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30 septiembre 2008

El Diablo ataca otra vez


Camuflado entre el desconcertado pueblo, bombardeado en exceso por el sensacionalismo de cierto medios, vigorizado por la ignorancia y el temor, la Bestia 666 ha atacado otra vez. La agresión ha sido grave y ha tocado a gente inocente. El reporte lo tiene el diario Pro & Contra:

Enardecidos y nerviosos pobladores del caserío Santa María del Amazonas casi linchan a integrantes de la “ONG Amazon Promise” al confundirlos como miembros de la secta satánica 666, por lo que tomaron las instalaciones del colegio para evitar que fugara y hacer justicia debido al temor de ser sellados con el número de la bestia. Todo sucedió la mañana de ayer cuando los integrantes de la ONG llegaron hasta las instalaciones del colegio para brindar atención médica gratuita a la población de escasos recursos económicos, pero extrañamente uno de los pobladores de apellido Sinty alarmó a todos que no se dejaran sorprender ya que la única razón de la presencia en la zona era para captar adeptos para la secta, hecho que confundió a la población que se mostraron violentos.

Segundo Colonia Cahuaza (40) estadístico de la ONG, fue retenido por la población en la biblioteca del colegio por lo que Jesús Flores Díaz (53) director del colegio tuvo que pedir la intervención de los serenos de Punchana, al igual que de efectivos de Radiopatrulla quienes llegaron al lugar para rescatar al integrante de la ONG. Colonia fue sacado del lugar rápidamente por agentes policiales, mientras que una enardecida turba de casi 200 personas quería lincharle e incluso llegaron a violentar las unidades vehiculares, mientras que Alex Sandoval, médico de la ONG, precisó que 15 cajas de medicinas fueron quemadas por la población cuyo monto asciende a 50 mil dólares. Patricia María Webster, presidenta de la ONG, lamentó los hechos vandálicos, sostuvo que llegaron al lugar como a muchas otras zonas, tras las coordinaciones con el director del colegio para brindar atención médica gratuita.

La histeria colectiva que han generado algunos perosnajes y medios de comunicación, que motivó un irónico artículo de mi parte, ha empezado a generar sus delicados efectos. La turba, motivada por los cables zafados de alguien (que a su vez ha sido alimentado mentalmente por la psicosis informativa) casi desencadena una tragedia, pero al mismo tiempo ha llevado a que se incendien y destruyan cajas con medicinas, cuyo único fin era beneficiar a los mismos miembros de la comunidad.

¿Será que los tiempos oscurantistas están volviendo? ¿Será que el Demonio 666 se ha convertido en el nuevo Pelacaras de esta época? Esto no es una película, no es ficción. Es la pura, purita, realidad.

¿No es como que demasiado?

Un poco de agua fría en medio del incendio nos haría bastante bien.

Link: Ikitozz City nos ilustra en su blog sobre manifestaciones de embustes y verdades acerca de estas "sectas"

22 septiembre 2008

La marca de La Bestia



Muy temprano, me invitan a un programa radial. Hay una pausa comercial. Soñoliento aún, entro a la cabina. Me encuentro con una querida amiga religiosa, a quien no veo hace tiempo. En tanto, la periodista, pequeña y combativa, me sonríe, intercambiamos gestos. Se acaban los comerciales. La febril metodología de la transmisión en vivo, golpea el relajo dentro del set. La periodista, dueña de una voz de acero, se enlaza con un barrio modesto, de los muchos que existen en Iquitos. Hay un dato bomba, que se ha estado regando como reguero de pólvora en toda la ciudad. El reportero la saluda y anuncia la noticia: han capturado a un presunto miembro de la secta diabólica que tatúa con el sello “666” a niños en edad escolar.

Como es evidente, nuestra completa atención se deposita en el transmisor que llega desde la zona de Punchana. Se reporta que el sujeto capturado, un cuarentón sin luces - sin más oficio ni beneficio que el hueveo o los esoterismos chicha - ha propuesto a una espantada madre “comprarle” a su hijo para, según el reportero, “sellarle” la marca diabólica-maldita-innombrable en alguno de sus brazos. Hay gritos, forcejeos, motocarros que pasan y vuelven chirriando. Las declaraciones que se pueden distinguir en medio del bullicio salvaje de la mañana - usualmente no hay actividad que no venga precedida del mismo – reiteran un veredicto indubitable: para la masa, el gentío, la muchedumbre, el bufoncito de ocasión, el mequetrefe de ideas extravagantes y absurdas, es poco menos que la encarnación del Mal, un agente camuflado por Luzbel en este mundo de los vivos para la macabra tarea de coleccionar infantes-ángeles-inocentes, matarlos o ultrajarlos. Mi querida amiga religiosa escucha en silencio, en vilo y abandonada a su propio temor, con las manos inquietas. La periodista inquebrantable, fogosa y decidida, anuncia que la policía ha introducido dentro de un calabozo de la comisaría del sector al discípulo del Maldito Cachudo. Las madres de familia, aterradas y envalentonadas, piden justicia por su propia mano. Hay tensión en el espacio cerrado. Hay un ambiente cargado de sensaciones encontradas. Yo me olvido rápidamente el tema por el que fui invitado a dialogar.

En el camino de retorno, luego de hablar de cosas que ya no recuerdo, corro inmediatamente al primer puesto de periódicos. Devoro, sin cesar, todos los diarios (o los que fungen de tales). Analizo diversas teorías, ángulos, chismorrerías y cacofonías para un mismo tema. Descubro una sincera confesión de un señor que forma parte del rito. En sus ojos descubre uno el virus de la alucinación. Y de la broma pesada disfrazada de fuego perpetuo. Con sensacionalismo, aplicando humor involuntario, demostrando harto desconocimiento, exhibiendo imágenes de seres comunes y corrientes a los que le salen los ojos de sus cuencas y la saliva les empieza a chorrear espontáneamente debajo de la comisura de los labios cuando despotrican de los “marginales”.

Estoy convencido: la histeria colectiva ha vuelto.

- Dicen que cuando nos ponen esos números nos lleva el Demonio al Infierno, ya no podemos volver y nos quemamos con agua caliente – me dice el sobrino de una amiga muy especial, mientras trató inútilmente de jugar con un Gameboy sobre muertos vivientes a los cuales hay que disparar hasta convertirlos en masa viscosa, sanguinolenta e inerte, destreza en la que el infante, obviamente, es un verdadero monstruo.

- Por mi casa hay unos jóvenes satanistas..satánicos…satanices (como pucta se llamen) y dicen que ellos son gente que se agarra a los chibolitos y los sacrifican, para luego dizque ser inmortales, como los murciélagos – me indica un motocarrista sabroso-karibeño-grupocinco-maniático, con sus lentes enormes de soldador, sus guantes de lana y su tatuaje de una cobra erecta en el hombro derecho.

Este fin de semana, las conversaciones sociales han versado con sus bemoles sobre el aspecto de los apóstoles de la crueldad. Medio en broma, medio en serio, la gente comenta sobre sus métodos, sus actividades, su forma de abordar a los jovencitos. Me he enterado que otra vez se ha puesto de moda leer el Libro de las Revelaciones (mejor conocido como Apocalipsis), best seller incluido en La Santa Biblia. En los colegios, se ha redoblado la seguridad (que, en buen cristiano, significa que los vigilantes dejarán de ser menos lerdos de lo que usualmente son, pero igual de ineficientes). Medio en broma, medio en serio, me comentan que los puestos ambulantes de videos piratas han recibido solicitudes urgentes de películas como La Profecía y Estigma.

Las madres de familia, desesperadas, buscan proteger a como dé lugar a sus hijitos, mientras ellos han hecho del asunto vehículo para la diversión y la chacota. En el mercado de Belén ya se venden, clandestinamente, sellos con la imagen 666, como antes se vendían tintas de caritas felices (el inefable Smile) o parches con la lengua de los Rolling Stones. Los escolares palomillas, incluso, se dibujan con lapicero las cifras y jocosamente desafían la nueva creencia (o la misma de siempre, reinventada para la época).

- Es el fin del mundo, hay que estar preparados, la Bestia ha salido a cazar pecadores – me señala una contrita beata, de las que usan faldas hasta los tobillos y tienen el mismo rictus de no haber sido jamás besadas.

Yo me siento en la mecedora de la huerta de mi casa, debajo de viejo árbol de mango en que – decían – su madre, una viejita con ojos rojizos encendidos, orejas puntiagudas y risa sarcástica, nos cuidaba todas las noches de los impuros, los ladrones y los gatos techeros. Termino el guión de una próxima película, mientras pienso que la marca de la bestia y la resurrección de Damián – el niño maldito – hubieran sido materias primas para despertar las pulsaciones básicas del pueblo, de la tropa que está siempre a la caza de mitos, historias, charlatanerías y verdades inventadas en las cuales creer desesperadamente (o concentraciones sobre las cuales descargar todos los miedos y fobias propias de la desopilante humanidad).

¿Más extraña que la ficción? La realidad, sin duda alguna.

Link: Todas las repercusiones del caso de la detención de Carlos Ramírez Zamora (presunto miembro de esta secta entre satánica y humorística, pueden ubicarlos en los reportes de los diarios locales
Pro & Contra y Amazonía, así como una nota del noticiero televisivo limeño
90 segundos (de donde proceden las imágenes de este post y donde se ha colgado un video sobre el tema)