
“La peor de las democracias es preferible a la mejor de las dictaduras”, dijo en una conferencia desarrollada en Amán denominada “Confesiones de un novelista”, organizada por el Instituto Cervantes y la embajada de España.
El evento, centrado en la forma como los acontecimientos políticos influyen en la literatura, sirvió para que el novelista descargara nuevamente sus baterías contra los gobernantes a los que cuestiona habitualmente.
“Odio las dictaduras como las de Castro y Chávez”, enfatizó, pese a que reconoció que la Revolución Cubana tuvo esa influencia positiva en la literatura y consideró que la emergencia de la literatura de América Latina en el mundo se debió a razones políticas más que culturales.
“La Revolución Cubana actuó como un catalizador para la literatura latinoamericana en aquellos días, porque los europeos, en especial los franceses y aún más la izquierda francesa, le concedía una atención particular, como si fuera algo legendario”, argumentó.
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