
Christian Bendayán, nuestro conocido talento local y curador de esta singular muestra, también lo creyó así. Porque, más allá del evidente e innegable esgrima pop de la daga pictórica de Chávez, sabía que en la evolución estaba la respuesta. E-vo-lu-ción, señoras y señores. Reinvención. Retorno a lo básico para dinamitarlo y volver una vez más al big bang. En la era de la cultura popular, Bendayán señala que todo ya está escrito o mostrado. Lo novedoso estriba en tallar las aristas necesarias, tantas como fuera posible, y darnos nuevamente el mismo producto, pero enormemente diferente. Enormemente atractivo.
Y en ese sentido, Bendayán es a la vez cerebral y revolucionario. Cerebral porque ha sabido lograr un exacto balance de los principales artistas que tocaran el tema de lo mágico y sagrado en las diversas visiones (diversas edades- diversas tendencias, mediante) sobre la base de sus experiencias con el ayahuasca. Revolucionario porque los ha sintetizado en un registro tan particular que al final ha terminado creando un mundo tan complejo que es difícil no aplaudir. De pie, inclusive.

Eso sí, en la muestra y el catálogo, que reunió en un mismo proyecto a artistas nativos, populares y urbanos, se destaca lo mejorcito de este arte. Y se nota el cariño con que han trabajado los involucrados. Desde el propio Bendayán, quien me señala que ésta quizás sea su muestra más ambiciosa e importante, en la cual no ha participado como artista, por lo demás. Allí, además está el equipo de trabajo y de edición gráfica, Radio Belén, entre ellos Gaby Germaná, Lala y Sergio Rebaza. Todo esto no hubiera caminado de ningún modo sin el apoyo decidido de Gustavo Buntix y Armando Williams.
Y porque, además, La Soga de los muertos trae un par de bonus tracks de bizarra sintonía y mejor escritura. El primero es esa descripción tan precisa que Luis González-Polar, "Puchín”, hace sobre su experiencia personal. Todo un iluminado el Gordo:
Ayahuasca, chacrunita,/ plantitas de curación,
llamen a todos los espíritus y genios de protección,
chullachaqui, dueño de los montes,/ yushin taita, padre espiritual,
allpa runa, dios de la tierra,/ lamparillas, luces de los ríos,
yacurunas, médicos del agua
ayahuasca, chacrunita, / plantitas de curación.
Además, obviamente, Gino Ceccarelli, en un ensayo escrito a cuatro manos y mil corazones, nos trata de contar la evolución de la pintura amazónica. Sin pretender erudición, es posiblemente uno de los intentos recientes más valiosos por explicar un devenir pictórico loretano y adyacente.
Y, claro está, no podía faltar el trabajo propiamente plástico. Desde artistas de origen nativo e indígena como Pablo Amaringo, Agustín Rivas, Francisco Montes, Yolanda Panduro, Santiago Yahuarcani, pasando por no amazónicos como Juan Osorio, Rocío Rodrigo, Alfredo Márquez, Harry Chávez; incluyendo además artistas loretanos de formación profesional como Nancy Dantas, Rafael Díaz, Ceccarelli,, autodidactas de esecnia indígena y devenir urbano como Iginio Capino, además el legado importante y valioso del tempranamente malogrado pintor bora Víctor Churay, entre otros.

Ilustraciones (De arriba a abajo):
Foto 1: Mamá Icaro, de Alfredo Márquez
Foto 2: Visión Aérea de la Huaca, de Harry Chávez
Foto 3: El primer goce, de Gino Ceccarelli
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