Mostrando las entradas con la etiqueta Enrique Dávila. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Enrique Dávila. Mostrar todas las entradas

02 octubre 2008

Cortos (II)

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)



Ayahuasca inspiración. Natasha se preguntaba por qué su padre siempre estaba triste, si podía pintar tanto como quisiera. Para ella tener la oportunidad de expresarse de esa forma era lo mejor del mundo. Pero ese hombre – que era su modelo a seguir – a pesar de ser tan talentoso se deprimía enormemente; decía que nunca ha pintado sintiéndolo desde el corazón, nunca había encontrado la verdadera inspiración, solo lo había hecho para ser reconocido. Adoraban sus cuadros en la vieja Europa y aun así se deprimía mucho.


Una tarde Natasha es sorprendida con una noticia muy grata, su padre quiere regresar a sus raíces, volver a su ciudad natal y encontrar la inspiración que busca desesperadamente. Natasha sintió cierto alivio, pensó que tal vez eso era lo que él estaba necesitando, alejarse un poco de la modernidad de Ámsterdam y relajarse en la tranquilidad de Iquitos.


Pasaron varios días y entre saludos a la familia y recordar viejas anécdotas con los amigos su padre no era capaz de encontrar la inspiración. Natasha se preguntaba si acaso estaba perdiendo las ganas de pintar, que tal vez estaba ante una persona que jamás volvería a coger el pincel y regalarle las mas bellas obras. Natasha no iba a permitirlo, haría lo que fuera por él.


Al día siguiente fueron invitados a probar el ayahuasca en un caserío a la rivera del río Ucayali. Natasha estaba emocionada porque le contaron que ese brebaje hace ver a las personas sus propios fantasmas, miedos o temores, como también entender muchas cosas de su propio ser. De alguna forma esperaba que con el ayahuasca su padre pueda descubrir que es lo que le hace falta. Y esa noche su padre bebió, se perdió en su mente, alucino, lloró y luego desapareció en la inmensidad del bosque.


Luego de una noche en vela buscándolo, Natasha llega hasta el pie de una quebrada y la visión mas bella del arte se descubrió a sus pies. Hermosos dibujos a lo largo de la fina arcilla recorrían la orilla de un lado a otro, ella sabía que tanta belleza llevaba la firma de su padre. Tonos increíbles de rojo como jamás vio en un cuadro de galería alguna provocaban lágrimas de felicidad en la joven. Luego observó a su padre sentado a lo lejos visiblemente cansado.


Natasha solo quiso abrazarlo, correr y llorar a su lado. Pero no tardó en darse cuenta el estado en que se encontraba, con los ojos perdidos y la boca llena de sangre. Entonces Natasha pasó de un hermoso sueño a la más horrible de las pesadillas. Cuerpos de hombres y mujeres con el estomago abierto y las vísceras regadas detrás de él. El río de sangre se desplazaba hasta las prendas que usó como pincel y dibujo a lo largo de la arcilla testigo de tal demencia. Natasha no lo podía creer, su mente no le permitía creer, la locura poco a poco gritaba desde sus entrañas y despedazaba la razón. Aquel hombre con el rostro cansado sonreía de felicidad…


Al fin había encontrado su inspiración.


La primera vez. Karla cursaba el ultimo año en el colegio “Rosa de América” de la ciudad de Iquitos y deseaba dejar de ser virgen, no le gustaba la idea de ser la única de su grupo de amigas que no había tenido relaciones sexuales. Decidió ponerle empeño y tratar de que su enamorado Sebastián – mayor que ella por un año – se atreviese a proponérselo.


Pero Karla tenia muchas dudas, a pesar de que quería mucho a Sebastián no se preocupo jamás en tener sexo con él. Solo cuando sintió la presión de las amigas se dio cuenta cuán importante era conocer las relaciones sexuales. Pero era inexperta en el tema y necesitaba consejos.


Descubrió – navegando en la Internet – que antes de empezar su vida sexual necesitaba explorar su cuerpo. Para tal tarea era necesario conocer ciertos placeres por si sola. Karla de inmediato se sonrojó al leer que esos placeres se referían a la masturbación. Pero estaba decidida a entrar muy bien educada a esa etapa de su vida, así que obedeció lo que la Internet le decía.


La joven no sabia nada de la masturbación, cómo empezar o cómo terminar. Durante mucho tiempo jamás se preocupó por esas cosas. Entendía lo que debía hacer pero no se daba por enterada de cómo proseguir. Karla pasó dos horas observándose la entrepierna como si se tratase de un rompecabezas, hasta que por fin se sintió lista y comenzó sin apuros. Karla aprendió mucho ese día; comprendía cómo funcionaba las sensaciones y que era lo que sentiría. Estaba lista para insinuársele a Sebastián.


Ese día iba a pasar la tarde viendo películas a su lado, como ella estaba decidida a tener relaciones sexuales se compró un calzoncito nuevo y se arregló lo más bonita posible. Al llegar a la casa del enamorado, para su sorpresa la persona que salió a recibirla no fue Sebastián sino su hermana quien le informó que se fue a jugar Playstation 2 con su amigo y regresaría en un rato. A Karla no le quedo más remedio que esperar.


Karla pensaba en como insinuársele, en los gestos que debe hacer y la forma en que debe hablar. Entre tantas rondas mentales de ideas tras ideas se le notaba visiblemente nerviosa. La hermana de Sebastián noto esa peculiaridad de la cuñada y como si se tratase de un sexto sentido le pregunta si vino a acostarse con su hermano. Karla estalló en vergüenza y aunque en principio trato de negarlo al final tuvo que aceptar su perspicacia.


Entonces sucedió algo inesperado, la hermana ofrece enseñarle algunas cosas que la masturbación no enseñó. En ese momento Karla estaba a las puertas de una nueva experiencia que podía cambiarle la vida. Dependía de ella rechazar y salir corriendo o aceptar y dejarse llevar.


Karla se dejó llevar y la hermana de Sebastián le mostró las puertas del cielo, fue su guía en ese peculiar camino de sensaciones y sonidos. Al final Karla supo cuál era el verdadero significado de “hacer el amor”.


Paso el tiempo y Karla termino con Sebastián sin tener relaciones sexuales ni una sola vez. Curiosamente al mismo tiempo se hizo muy amiga de la hermana con quien pasó muchas horas de la mano por las nubes.

25 septiembre 2008

CORTOS (I)

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)



Full Metal Antonio. Desde niño Antonio se imaginaba matando gente; los ahorcaba, les disparaba, los acuchillaba en sueños. Vivía con su padre y su abuela lejos del caserío más cercano; no había otros niños con quien jugar así que Antonio tenía que inventarse los juegos más curiosos. Se arrastraba por el monte con cuchillo en la boca y el rostro cubierto de barro y saltaba encima de algún ronsoquito que previamente amarraba para que no se escape, lo destripaba y blandía sus órganos en señal de victoria. Otras veces lanzaba monitos pequeños contra los árboles con toda su fuerza y algunas veces lograba destrozarles la cabeza. Así eran los juegos inocentes de Antonio.


El sueño de su vida era ser militar, le gustaba la idea de servir a su patria y mas que todo que le paguen por matar a otra gente. Antonio gozaba con la idea de que le den un fusil y tenga el permiso del mismo presidente de la república para dispararle a la cabeza a quien considere su enemigo. Antonio suspiraba por aquel ansiado día en que un conflicto se desatase y lo mandaran a pelear. Sonreía como tonto solo imaginando ese momento.


Cuando surgió el conflicto del Cenepa, enviaron a Antonio a ese lugar. Era el tipo más feliz del mundo porque al fin tendría la oportunidad de matar gente de verdad, no solo monitos y ronsoquitos. En el frente de batalla esperaba paciente su oportunidad. Le molestaba los zancudos, le picaban una y otra vez pero no perdía la calma. Hasta que por fin divisó una cabeza extraña, estaba listo… pero los zancudos no dejaban de molestarlo y él los aplastaba de uno en uno. Estaba a punto de disparar sintió una gran picazón en la pierna “maldito zancudo” pensó… pero al ver su mano esta estaba cubierta de sangre. Un balazo en la pierna y Antonio sintió que no podía caminar.


Al poco tiempo tuvieron que amputarle la pierna, Antonio perdió la oportunidad de matar a otras personas, pero aun así no perdía las esperanzas, se dio cuenta que precisamente él no era un monito ni ronsoquito, él contaba como ser humano, su sueño aun podía realizarse. Una noche tomo su fusil y se disparó en la cabeza…


Cuando lo encontraron tenía una gran sonrisa en los labios.


Agustín el matemático. Agustín era un chauchero de Belén, no llamaba la atención y hablaba muy poco. Todo el día se la pasaba cargando plátanos, yucas y arroz; esa era su rutina. Pero a Agustín le gustaban mucho las matemáticas, desde muy pequeño le encantaron los números. Cuando aprendió a hablar de inmediato aprendió a sumar, a restar, y a resolver ecuaciones diferenciales. Es que Agustín era un genio.


No había problema matemático que él no pudiera resolver. Le gustaba los libros de matemática que tenia el cura de la parroquia del pueblo donde vivía. Se sentaba y con su lápiz gastado se dejaba llevar por los números que danzaban en su cabeza.


Pero su familia era muy pobre y Agustín se vio obligado a trabajar desde niño. A su padre no le gustaba que perdiera el tiempo con las matemáticas, siempre le reñía cuando lo encontraba bajo el mamey con su cuadernito embelesado en algún teorema. Agustín se vio obligado a esconder las matemáticas y trabajar para ayudar en su casa.


Una tarde llevo desde el puerto hasta la casa de unos extranjeros una gran bolsa muy pesada, le dolía la espalda y estaba todo sudado. Lo único que quería era relajarse unos minutos. Mientras esperaba que le paguen, se dio cuenta que un cuaderno se le había caído a uno de los extranjeros que vivía allí, Agustín levantó el cuaderno dispuesto a devolvérselo pero por casualidad vio escrito en una de sus hojas un problema matemático. Agustín no pudo con su genio, sacó su viejo lápiz casi sin punta y se puso a resolverlo lo más pronto posible. Le tomo menos de cinco minutos y ya lo tenia resuelto. Se sentía satisfecho. Luego se acercó al extranjero y se lo devolvió muy nervioso. Aquella persona le dio un dólar en agradecimiento.


Unos días después ese hombre estaba revisando su cuaderno y se llevo la sorpresa de su vida, el problema matemático que tantas noches de sueño le había quitado, que tantos eruditos no encontraron respuesta durante siglos… estaba resuelto. Ese hombre de inmediato trato de encontrar al responsable de tal hazaña, pero no podía imaginarse quién lo hizo. Trató y trató de encontrarlo; entre sus amigos y nada, entre la posible gente que había tenido contacto con el cuaderno… y nada. Hasta que pensó en Agustín, el chauchero de espalda encorvada y aparentemente inculto... “Imposible” se dijo.


Al poco tiempo aquel extranjero regresó a su país. Era estudiante de la universidad de Oxford en EEUU y presentó el problema matemático resuelto como suyo. De inmediato ganó el reconocimiento y admiración de la comunidad científica. Su nombre fue impreso en los libros de matemáticas posteriores y fue conocido por todo el mundo.


Agustín formó su familia, vivió tranquilo con su esposa y sus dos hijas. Se sentía feliz cuando regresaba a casa y su mujer lo recibía con un beso y sus niñas la abrazaban amorosamente. Aún le gustaba ojear algunos libros de matemática y disfrutar con sus amados números. Un día encontró el problema matemático que vio en el cuaderno del extranjero y como estaba resuelto comentó:


- "Mira cho, ya otro lo resolvió…"

17 septiembre 2008

Hikikomori

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)


Hace algún tiempo conocí a una señora japonesa y comencé a ayudarla en su negocio, una cabina de Internet que queda por el centro. Es de esas pequeñas chambas que a uno le salen de vez en cuando. Pero no les hablare de eso, es de la familia de la señora o mas bien de un miembro de la familia en particular de quien espero pueda recordarme.


Hija de inmigrantes japoneses la señora Naoko se casó con un iquiteño y formó una familia. Tuvo dos hijos, Kouta y Sora que aunque nacieron en el hospital regional de Iquitos (por ende son peruanos y por supuesto son charapas) viven en Japón. El primero tiene 27 años, se graduó de la Toudai (Tokio Daigaku o Universidad de Tokio), formó una familia y no ha regresado al Perú en mas de 20 años. La segunda tiene 19 años y vive con sus abuelos en Tokio desde la infancia; hace tres años era una alumna de preparatoria sin problemas ni inconvenientes, pero poco a poco dejo de asistir a clases, comenzó a mostrarse deprimida, introvertida y distante de sus familiares; hasta que un día se encerró en su habitación sin razón aparente y allí se quedo por los años siguientes.


Sora es una hikikomori.


Los hikikomoris son adolescentes y adultos jóvenes que se ven abrumados por la sociedad japonesa y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento social. A menudo rehúsan abandonar la casa de sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso años. La palabra japonesa hikikomori significa aislamiento en español. Fuente: Wikipedia


Es difícil imaginar a una persona encerrada de forma voluntaria en un espacio pequeño por largos periodos de tiempo, sobre todo en la sociedad y forma de vida loretana. Principalmente No se puede comparar una sociedad acelerada como la de Tokio (una metrópolis) con una sociedad menos agitada y menos presionada socialmente como la iquiteña. En esta parte me viene a la mente lo que cualquier doña diría “con una paliza lo saco de su cuarto” pero las cosas no son tan simples, principalmente porque son propensos al suicidio. Un hikikomori – ahora soy un sachaexperto (…) – no puede ser obligado a salir de su habitación porque puede reaccionar violentamente, sumirse en una incontrolable depresión y en el peor de los casos hacerse daño así mismo o a otras personas.


Pero regresemos a la historia.


Una tarde el esposo de Naoko enfermo de algo relacionado a la sangre, al poco tiempo tan rápido como enfermo, falleció. El golpe fue tal para Sora que decidió hacer algo que no tenía pensado… salir de su habitación.


Y mas aun, salir de su habitación subirse a un avión y viajar hasta Iquitos.


Un tiempo después del funeral, Naoko pensó que Sora al fin seria una joven normal, volvería a estudiar, haría amigos y recuperaría el tiempo perdido, pero no… Sora se encerró en su habitación en la modesta casa de la Av. La Marina.


Ahora, estarán pensando en los detalles: su comida, el baño, las comodidades, etc. Verán, su habitación tenia baño propio, los platos de comida se la pasan a través de una rendija por encima de la puerta, un ordenador con conexión a la red, juegos de video (playstation 2 y 3, xbox 360, etc) y demás detalles que hacían de su habitación su propio mundo.


En esta parte de la historia imaginen que se trata de una cinta de video y adelantamos un poco, pasamos por alto todo el esfuerzo que tuve que hacer para que Sora hablara conmigo y prosigamos desde ese punto.


Después de pasar algunas horas del día durante hablándole a una fría puerta de madera durante varias semanas, por fin obtuve una respuesta. Unas palabras en japonés que no comprendí, seguido de una frase en español que esperaba escuchar “cállate de una puta vez” ya era un avance en mi afán de hablar con ella.


Pero lo que dijo Sora en una parte de una conversación me dejo pensando:


“Aunque le des vuelta al asunto no comprenderías, no entiendes como me siento. Tratas de hablarme solo porque te parezco un bicho raro, una “freak” de quien necesitas compadecerte, como si necesitase que me salves de alguna manera. Nadie y entiende esto nadie puede entenderme… Este mundo no vale nada, a donde mires la gente da asco, actúan por inercia, hacen las mismas cosas todos los días, viven sus miserables vidas una y otra vez. Me da asco todo, no quiero vivir en un lugar asi, no quiero…pueden juzgarme como quieran, de todas maneras no comprenderían”


Y en cierta forma Sora tenía razón. La estaba viendo como un fenómeno de circo, como una atracción mediatica que llama la atención. Estaba mal lo sé, pero a pesar de ello he sentido cariño hacia ella, no deseaba ser su salvador, ella tampoco necesita mi lastima, pero creo y de verdad creo que de alguna forma llegue a comprenderla. Después de todo, quien no se ha sentido presionado por la sociedad, ha sentido ganas de desaparecer y sumergirse en su propio mundo, quien no se ha sentido fuera de lugar.

Esta es la historia de Sora en resumidas partes, no esperen que diga que una noche salió de su habitación se arregló y fue a bailar al Noa, o que se puso su mejor traje de baño y paso una tarde en Tipishca donde hizo muchos amigos… no. Sora regreso a Japón por que extrañaba sus abuelos. No sé si ya salió de su habitación no se si pudo integrarse a la sociedad nipona… no sé de ella.

Pero me gusta pensar que algún día la veré sonriente paseando por las calles iquiteñas.

04 septiembre 2008

Christian Bendayan

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)



Esa tarde recogía los pedazos que quedaban de mí. Por un lado el trabajo fue muy pesado, más que otros días, en una oficina cuyas grises paredes parecen carcomer mi espíritu por placer. Por otro lado la que hasta ese momento fue mi novia término conmigo, danzando desnuda sobre mi cadáver al lado del que ahora es su novio. En otras palabras, era el típico lunes que muchos odian pero sin más se resignan a aceptar.

Solo que el mío fue peor.

Hubiera sido un día sin mayores emociones hasta que suena: “Wait and Bleed” de Slipknot en mi teléfono móvil, era Eduardo (un novel artista loretano) quien me decía: “Oye… vete a La Restinga a las ocho, Bendayan va a dar una charla”.

La verdad de Christian sé muy poco, solo vi unas pinturas suyas en su blog pero nada mas… creo que precisamente por eso llamó mi atención, el desconocer hacia donde se dirige su arte en realidad, que quiere decir su lenguaje, cuáles son sus palabras…

Como buen peruano llego a La Restinga pasada las ocho. Me acompañaba Valery (otro novel artista), gran amigo mío y el que hizo el dibujo del banner de Ikitozz City. Me reciben chicos practicando capoeira y la verdad lo hacen muy bien. Al recorrer el pequeño pasillo mis ojos enseguida se clavan en el enorme bufeo colorado hecho a base de papel mache que me mira fijamente, curiosamente me acomodo delante del mamífero para ver y escuchar lo que tiene que decir Christian Bendayan.

A medida que él hablaba, comenzaba a recordar las veces que visitaba las exposiciones de pintura y lo que me hacía sentir al observar un cuadro, el mundo que se encerraba en la historia de cada trazo, cada línea, cada pincelada… imaginar el cariño del artista al contemplar la obra terminada. Hacia mucho que perdí esa costumbre, no se la verdad cuándo pasó. Pero al escuchar las palabras de Bendayan no pude evitar sentir una nostalgia hacia esos días. No pude dejar de identificarme con lo que ese tipo de cabello despeinado y espontaneas palabras estaba diciendo.

En un momento una frase llamó mi atención por sobre todas las demás: “yo soy un huevon que tiene muchos traumas” y mas que una frase aislada era un conjunto de ideas resumidas. Bendayan estaba exponiendo la verdad del ser humano. Sentí que estaba ante un artista que siente cada imagen que se atreve a pasar delante de sus ojos; que rememora aquellos momentos, aquellas vivencias que marcaron su vida ya sea para bien o para mal, era un hombre mostrando una parte de su alma sin esperar nada a cambio, era una simple persona diciendo “hey, a mí me han jodido tanto como a ti”.

Luego pasó a mostrar varias de sus pinturas, una tras otra “esta la hice en tal año… esta la hice en tal momento”… pero lo que no pude evitar fue sentir que estaba ante el reflejo de Iquitos en cada una de esas imágenes, en los pequeños detalles acostumbrados a ver que nos identifican y que no prestamos atención. No pude evitar pensar que mis ojos vieron las mismas cosas, que pasaron desapercibidas y él las hacia suyas… que aquellos ojos aparentemente distraídos y con aires pendencieros perciben el mundo de una manera diferente. Mientras nosotros olvidamos todo ese conjunto de flashback rutinarios, él los recuerda, los atesora, los inmortaliza.



Al termino de la reunión y mientras Christian conversaba con Eduardo sobre no sé qué carajo, sentí la necesidad de salir a fumar… la necesidad de escribir sobre este tipo, pero al mismo tiempo pensaba “¿y de qué voy a escribir?” Porque, valgan verdades, se muy poco de ese arte, no sé de formas ni colores, de trazos ni de superposiciones. Pero la necesidad de hablar de él tal como me sentía en ese momento fue mayor.

Me despedí de Christian Bendayan prometiéndole que “dibujaría unas palabras” en su nombre, cualquier cosa, aunque sea unas líneas sin sentido que se pierdan en el olvido… escribiría lo primero que venga a mi mente y que sea capaz de reflejar tal cual me sentí en ese momento.

Solo me faltó agradecerle, agradecerle el buen momento… fue un día negro para mi, pero termino muy bien. Contemplé a un amazónico amante, disfruté de un hijo de la selva.

27 agosto 2008

Tipishca

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)


Para Andrea los domingos son días donde puede relajarse y quedarse en casa sin hacer nada. Después de una ardua semana de trabajo como vendedora en Carsa siente a sus 21 años que puede darse el lujo de descansar como anciana los domingos; sin nada más que una buena película, una cajetilla de cigarrillos y un ventilador a toda potencia.

Pero esa semana llegó la prima Carol. Una limeña con muchas energías, bastante extrovertida y con todas las ganas de pasearse en la calentona Iquitos. Como pasa en las familias cuando un visitante inesperado llega, Andrea se vio forzada a ser la chaperona de la prima. A llevarla a conocer esa ciudad de la que tanto escuchó hablar, donde los maquisapas cuelgan de los postes de luz y cuando el semáforo cambia a verde los ronsocos cruzan la pista. Todos esos mitos estaban en la mente de Carol que por primera vez pisaba suelo iquiteño. Pero Andrea decidió poner todo su empeño en mostrarle una ciudad despierta, divertida y juvenil.

En el día fueron a pasear en bote por los rios Itaya/Nanay/Amazonas; a tomarse fotos en Quistococha y a andar en moto a toda velocidad por la carretera Iquitos – Nauta. Por la noche fueron a bailar en las discos de moda Noa y Berimbau, a tomarse una cola de mono en el Musmuqui y a ver tocar en vivo a Tran-C en La Parranda.

Andrea sentía que había cumplido con su misión “que no jorobe más, con todo eso ya se puede ir contenta”.

Llegó el domingo y Andrea quería disfrutar de la paz que encuentra en su rutina dominical. Pero Carol aparte de los mitos absurdos de gente calata en las calles y cupisos policías; también escuchó hablar de la playa más concurrida de Iquitos, el punto de encuentro de la juventud aventurera, la “ya no ya”: Tipishca.

Andrea había jurado no volver a Tipishca, la odiaba por sobre todas las cosas. Es que hace un año una serie de eventos desafortunados adornaron su día veraniego. Pero Carol insistió tanto que tuvo que acceder – por obligación de su madre – a acompañarla. Tomaron un motocar hasta Santa Clara, pero el tráfico vehicular las obligó a bajarse mucho antes de llegar hasta donde esperan los botes. A pesar de que el sol asfixia a cualquier desprevenido, Carol estaba embelesada, con sus lentes oscuros y su bikini por estrenar; mientras a Andrea le dolía la cabeza de tanto soportar el claxon de los vehículos.

El viaje en peque-peque demora 15 min. Carol estaba muy contenta y entusiasmada, el ambiente era cálido y acogedor; observa a una familia sonriente y podía sentir el maravilloso día de recuerdos que le esperaba. Pero Andrea no sentía lo mismo, estaba en el medio de un par de sobrealimentadas señoras que no dejaban de hablar en voz alta, apenas podía moverse y su cuerpo sudaba a chorros.

Para Carol descubrir eso que llaman peque-peque a la embarcación por el sonido que hace el motor es todo un acontecimiento. Para Andrea descubrir que una de las señoras le estaba tocando el trasero fue toda una tragedia.

Carol disfrutaba de la playa como si fuese una niña pequeña, no dejaba de correr de un lado a otro probando de todo un poco. Desde el tacacho de las vendedoras establecidas hasta los chupetes Shambo que le ofrecian. Andrea solo quería acomodarse bajo la sombra de algunas ramas y esperar que las horas pasen rápido para regresar sana y salva a la ciudad y enviar a su prima de una vez a la capital.

Carol participó de un emocionante partido de voley donde hizo nuevos amigos, disfrutó bailando al ritmo de Explosión, salpicando la arena a sus pies, bebió una botella entera de witochado que le regalaron y se dejó llevar por el suave vaivén de las olas del Nanay. Andrea trato de dormir un poco pero recibió un desafortunado pelotazo de un partido de voley cercano, un niño tropezó delante suyo y le derramó todo el chupete en las piernas y encima le dijo “discúlpeme SEÑORA”, se topó con su ex enamorado besuqueándose con quien fue su mejor amiga, cuando fue a comprar un juane le robaron el teléfono móvil y cuando quiso relajarse un poco dándose un baño una rama enterrada en la arena le hizo un profundo corte en el pie.

Para el final del día Carol estaba encantada, extrañaba un poco el tallarin en bolsa de las playas limeñas y la inmensidad del mar; pero estaba contenta con el tacacho servido en hoja de bijau y el reflejo del sol en el placentero rio Nanay. Para el final del dia Andrea solo podía pensar “nunca mas regreso a esta jodida playa” y es que casi como calcado le pasaron las mismos eventos desafortunados del año anterior.

Carol se despedía de todos en el aeropuerto, se llevaba consigo hermosos recuerdos de una ciudad alegre y divertida. Pero sobre todo de una prima que le mostró lo emocionante que puede ser Iquitos. Abraza a Andrea y le promete regresar el próximo año para ir nuevamente a disfrutar de una tarde en Tipishca. Ella sonríe brevemente y acepta la promesa con un pequeño abrazo, mientras una frase le da vueltas en la cabeza: “que se vaya a la puta Tipishca”.

20 agosto 2008

CONCURSO DE PAJAS

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)



Han pasado 5 años desde la última vez que vimos a Johana. Dos jóvenes fumando como desempleados en pleno aeropuerto esperando a la viajera de turno. El vuelo Santiago – Lima – Iquitos se retrasó y no nos queda más que matar el tiempo.

Hace una semana que Daniel llegó a Iquitos. Estuvo cinco años viviendo en Arequipa y a pesar de eso no ha cambiado en nada. La misma mirada picara, el mismo gesto despreocupado, el mismo flaco de mierda. Comienza a reír sin motivo, tanto que el humo del cigarrillo lo asfixia. Siempre ha sido raro, pero al ser uno de mis mejores amigos tuve que acostumbrarme a sus excentricidades. Saca un pañuelo con demasiada loción, “Oye recuerdas cuando hacíamos concurso de pajas”. Y en verdad que ese comentario detonó un conjunto de recuerdos con aquellos amigos, porque tanto Johana como Daniel forman parte importante de mi pasado.

Nos conocimos a los 15 años en las aulas de la Roshaca y rápidamente nos hicimos amigos. Johana siempre fue una niña bonita, bastante peculiar, de cabello en el rostro y demasiado rímel en los ojos. No era la típica princesa delicada, más bien era bastante abierta y bromista. Daniel siempre ha sido el típico flaco despreocupado de mierda – no encuentro otro adjetivo para describirlo –, sin complicaciones y soñador.

Ese primer año nos compenetramos a tal punto que hacíamos todo juntos, desde escaparnos del colegio para ir a la playa hasta realizar el ya famoso concurso de pajas, con Johana como jurado. En esos días hacíamos muchas promesas; la que más recuerdo fue acerca de la infidelidad. Johana consideraba a la infidelidad un acto estúpido y ordinario. Nos hizo jurar que jamás seriamos infieles físicamente; porque cualquiera es infiel mentalmente, cualquiera puede follar en sueños a quien quiera, desde Paola Portocarrero hasta Monica Bellucci.

A los 16 ambos nos enamoramos de Johana, fue entonces que comenzó una competición abierta entre Daniel y yo donde hacíamos lo posible por estar a solas con ella y mostrar nuestro mejor galanteo. Después de tres meses de hacer lo posible por enamorarla recibí la primera y mas grande choteada de mi vida, pero alguien tenia que perder y juramos no dejar de ser amigos sea cual sea el resultado. Deje de andar con ellos y, valgan verdades, tardé casi un año en recuperarme. Nuestra amistad peligró bastante. En cambio el amor entre ellos, se hizo más fuerte.

Pero un día desperté y me di cuenta que ya no me afectaba tanto, eran mis amigos y los extrañaba enormemente.

A los 17 entramos a otra etapa de nuestras vidas, la de las relaciones sexuales. Particularmente yo tuve un sueño donde estaba acostado en un campo verde con un sol radiante, y mi pene me hablaba “oe, ya pe, ya es hora de que me uses como se debe”. Fue un sueño algo extraño, pero me dejó pensando; es verdad que hasta ese momento todo eran pajas y no tuve la necesidad fuerte de debutar. Se los comenté y como si estuviéramos conectados ellos sentían lo mismo. Llevaban un año juntos y hasta ese momento todo eran besos, abrazos y toqueteos. Pero ambos llegaron al acuerdo que follarían después que yo lo haga, claro esta que después de querer estar con Johana no traté con ninguna otra, asi que no tenía novia ni postulante cercana. Como la necesidad de ellos de follar era grande y de verdad querían esperar a que yo lo haga primero me ofrecieron acompañarme al prostíbulo “vamo’ pa el chongo”.

No se cómo terminé aceptando, creo que fue el golpe de hormonas que me atacaron de improviso o el miedo que en otro sueño mi pene me recriminara cosas. En verdad estuvieron conmigo, aun cuando los parroquianos miraban con morbo y vergüenza a Johana ella no dejaba de alentarme. Al final me anime por una morena de lindo trasero. Entre al cuarto de fuerte luz roja donde me moría de calor. Estaba nervioso. La meretriz fue amable conmigo. Su aliento era de fuerte nicotina y estaba algo panzona pero fue un ángel conmigo y comprendió la situación al instante. Mi primera vez no fue mala pero tampoco fue la mejor.

Ahora le tocaba a ellos, la idea era que los acompañe hasta las puertas del telo, pero por cosas del destino a Daniel se le cayeron los soles que tenia y yo había gastado lo poco en el chongo, pero ambos querían debutar asi que buscaron una solución práctica, ir a follar a la plaza Ramon Castilla.

Aunque en principio me negué, no pude con sus razones. En la plaza hay un pequeño muelle de cemento y cuando el rio Itaya esta bajo se forma un enorme campo verde. Entre el morbo y cobijados por la oscuridad se desnudaron y comenzaron a consumar el acto. Frases como “oe ¿cómo se pone esta vaina?” (refiriéndose al condón), me hacían reír. Tuve que hacer de campana y lamparín, cuidando que nadie los descubra, tuve que aguantar verlos follar por un rato, escucharlos reír y gemir a la vez.

A partir de ese momento se abrió una caja de Pandora. Ellos trataban de tirar en los lugares menos pensados y yo los acompañaba casi por costumbre, desde el baño de una gasolinera hasta en la huerta del vecino. No sé cuántas veces los acompañé, pero era tan natural para mí que hasta conversábamos mientras lo hacían. Recuerdo que una noche no había nadie en la casa de Daniel, alquilamos una película y preparamos pataconas. Estabamos en la sala y en plena trama se les dio por tirar, tanto así que no me dejaban ver la pelicula. Al final me fui a terminar de verla en el cuarto, al rato escuche un ruido fuerte y encontré a Johana en el suelo sosteniéndose la cabeza y lamentándose de dolor “es que queríamos inventar una nueva pose que no esté en el kamasutra…” quise reírme pero Johana estaba por llorar.

En ese tiempo yo comencé a salir con algunas chicas y me chotearon infinidad de veces. Cuando estaba de enamorado eran relaciones sin importancia y sexo esporádico. Eran buenas chicas pero en cuanto les mencionaba para follar en campo abierto o al lado de mis amigos, me tildaban de degenerado y terminaban conmigo. Es que deseaba la misma libertad y locura de Johana y Daniel.

Hasta que apareció Fiorela. Debo reconocer que me enamoré de ella. Me gustaba demasiado y ya estábamos 6 meses juntos. No necesitaba hacer cosas raras, me gustaba estar a su lado y tener una relación sexual normal. Pero ,como pasa a veces, un dia descubrí que me engañaba, fue fácil darse cuenta cuando la encontré follando en el baño del comedor de la UNAP. Me sentía ofendido y recuerdo que esa noche después de mucho tiempo volví a soñar que mi pene me hablaba, pero esta vez se explayó mas. Tocó varios temas, desde familia y los amigos hasta el amor y la traición. Al despertar de inmediato escribi a mano una carta para ella “Cronicas de un pene ofendido: porque nosotros también tenemos sentimientos” como si fueran los monologos de la vagina expuse lo que se me fue revelado en el sueño. Pero el tiempo cura las heridas y no tardé en recuperarme.

A los 19 años Daniel tenia que irse a estudiar a Arequipa y la familia de Johana se mudaba a Santiago de Chile. Fue un duro golpe para nuestra amistad. Unos días antes de partir ellos terminaron su relación de tantos años. Esa noche ella apareció en la puerta de mi casa, mis padres no estaban y como en un sueño, termine haciendo el amor con mi amiga Johana entre sabanas blancas y escuchando a Jon Bon Jovi. El mejor sexo de mi vida.

Pero esos son solo recuerdos, ahora que han pasado 5 años y una ciudad mutante, ambos regresan al nido. El avión desciende y Johana no tarda en aparecer ante nosotros, nos da un fuerte abrazo, ya no tiene el cabello en el rostro y el rímel no es exagerado.

Caminamos un poco nerviosos por el tiempo que pasó, pero ella sonríe y comenta “ya pe, un concursito de pajas”.

13 agosto 2008

CONVERSACIONES DE HOSPITAL

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)


El hospital regional de Iquitos es de los pocos lugares que llegan a deprimirme. Sus pasillos son largos y el viento silba, surcando las paredes de manera casi imperceptible pero tenebrosa. Sentir el miedo de las personas que llegan heridas, maltratadas o accidentadas, observar el sufrimiento de una madre al perder a su hijo en una cama de hospital, todo ello me recuerda cuán corta es la vida.

Ese dia estaba esperando mi turno para pasar consulta; trataba de distraerme con el telefono móvil, pero aún así estaba afligido. Entre esa incomodidad y los cigarrillos inacabables, no me di cuenta en qué momento aquella mujer que se sentó a mi lado, con el cabello recogido y profundas ojeras, me saludó amablemente. Luego comenzamos una charla que de alguna forma me dejo impresionado.

Ella: Yo ni loca me dejo atender por uno de esos que recien son doctores, aparte de que son inexpertos puede ser uno de esos facilistas.

Yo: Pero señora, estoy seguro que son buenos profesionales, recuerde que no cualquiera puede ser médico.

Ella: Joven hasta hace poco pensaba igual que usted, pero despues de lo que le pasó a mi hijo, ya no lo veo de esa forma.

Yo: ¿De qué habla señora? ¿A qué se refiere?

Ella: Verás, mi hijo ingresó a medicina hace dos años, él estaba muy entusiasmado, nosotros estabamos orgullosos. Pero al poco tiempo tuvo que abandonar la carrera, por las cosas que le pasaron. Todo comenzó cuando poco a poco se estaba acostumbrando a la presion de estudiar para no atrasarse en sus cursos, a veces se desvelaba toda la noche para dar un buen examen, realmente mi hijo se sacaba el ancho para aprobar. Pero un día estaba por dar un examen super difícil, él tenia confianza de que podria aprobar pero una pequeña parte de él tenia miedo. Entonces uno de otro nivel se acercó y le ofrecio todas las preguntas del examen si le pagaba unos 400 soles. Mi hijo quedó sorprendido no solo por el hecho de que le ofrezcan el examen, si no por el hecho de que lo haya conseguido.


Yo: Pero, señora, eso se da en muchas carreras, eso es un secreto a voces, en mi facultad no sé cuántas veces me han ofrecido algun examen, incluso los mismos docentes cobran, pero, valgan verdades, no por ese precio.

Ella: Es que ese no es el punto, existen algunos estudiantes que han hecho de eso una chamba lucrativa, venden los exámenes bastante caros, desde 400 hasta los 800 soles, a veces le ponen precio a las preguntas solamente, desde 40 a 100 soles. Todo depende del curso.

Yo: Sí, es trágico, pero asi pasa, como universitario estoy al tanto de esas cosas; pero su hijo no debio abandonar la carrera por ese motivo, tan solo se negaba y listo, e intentar aprobar por sus propios meritos.

Ella: Espera, que la cosa va mas allá. Sucedió que habian conseguido un examen y comenzaron a venderlo a 300 soles, pero cuando se lo ofrecieron a mi hijo, se negó. El día del examen el profesor habia cambiado todas las preguntas dejando a todos los que compraron la prueba sorprendidos.

Luegon se enteraron que el profesor habia recibido una llamada anónima que le avisaba sobre el robo del examen, por ese motivo el profesor cambió las preguntas. Todos aquellos afectados comenzaron a buscar quién pudo haber hecho esa llamada y mi hijo fue sospechoso. Entonces comenzaron a amenazarlo, llegaron a golpearlo en el baño, pero nada grave, solo un susto. A mi casa llamaban de madrugada y nos insultaban. Mi hijo no quiso soportar mas y por eso decidio retirarse.

Yo: Señora, no imaginé que llegaban a ese extremo, es lamentable lo que le pasó…

Ella: Extremos… eso no es un extremo. Joven, te voy a contar una historia, de ti depende de que la creas o no. Estaba este muchacho que se conseguia los examenes, llebaba buen tiempo haciendo eso y era bastante conocido. Cierta vez había un examen que era sumamente dificil, de inmediato buscaron a este muchacho para que les pasara las preguntas, a los pocos días lo tasó en 800 soles, muchos se negaron a pagar pero muchos más con el afan de aprobar sí pagaron. Cuando dieron la prueba encontraron que el examen era otro, no habían estudiado nada e inebitablemente desaprobaron. Todos fueron contra ese muchacho no porque se sentían estafados, si no porque jalar significaba atrasarse un año. A los pocos días ese muchacho recibio una llamada de su novia diciendole que estaba yendo a Santo Clara y que la recogiese después. Confiado fue sin miedos, pero allí lo esperaban varios compañeros suyos que lo agarraron a golpes.

La golpiza fue tal que se les escapo de las manos y aquel muchacho falleció. No sé, seguro consumidos por la colera no midieron bien sus acciones, pero cuando encontraron el cuerpo, así hubiera sobrevivido, tenía las piernas rotas y la columna maltratada de tal forma que era imposible que volviera a caminar.

Yo: Señora, eso seria demasiado…

Ella: Hijo mío, como te dije, depende de ti si creer en la historia o no. Mira, es mi turno de entrar, fue un placer hablar contigo…

Yo: Igualmente…

06 agosto 2008

DIARIO DE UN MOTOCARRISTA

Por: Enrique Dávila



Calles silenciosas, los bares bulliciosos. Esquinas vacías y putas ambulantes.Borrachos y mendigos, locos y cuerdos. Entre las luces nocturnas se desplaza a toda velocidad.

Silvio es mototaxista desde hace cinco años, trabaja de noche. En este tiempo ha descubierto Iquitos: gente extraña y alucinante, con matices que no se ven bajo el sol asfixiante. Cada noche, durante cinco años seguidos, abraza a su hijo antes de que se duerma y hace el amor con su mujer antes de partir.

Estas son solo dos anécdotas de este año; una parte de su diario de motocarrista:


Jueves 10 de Abril de 2008: Comienza la faena nocturna, es una noche cualquiera, de aquellas que no me importa quien se suba al motocarro, si tiene dinero es bienvenido; así este borracho, así este sangrando, así este pariendo. Si tiene para pagar, yo conduzco.

Sube un pata de mirada perdida, habla en voz alta como si fuera sordo y no deja de escupir. "Mancha, al hospital regional". Enciendo el motor y lo transporto lo más rápido que puedo, no me gusta tener gente así mucho tiempo, puede ser un pendejo que en cualquier momento saque un cuchillo y me amenace, o solo un idiota que por no pagar la carrera salte mientras conduzco sin importarle nada (se han dado casos, ya me paso alguna vez).

Llegamos a la pista de estacionamiento del hospital, donde vienen a practicar los novatos, los que recién están aprendiendo a conducir, o los que simplemente quieren aparrar con su hembra. Me pide que espere un momento, de pronto otros motocarros comienzan a llegar, hacen una rueda. La agitación aumenta: jóvenes que vociferan cosas que no termino de comprender; uno de ellos habla acerca de la timba, sacan dinero del bolsillo y comienza el ritual; otro explica brevemente sobre las "reglas" de que solo se permiten puñetes y patadas y si cae al suelo tener que esperar a que se levante; entonces alguien pregunto quien comenzaría a lo que mi pasajero dio un salto enorme que remeció todo el mototaxi y antes de caer al suelo ya se había quitado la camisa y el reloj.

Era una simple pelea callejera con apuesta, pero los muchachos le ponían ganas, un golpe cruzado, una patada en el estomago, un ojo morado. Todo era alucinante, estaban extasiados. Yo podía diferenciar el olor de la marihuana que se entremezclaba con la nicotina, el trago en el suelo y vasos de plastico estrujados. Una pequeña fiesta en plena calle sin miedo a ser arrestados.

A mi pasajero le rompieron la ceja, le hincharon un ojo y le partieron un labio, pero ganó la pelea porque su contendiente terminó noqueado de un puñetazo que le rompió el tabique nasal; lo interesante es que al final se abrazaron, se agradecieron y felicitaron por tan buen combate.

Alguien preguntó: ¿quién quiere ser el siguiente?, a lo que varios de los presentes levantaron la mano y dijeron en coro "yo"


Viernes 06 de Junio de 2008: Noches como esta no son productivas, a veces uno no hace una carrera pasado buen rato. Aparte, se debe tener bastante cuidado a quien vas a llevar. Por ejemplo, cuando un tipo te pide a las 02:00 am que lo lleves a tal lugar y sabes que ese sitio es un descampado oscuro o simplemente sospechoso, es mejor negarse porque fijo que es un hijo de puta que quiere robarte. Lo mismo con las mujeres, debes tener cuidado con la que coquetea contigo, no lo hace simplemente por que esté arrecha. He escuchado casos de mototaxistas que se las llevan a tirar en tal lugar, pero luego salen varios malandros, terminan por molerte a palos y te roban hasta el calzoncillo.


03:10 a.m. Lo bueno del "Plan zanahoria" es que los pasajeros aumentan de golpe; y esta noche sin suerte le haré guardia al Noa. No demoran en salir, desde las chibolas bien ricas hasta los borrachos huevones, es solo cuestión de esperar, tener paciencia y uno se acercara.

De entre esa multitud un muchacho se acerca, bien vestido, un blanquito, un pituco. Quiere que lo lleve hasta la Urb. Sgto Lores. Al llegar me pide que lo espere un momento, entra a lo que supongo es su casa y un minuto después sale con tres bolsas negras, saca un billete de 20 lucas y me propone hacer otra carrera, no me niego, esta pagando. Saca el telefono celular y habla en voz alta, algo de hacer deporte. Al rato recojo a otro huevon, una vez juntos y riéndose sin sentido me dicen que los lleve al mercado central.

En el camino en una esquina estaba un travestí esperando por clientes, estoy tan acostumbrado a verlos, incluso les hago carreras, son buenos clientes, pero no atraco otra cosa que no sea dinero. De pronto uno de ellos me dice "broder, anda despacito al lado de ese rosquete" no tengo problemas, ya me ha tocado antes llevar huevones que se los levantan. Pero para mi sorpresa, uno de ellos se baja y con bolsa en mano se lo arroja con todas sus fuerzas, entonces me di cuenta que contenían basura. "¡'On arranca!" y por acto reflejo obedezco. El travestí nos corretea una cuadra, insultando a todo pulmón. Mis pasajeros no dejan de reír.

Poco después les pido que se bajen porque no estoy para esas vainas, entonces uno de ellos me grita que es solo un pasatiempo, casi un deporte para ellos, que los relaja, que los divierte. A mí no me importa lo que hagan, pero no me gusta ser participe. Pero vuelve a sacar dinero del bolsillo un billete de 50, "solo hasta el mercado central y de allí a mi casa" y soy tan débil, 50 lucas de golpe, sumado a los 20 que ya me dio, no puedo negarme.

Llegamos al mercado, no dejan de reír, de verdad les divierte esto, buscan una presa, alguien, cualquiera. Divisan a un piraña durmiendo en una silla. "Ese huevón", se acercan sigilosos, a un metro, como si fueran los juegos olímpicos, hacen girar varias veces la bolsa, a tantas revoluciones como sea posible, y se lo lanzan en plena cara "toma conchatu..." y vienen hacia mi corriendo y riendo a todo pulmón.

Arranco dejándome llevar por el momento.

Era hora de llevarlo a su casa, pero el pata pide que espere un momento y regresemos, aun queda una bolsa y los fumones y pirañas son inacabables. Su deporte, lo hacen para relajarse.

No puedo negarlo yo también comencé a reír.

En honor a la verdad, yo también me estaba divirtiendo.

30 julio 2008

EL GRAN DANES

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)



Eldemiro era inmenso, el más alto de la clase, el extranjero, “el gringo”. Y es que no era poca cosa, con su metro noventa y tres de altura era un gigante para sus quince años.

Eldemiro impresionó desde el primer día que apareció en el aula, aquella mañana la profe de lenguaje lo presentó:

- Hoy se integra un nuevo compañero. Ven, no tengas vergüenza.


A medida que daba un paso el suelo temblaba, como si una manada de huanganas atravesara el bosque. Todos nos lo quedamos viendo: Cabello rubio, piel muy blanca como si nunca le hubiese dado el sol, y ojos profundamente azules. Era un extranjero entre nosotros, pero lo que verdaderamente llamó la atención fue su enorme tamaño, casi tocaba el cielorraso, al saludarnos sus manos eran tan grandes que podía coger la cabeza de cualquiera y estrujarlas a su antojo. Mis compañeros tenían la boca bien abierta y los ojos desorbitados. Hasta que nos saludó.

- Ho… hola, mi nombre es Eldemiro.


No se si lo mas raro fue que supiera hablar en español, que pronunciara muy bien las palabras (y no mordido como todo gringo que aparece por acá), o que se llamara Eldemiro. La profe lo invito a sentarse, nuestras carpetas eran de esas bipersonales (la compartías con un compañero todo el año) y para mi suerte la mía era la única vacía. Y otra vez comenzó a temblar la tierra con cada paso del muchacho, los lápices caían al suelo, se podía escuchar el eco de sus pisadas en los pasillos, y las aves se daban a la fuga. Estábamos tensos, una orquesta de latidos acelerados, como una buena peli de suspenso (con música y todo).

- ¿Puedo sentarme a tu lado?
- S.. ss… shh.. si…

En ese momento trató de acomodarse pero no pudo, trataba de sentarse, sacaba una pierna, se movía a un costado, tambaleaba, etc… Al verlo todos estaban consternados.


- Profesora, no alcanzo…


Y es que la carpeta era muy pequeña para él, todos nos echamos a reir, yo tampoco pude contenerme e incluso Eldemiro se tomo la cabeza y sonrió alegremente. Toda la tensión había desaparecido, era un simple compañero en un sencillo aprieto fuera de lo común; claro que la solución fue que usara toda la carpeta y se sentara de costado, mientras a mi me toco usar una banca que había por allí; pero no me importó.

A la hora del recreo comenzó el interrogatorio por parte de los chismosos del salón:

-Eldemiro, ¿de donde eres? – pregunta Anita, sonriendo coquetamente.
- Soy de aca…
- ¿De Iquitos? No te creo – contradice Jorge, tratando de no hacerlo enfadar.
- Sí, de verdacito… soy de aca.
- Pero tus papás no son de aca… - comenta Luis, mientras come pan con huevo.
- Bueno, mi papá si, mi mamá es de Dinamarca.
- Ah, ya ves, entonces eres dinamarquiano – exclama Gisella, jugando con su cabello.
- Qué bruta eres, se dice “dinamarquino” – explica Julio, acomodándose los anteojos.
- En realidad se dice danés…

Todos nos pusimos a reír.

Eldemiro nació y creció en Iquitos, su madre llego a esta ciudad dejando atrás su familia y su pueblo natal en la lejana Dinamarca; se enamoró y casó con un hombre tranquilo y dedicado a su trabajo. Le pusieron Eldemiro en honor a su abuelo paterno, al final su nombre completo era Eldemiro Peter Tuanama Kierkegaard.

Nos llevamos muy bien ese año que estudiamos juntos, en realidad se llevo bien con todos, buen estudiante, buen amigo. Pero aun quedaba la curiosidad por ser un gringo en el aula, y a veces no podía dejar de preguntar cosas.

- Oye, ¿y en que te pareces a tu papá? porque por donde te mire no tienes nada de charapa.
- Bueno, mi abuelita dice que tengo sus pestañas…

23 julio 2008

INMORTALES

Por: Enrique Dávila (Ikitozz City)



Hace una semana fui a visitar la tumba de mis abuelos paternos, de esos abuelos que te cargan al nacer, de la abuelita que cocina rico y del “abue” que no se cansa de pasearte en su espalda. Pensar en ellos me trajo una increíble nostalgia, y es que eran los típicos loretanos, los típicos iquiteños, arraigados a sus costumbres y forma de ser inigualable.

Mi abuelito Lenin, maestro de profesión, hombre sabio, tranquilo y cariñoso, amaba a sus 8 hijos por igual. Mi abuelita Olivia, mujer de carácter fuerte, sin pelos en la lengua, era de esas personas que cuando te veía a los ojos penetraba hasta tu alma.

Mis recuerdos de Lenin siempre comienzan con un abrazo “eres maravilloso” y después jugaba conmigo tratando de encontrarme en la huerta, entre los mameyes y los cocos. Simplemente era lo máximo, tenía un sinfín de historias; como la vez que luchó con un otorongo solo empuñando un machete, o la vez que se topo con cazadores nómadas indígenas y le enseñaron a alucinar con el veneno de una rana. Es cierto que Lenin exageraba sus historias, pero para un niño de 9 años aquellos relatos eran invaluables.

Mis recuerdos de Olivia son de la abuela “chocha” con los nietos, era la amiga y muchas veces consejera de un niño que paraba alucinando. Entre esas memorias están mis días de secundaria cuando me “hacia la vaca” del colegio, llegaba a su casa y siempre me preguntaba:


-¿Porque no fuiste a clases? – con el rostro serio y el mandil de cocina amarrado a la cintura, a lo que yo le respondía.
- No me dejaron entrar porque no me corté el cabello – ella conocía esa artimaña recurrente, pero se hacia la desentendida.
- Pero si tu pelo está corto, qué más te vas a cortar, tus pendejos… ya, quédate un rato y luego te vas a tu casa, y esta es la última vez, te crees que no se lo diré a tu madre.

Y nunca se lo decía. Así era mi abuela, en vez de delatarme, prefería aconsejarme, y valgan verdades, me gustaba escuchar sus consejos.

Pero el tiempo es implacable y pasa sin aviso. Un día, Lenin, con 81 años, se sentó en su mecedora a tomar una siesta, como siempre lo hacía en las tardes calurosas; pero ese dia no volvió a levantarse. Hasta ese momento no era conciente de cuán querido era mi abuelo. A su funeral fueron muchas personas, desconocidos lloraban su perdida, ex alumnos que ahora eran profesionales, reconocidos profesionales: “adiós profe” “Lenin te queremos”. Uno no podía dejar de sentir orgullo de ser su nieto.

Cuando mi abuela enfermó fui a verla al hospital. A ella le contaba muchas cosas, incluso el hecho de que comenzaba a gustarme escribir. Ella, fiel a su estilo, acomodándose en la cama me preguntó.

- ¿Y qué escribes? – sosteniendo mi mano.
- Lo primero que se me ocurra abue...
- Si vas a hacerlo, hazlo bien, escribe sobre lo que te gusta, sobre lo que conoces, y sobre lo que te dé la gana, no te pongas tapujos, si tienes que decir algo lo dices, las palabras son maravillosas, mi pequeño… pero debes saber usarlas.No tengas miedo, no siempre te va a ir bien, pero debes confiar, confía que todo es posible.

Ese consejo marcó mi vida.

Aquella noche, una mujer maravillosa partió, detrás de ella una enorme familia la abraza y sonríe con las anécdotas inmortales que danzan con su memoria, como la vez que estando embarazada de 8 meses se arrojo al Amazonas y nadó con todas sus fuerzas para salvar a uno de sus hijos que se ahogaba. Y es que era la viva imagen de la mujer fuerte, la mujer aguerrida, la luchadora incansable… una verdadera loretana
.