en su negocio, una cabina de Internet que queda por el centro. Es de esas pequeñas chambas que a uno le salen de vez en cuando. Pero no les hablare de eso, es de la familia de la señora o mas bien de un miembro de la familia en particular de quien espero pueda recordarme.


Hija de inmigrantes japoneses la señora Naoko se casó con un iquiteño y formó una familia. Tuvo dos hijos, Kouta y Sora que aunque nacieron en el hospital regional de Iquitos (por ende son peruanos y por supuesto son charapas) viven en Japón. El primero tiene 27 años, se graduó de la Toudai (Tokio Daigaku o Universidad de Tokio), formó una familia y no ha regresado al Perú en mas de 20 años. La segunda tiene 19 años y vive con sus abuelos en Tokio desde la infancia; hace tres años era una alumna de preparatoria sin problemas ni inconvenientes, pero poco a poco dejo de asistir a clases, comenzó a mostrarse deprimida, introvertida y distante de sus familiares; hasta que un día se encerró en su habitación sin razón aparente y allí se quedo por los años siguientes.


Sora es una hikikomori.


Los hikikomoris son adolescentes y adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad japonesa y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento social. A menudo rehúsan abandonar la casa de sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso años. La palabra japonesa hikikomori significa aislamiento en español. Fuente: Wikipedia


Es difícil imaginar a una persona encerrada de forma voluntaria en un espacio pequeño por largos periodos de tiempo, sobre todo en la sociedad y forma de vida loretana. Principalmente No se puede comparar una sociedad acelerada como la de Tokio (una metrópolis) con una sociedad menos agitada y menos presionada socialmente como la iquiteña. En esta parte me viene a la mente lo que cualquier doña diría “con una paliza lo saco de su cuarto” pero las cosas no son tan simples, principalmente porque son propensos al suicidio. Un hikikomori – ahora soy un sachaexperto (…) – no puede ser obligado a salir de su habitación porque puede reaccionar violentamente, sumirse en una incontrolable depresión y en el peor de los casos hacerse daño así mismo o a otras personas.


Pero regresemos a la historia.


Una tarde el esposo de Naoko enfermo de algo relacionado a la sangre, al poco tiempo tan rápido como enfermo, falleció. El golpe fue tal para Sora que decidió hacer algo que no tenía pensado… salir de su habitación.


Y mas aun, salir de su habitación subirse a un avión y viajar hasta Iquitos.


Un tiempo después del funeral, Naoko pensó que Sora al fin seria una joven normal, volvería a estudiar, haría amigos y recuperaría el tiempo perdido, pero no… Sora se encerró en su habitación en la modesta casa de la Av. La Marina.


Ahora, estarán pensando en los detalles: su comida, el baño, las comodidades, etc. Verán, su habitación tenia baño propio, los platos de comida se la pasan a través de una rendija por encima de la puerta, un ordenador con conexión a la red, juegos de video (playstation 2 y 3, xbox 360, etc) y demás detalles que hacían de su habitación su propio mundo.


En esta parte de la historia imaginen que se trata de una cinta de video y adelantamos un poco, pasamos por alto todo el esfuerzo que tuve que hacer para que Sora hablara conmigo y prosigamos desde ese punto.


Después de pasar algunas horas del día durante hablándole a una fría puerta de madera durante varias semanas, por fin obtuve una respuesta. Unas palabras en japonés que no comprendí, seguido de una frase en español que esperaba escuchar “cállate de una puta vez” ya era un avance en mi afán de hablar con ella.


Pero lo que dijo Sora en una parte de una conversación me dejo pensando:


“Aunque le des vuelta al asunto no comprenderías, no entiendes como me siento. Tratas de hablarme solo porque te parezco un bicho raro, una “freak” de quien necesitas compadecerte, como si necesitase que me salves de alguna manera. Nadie y entiende esto nadie puede entenderme… Este mundo no vale nada, a donde mires la gente da asco, actúan por inercia, hacen las mismas cosas todos los días, viven sus miserables vidas una y otra vez. Me da asco todo, no quiero vivir en un lugar asi, no quiero…pueden juzgarme como quieran, de todas maneras no comprenderían”


Y en cierta forma Sora tenía razón. La estaba viendo como un fenómeno de circo, como una atracción mediatica que llama la atención. Estaba mal lo sé, pero a pesar de ello he sentido cariño hacia ella, no deseaba ser su salvador, ella tampoco necesita mi lastima, pero creo y de verdad creo que de alguna forma llegue a comprenderla. Después de todo, quien no se ha sentido presionado por la sociedad, ha sentido ganas de desaparecer y sumergirse en su propio mundo, quien no se ha sentido fuera de lugar.

Esta es la historia de Sora en resumidas partes, no esperen que diga que una noche salió de su habitación se arregló y fue a bailar al Noa, o que se puso su mejor traje de baño y paso una tarde en Tipishca donde hizo muchos amigos… no. Sora regreso a Japón por que extrañaba sus abuelos. No sé si ya salió de su habitación no se si pudo integrarse a la sociedad nipona… no sé de ella.

Pero me gusta pensar que algún día la veré sonriente paseando por las calles iquiteñas.

Vacíos

Por: Lupe Muñoz



En las últimas semanas no sólo me la pasé de un sitio para otro siguiendo cuento evento cultural se presente, sino que he conocido a algunas personas, de cierta forma agradables pero también extrañas. Conocí a un chileno a quien abordé en pleno partido Perú-Argentina, todo para cumplir una apuesta que me imponía mi mesa por el primer desolante resultado peruano y para probar mi atrevimiento.

Me reencontré a la salida del banco con un joven y atractivo ingeniero que había llegado hace poco a Iquitos y que conocí hace algún tiempo en el aeropuerto cuando yo pretendía ir a cubrir una frustrada comisión por la llegada de un ministro y él a su trabajo en el campo, nombre con el cual es conocido las zonas profusas de la selva, y a donde van por determinados periodos de tiempo. Y también no dejaba de intercambiar mensajes con cierto jovencito viajero también llegado a Iquitos.

Sabia que por fin de semana, alguna salida iba a surgir y así fue. A las nueve y algo de la noche del sábado, mis amigas, unos amigos entrometidos en las letras, él (uno de los anteriores) y yo estábamos sentados en un bar tomando algo y luego seguimos la noche en una discoteca, a donde sólo fuimos él y yo, porque mis amigas en unos aires de cansancio y también de celestinas, decidieron ir a comer y luego regresar al bar.

A diferencia de la ocasión anterior que nos vimos, el chico en mención, no sólo estaba diferente, sino que se notaba algo callado lo cual siempre demostró no serlo, y hasta yo diría aburrido. Tampoco estaba en toda mi onda así que no lo culpo del todo. Hablábamos poco, bailábamos a veces y reíamos casi nada.

Con el afán de salvar la noche salimos a bailar, y en escena apareció una amiga que encontré en el bar horas antes, estaba con su prima quien se excedió de copas y empezó a protagonizar candentes pero divertidas escenas delante de mi acompañante.

Obviamente ambos estábamos incómodos, o quizá sólo yo, pero tratábamos de pasar el mal rato. De un momento a otro, la jovencita ebria decidió hacer intercambio de pareja y empujó a mi amiga con mi pareja y ella me tomó de la mano y me dijo que la acompañe al baño.

El los servicios higiénico se demoró un mundo y al regreso a la pista de baile tuvo un tropiezo en las escaleras, no me quedó de otra que ayudarla y soplarme el pequeño roche.

Trataba de salvar a mi pareja, pero la niñita en mención no me dejaba. Rato después logré cogerlo de la mano y lo llevé a otro sitio "veámonos de aquí antes que la niña haga algo peor" le dije. Subimos a la parte alta de la discoteca y nos sentamos. Un mensaje iluminó mi celular, "sory, mi prima a sus 16 años aún no define su sexualidad y le gustaban tú y el pata, de verdad sory. Discúlpame con tu amigo". Firmaba mi amiga.

Yo me reí, el sólo sonrió. Ni con el mensaje lograba que cambie su cara de enfermedad y yo asumía que posiblemente se debía a un incidente que pasó en la anterior oportunidad que nos vimos. No me quedó otra que investigarlo. "tu eres de los que piensan que llegan a Iquitos y la hacen ¿verdad?" le pregunté. "No, nada que ver, para mi eso es como una leyenda, lo mismo se puede decir de una chica de otro lugar, no, no pienses eso". Fue su respuesta. "pero ya lo dijiste anteriormente", insistí. "Era una broma", trató de explicarme. "Sin embargo desde que nos vimos no dejas de tirarme tus dardos y portarte muy "cariñosito" aún sin conocerme bien. Claro, sabes que no soy de acá, pero a veces así me siento, quizás sea una mala referente de Iquitos, pero parece que tú tomas muy enserio esa mala fama loretana y te portas como te portas". Le dije. "No, no es eso, lo que pasa es que tú eres una chica adulta, me gustas y pensé que es lo que tenía que hacer. Dijo de lo más tranquilo. "¿Tenías hacer?, lo dices como si fuera una obligación". Me reí. No, no es eso, sólo que eres una chica adulta, me gusta y yo te gusto y pensé que no tenía nada de malo, respondió. Después de lo que dijo yo tenía en el rostro el signo de interrogación tan grande como la muralla china pero no dije nada y me quedé viendo la pista de baile. (Mi cuestionamiento era porque me gusta ver las reacciones de las personas)

Hora después, al ver que miraba de rato en rato su celular le sugerí: "si ya te quieres ir avísame y nos vamos", (¡Oh por dios pero eso no es el papel de los chicos?, pensé). No, nada que ver, me estoy divirtiendo, todo bien. Dijo.

Media hora después le pedí que ya nos retiráramos. Decidió acompañarme a casa luego que le dijera que me daba algo de miedo ir sola en un mototaxi. El viaje lo sentí más largo de lo habitual por el silencio absoluto. Sólo faltaba un grillo o un sapo croando en medio de ambos para terminar la escena. Ya en mi destino y sabiendo que después de esa noche posiblemente no lo iba a volver a ver más, nos abrazamos unos segundos, luego de decirme el clásico: escríbeme cuando quieras, y desearnos suerte. Se fue. Y así terminó una noche que un instante presagié no como LA súper noche pero sí como una noche única y diferente, pues era consiente que tenía a mi lado una persona misteriosa pero excepcional y porque aunque sólo hubiéramos reído (como gran parte de la oportunidad anterior) ya la hubiera tomado como única. Quizá por mi mala decodificación de mensajes. Quizá por razones ajenas a ambos. Todo eso me hizo reflexionar de lo impredecibles e inimaginables que pueden resultar las personas y uno mismo, más que seguro, también se llevó la misma impresión de mí. Pero bueno, después de todo no fue tan malo y en el recuerdo quedan nuestros ademanes cómplices y algo más.