22 abril 2007

VIRGINIA TECH: LA CULPA NO ES DE OLDBOY (II)

Oldboy es una película bastante extraña. Cuenta la historia de un borrachín mediocre que de un momento a otro es secuestrado, sacado del mundo real e insertado en un cuarto sin acceso a ningún posible lugar, salvo el encierro mismo, en el cual anónimos personajes rocían su habitación con gas somnífero durante noche y le curan las heridas que se inflige, como consecuencia de la falta de libertad, que se prolonga por más de 15 años. Luego de este periodo, probando todas las formas de aflicción y tormento, teniendo como única compañía a una televisión paralizante, misteriosamente es liberado. Endurecido por el destino, su principal misión será buscar venganza y asesinar a todos aquellos que le colocaron en aquel surrealista limbo. Pero en esa búsqueda incesante por saldar cuentas con el pasado, descubrirá terriblemente, que éste lo ha desbordado por completo.

Inspirada en un conocido anime, estrenada el 2004 (en el Perú se pudo ver el año pasado), Palma de Oro en el Festival de Cannes, parte de una “trilogía de venganza” ideada por el cineasta surcoreano Park Chan-Wook, Oldboy posiblemente sea uno de los más extraordinarios filmes que he visto en mi vida. Sin embargo, ha sido acusada directamente por algunos medios de prensa como influencia principal que tuvo Cho Seung-Hui, un sombrío y desequilibrado joven de 23 años, para desatar a mediados de semana la matanza de 32 estudiantes en el campus de la Universidad Politécnica de Virginia, el peor asesinato en masa de este tipo en la historia norteamericana. Seung-Hui envió fotos y textos la cadena NBC, uno de ellos en los cuales emularía una clásica escena con un martillo (miren sino una
memorable escena de pelea con esta herramienta). De ahí se han servido cierto intereses para trasponer la culpa de toda aquella masacre a la hiperviolencia irreal y estilizada de la película.

Anteriormente, publiqué en este blog
un comentario rechazando el hecho de que esta espiral enfermiza fuera exclusiva influencia del mundo fílmico. Sin embargo, algunos mis eventuales lectores – inteligentes y agudos – han señalado que esa es una incongruencia, pues la cantidad de violencia que baña las pantallas de cine es innegable; las imágenes de contenido extremo marcan el subconsciente humano, incluso que los creadores de películas de este tipo no están equilibradas mentalmente. Incluso, preocupados por el terrible saldo, sugieren que se las evite poner en cartelera para no generar más instantáneos y tristemente célebres émulos.

Mi comentario es muy simple: no creo que las películas, por sí mismas, lleven un mensaje inherente de maldad. No estamos ante una suerte de “hipnosis mortal” que dicta el próximo asesinato a ciertos individuos “sensibles”. Una persona potencialmente desequilibrada encuentra estímulo para desatar su prédica en cualquier espacio disponible, no solo en las películas. Lo puede encontrar en la realidad, en los noticieros y medios de prensa (que prologan crímenes diversos e inventados con afán sensacionalista impresionante). También lo puede encontrar en la literatura, en los video juegos, en los policías de migraciones, en los deportes extremos, en las barras bravas, en la iconografía fundamentalista, en las matanzas de “fe”, en George Bush y su terrorismo “salvador”de Irak, en las tendencias acomplejantes de la estética, en los clubes nocturnos choleadores, en las ideologías discriminadoras, en la Enciclopedia Británica y en la Biblia, ejemplos de historia y creencia que muestran violencia desde la asepsia de los hechos y la ideología como contrabando de alegorías como el de la “ley del talión” o la “selección racial”. Siempre hay un caldo de cultivo, que la labor del Estado es detectar para poder manejar de mejor modo, tanto en prevención como en coerción, y neutralizar a potenciales agresores del colectivo.

Una sociedad donde no hay control de armas, donde la paranoia es moneda corriente, donde hay poca comunicación, donde hay una competencia cruel y desleal, donde el “éxito” no es un requisito sino una obligación, donde falló el hospital psiquiátrico que tuvo a su cargo la génesis clínica de Seung-Hui, donde fallaron los sistemas de seguridad que hubieran evitado la acción homicida no puede acusar a un filme de cargar con la responsabilidad que es generalizada, a pesar de la crueldad inherente del mundo. Las películas pueden influir, pero al final las acciones las realizamos nosotros. Si tenemos un soporte emocional importante, las crisis pueden ser solucionadas y las tragedias evitadas. La culpa de Virginia Tech no la tiene Oldboy. Como diría Wes Craven, “la realidad es innegable, y esta termina deslizándose insidiosamente en las películas”

1 comentario:

Rubén Manrique dijo...

Hola Francisco, tú sabes que no soy crítico de películas pero a raíz de lo que leí en tu artículo del lunes 23 de abril en un periódico muy conocido sobre este tema, un párrafo del mismo me lleva a comentar esto:
Estoy de acuerdo contigo en que no se puede alegremente buscar culpables en las peliculas como OLDBOY,atc, pero me llama la atención el hecho de que no se esté considerando entender más a profundidad a la cultura anglosajona, es verdad esos casos así terribles con esas características, mayormente suceden en ese país y es importante considerar cuando dices: " la labor del Estado es detectar para poder manejar de mejor modo, tanto en prevención como en coerción, y neutralizar a potenciales agresores del colectivo."
Es interesante eso Pako, porque esto me parece una paradoja (puedo equivocarme)y por eso me pregunto algunas cosas que comparto contigo.
Si nos preguntamos porqué para esa nación es importante que sus ciudadanos estén armados y además como un derecho constitucional:

ARTICULO II

"Siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre una milicia bien organizada, no se coartará el derecho del pueblo a tener y portar armas".
(Artículos Adicionales y Enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos de América)

Francisco, eso me llama la atención y me pregunto, porqué los nortemaericanos si siempre han creido en un gobierno que los proteja y garantice su seguridad, libertad y justicia derrepente le da poder de portar armas a sus ciudadanos y constitucionalmente?, ¿acaso desconfían de los hombres que ellos eligen como gobernantes?,o tal vez están convencidos que el hombre es despótico por naturaleza?,Temen acaso que su gobierno cambie su función para el que ha sido elegido?.
Amigo, comparto también contigo los otros aspectos de tu comentario(es obvio la realidad es innegable) pero lo de la competencia "cruel y desleal", el "éxito como obligación", me deja también ciertas dudas y preguntas que son materia para conversar más y pueda encontrar respuestas, pero cuando nos volvamos a encontrar en el mismo café miraflorino de la vez pasada. Un abrazo amigo.