Imágenes del concierto que dio el Poder verde, Juaneco y su combo, en la discoteca Vocé de Lince. Un concierto espectacular y el relanzamiento de la nueva etapa del famoso grupo pucallpino. Hasta Magaly TV estuvo allí con sus cámaras y sacaron esta nota ( incluyo también lo que captó un video aficionado, cuyo audio esta algo monse, pero sirve como para ver la emoción del concierto)
Y para quienes tienen interés en seguir un poco la trayectoria del grupo, pueden ver este video levantado originalmente en la web de El Comercio.
La procesión del Niño de la Caja, una de las actividades más sui generis y creativas que se llevan a cabo en Iquitos con ocasión del día del trabajo salió otra vez a la calles. Esto coincidió con la presencia de un grupo de productores, quienes por encargo del responsable del proyecto, el conocido periodista José María Salcedo, el "Chema", estarán filmando escenas de un documental titulado "Amazónico Soy"
Niño Jesús de la caja es uno de los protagonistas. Niños de todas las edades y condiciones sociales, personas adultas y hasta extranjeros participaron la tarde de ayer en la procesión del patrono de los niños trabajadores. La imagen del “Niño Jesús de la Caja” fue paseando en andas por diversas calles de la ciudad. La imagen partió desde la sede de la Restinga donde nació la devoción al que los menores trabajadores de la calle consideran un patrono. El anda con el Niño Jesús de la Caja fue paseada en hombros de hombres, mujeres y niños llegando hasta el Hogar de Menores en el distrito de Punchana donde recibió el homenaje de los que allí se encuentran albergados.
Con la salida de la procesión del Niño Jesús de la Caja se inició además la grabación del documental “Amazónico Soy” que es producido por José María Salcedo y un equipo de profesionales llegados de la capital al que se suman profesionales de Iquitos. Durante 10 días los niños de la Restinga junto a otros personajes formarán parte de un sin numero de historias narradas por ellos mismo. En los próximos días se ira conociendo las locaciones donde inclusive podrán participar los propios pobladores de esta espectacular producción.
De lo que me había comentado anteriormente "Chema", la idea es crear un relato en el que a partir del trabajo artístico que se realiza en lugares como la Restinga y sobre aquello incidir en trabajos plásticos más elaborados (Bendayán, Ceccarelli, Grippa, artistas indígenas como Brus Rubio) e ir contándonos parte de la vida cotidiana en la ciudad y en parte de la región conociendo detalles como esta procesión tan peculiar. Se prevé que haya mucha participación de los involucrados, así como gente común y corriente. De paso, es una producción audiovisual que pretende difundir con bastante detalle el tema amazónico y la movida cultural que se está gestando en la actualidad.
A partir de hoy hasta el fin de semana, en escenarios de la carretera hacia Nauta, se llevará a cabo el rodaje de Inmortal, un cortometraje dirigido por el cineasta loretano Dorian Fernandez (creador de Chullachaqui) y producido por Audiovisual Films, basado en un relato corto escrito por mí hace cuatro años. Un equipo periodístico de un importante diario nacional estará en el rodaje, y hará una nota sobre este corto, que es el preámbulo del próximo largometraje de Audiovisual, a ser filmado enteramente en escenarios loretanos, llamado tentativamente "Nos están llamando".
Este corto, de aproximadamente siete minutos de duración está previsto que sea estrenado a finales de junio. En la actuación principal estará el actor loretano Rubén Manrique.
Y para quienes no leyeron este relato, ideado en el 2003, muy en onda mística, X-files y videoclipera, se los dejo en su versión original, de la cual tomará elementos principales el trabajo dirigido por Fernández.
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Se detuvo a orillas del río, dejando descansar brevemente su corazón, tiranizado por aquellos días desbarrancados a través de la frondosa geografía del miedo. Los rigores del éxodo habían acelerado su proverbial incontinencia, expuesta sin pudor entre aquél punto exacto donde se conjugarían simétricamente, como una cósmica tautología, el tiempo con su destino marcado: los ansiados dominios del tigre azul, Oro Blanco. Aplacó los apremios de su vejiga, dejando pasar un fugaz cosquilleo epidérmico. Sintió escalofríos. Con instantáneo reflejo, retomó apresuradamente el sendero. Ellos también estaban allí, enfundados en aséptica parafernalia, desafiando la naturaleza con simétricos equipos de sensibilidad artificial, estableciendo con sinfónica simetría la densidad de sus tácticas multinacionales de rastreo. La razón era algebraica: prevenían una posible contingencia, estarían dispuestos a anular cualquier resquicio de malsana libertad, redoblarían con extravagancia tropical ciertos detalles, anecdóticos al fin y al cabo, propios de la cacería. La orden estaba dada. El procedimiento establecido por el cuaderno de incidencias del Protocolo debía ser aplicado con todo el científico desdén de que estaban suficientemente adiestrados.
Un primer oleaje de vértigo surgió de la nada, precedido por chirriantes golpes de sonido, un taladro que rápidamente fue introduciéndose en sus sienes, desintegrando paulatinamente el sistema nervioso. Bajo el influjo de la metástasis, el dolor ejerció su trayecto caníbal a través de la masa muscular, triturando huesos, desnudando anticuerpos, contaminando con virulenta afección cada endógena comisura de su anatomía. Rostros, paisajes, sonidos y olores transpusieron velozmente sus ojos; inmediatamente comprendió aquellas memorables imágenes que se proyectaban en la electricidad de la memoria; las canciones de cuna de su madre, el aroma de Laura en la intimidad del lecho conyugal, los mediodías calurosos en Yaquerana, la ausencia olisqueando sus inermes señoríos. Todas representaban un nuevo Reino conquistado. Dudó un instante que realmente estuviera vivo. Condensó la penumbra en un pestañeo: hemorragia cerebral, ausencia de respiración, paro cardiaco. Un pavor indescriptible se apoderó de sus manos. No quería volver a experimentar la ira de Dios sobre su lacerada existencia.
El círculo se iluminó a un kilómetro de distancia. Ellos también lo divisaron, a pesar de la insolente oscuridad. Instintivamente, rastrillaron sus armas y activaron el sistema de autodefensa. La noche era demasiado obscena para su perplejidad. Lo único que buscaban era destruirlo, no había más alternativa. Él corrió torpemente hacia la humeante centella con las escasas fuerzas que aún resguardaba en su voluntad, tropezando en su enajenada huida con lianas, troncos, tibias superficies y húmedos organismos, percibiendo sólo la densa monotonía del bosque. Sintió el olor de las madreselvas y las cucardas. Entre la distorsión sonora, escuchó ecos de un idioma nuevo e indescifrable dentro de su prosaico saber. El aire fue adquiriendo una pesadez opresiva. Sus articulaciones quedaron petrificadas, inmóviles, su mandíbula se tornó en piedra absoluta. Inmediatamente quedó ciego. Sabía que no había nada más que intuir, salvo que estaba hincado ante su propia reminiscencia de muerte. Memento mori. Se desplomó agónicamente sobre la fangosa escenografía; ya sin audición, ya sin noción del espacio; casi al instante en que una llamarada lo abofeteó con violencia, calcinando su piel, metamorfoseando las flamas en adormecedoras caricias; luego en cosquilleo bendito, finalmente en una señal de paz eterna.
Los extranjeros dispararon inútilmente. El gigantesco disco flotante cerró su acerada plataforma, inundando con luz brillante y resplandeciente el río Napo, para luego dispersarse supremamente por los confines del Universo, portando en su seno el bienaventurado cuerpo de Jimmy Melecio Tangoa Tananta, pastor de ovejas descarriadas; flamante ascendiente al Reino de los Cielos el día de hoy, Sábado de Gloria en el rojo almanaque de los pensamientos oprimidos.
En 1974 mis padres se instalaron en Pucallpa, tres años después, cumpliendo los diecisiete años viajé a la capital por varias razones. La primera es que mi vocación de querer ser artista se había consolidado y quería postular a la Escuela de Bellas Artes de Lima. La segunda razón era que mis "patas" pucallpinos empezaban a tener hijos y otros se estaban casando. Eso no iba conmigo. Y la tercera razón de mi mudanza fue que empezaba a aburrirme en Pucallpa y necesitaba respirar nuevos aires.
Ingresé a la Escuela de Bellas artes y me pagaba mis estudios trabajando en un depósito de carretas ambulantes que en esa época (había miles) se habían apoderado del centro de Lima.
En vacaciones y casi todos los fines de mes viajaba a Pucallpa por carretera para visitar a mis padres y amigos. La mayor de las veces lo hacía "tirando dedo" porque mi presupuesto era escaso. Cuando hacía esto, tomaba un ómnibus hasta la garita de control en Matucana y allí me contactaba con los interprovinciales que cobraban poco pero, uno tenía que viajar en el pasadizo del ómnibus. Otras veces en camiones (también cobraban alguito) y me podían acercar hasta Cerro de Pasco, Huanuco o Tingo María para luego tomar otro transporte hasta mi destino final: la polvorienta Pucallpa.
En uno de los tantos viajes logré llegar hasta Tingo María, se me había acabado el dinero y los camiones y omnibuses que iban a Pucallpa querían que se les pague aunque sea un sol. Pasaron las horas y casi al anochecer un camionero aceptó llevarme gratis con la condición de que vaya en la parte de atrás y que me acomode entre los bultos que transportaba. Le agradecí, me instalé y empezó el viaje. Poco más de la medianoche el camión se detuvo, de pronto vi que el chofer subía a la parte de atrás con un enorme machete. Me aterroricé. El tipo era un serrano alto y gordo, alargó la mano con el machete y me dijo:
-"Toma, al primero que se suba a robar, le metes un machetazo!".
Ante mi desconcierto me explicó que estábamos a punto de subir el cerro llamado La Divisoria y que en ese lugar había ladrones que aprovechando la lentitud del camión cuando subía, se trepaban a la parte de atrás y tiraban las mercaderías, sacos, cajas y todo lo que podían mientras que otros rufianes iban recogiendo del camino.
-"¿Tu crees que te traigo gratis, cojudo?" "Confío en ti, si me roban, tu pagarás las consecuencias"- sentenció.
El camión arrancó y empezó a subir La Divisoria. Yo tenía en la mano un machete de casi un metro, las piernas me temblaban, sudaba frío y sentía calambres en el estómago. Jamás en mi vida pensé en la posibilidad de meterle un machetazo a quien sea. A lo único que atiné fue a hacerme un espacio entre los bultos y cajas, una especie de pozo en donde me metí y me tapé con todo lo que podía. Heroicamente me escondí.
Pasaron como tres horas de angustias y miedos. Felizmente esa noche no hubo ladrones. Estaba amaneciendo y cuando sentí que el camión no subía más y se detenía en la berma de la carretera salí rápidamente de mi escondite, me paré en medio de los bultos y con el machete en ristre y en actitud desafiante miraba el horizonte. Parecía una estatua de algún héroe. El camionero al verme se quedó admirado de mi gallarda actitud y me preguntó:
-"¿Hubo algún problema?".
- "En realidad no” -le dije- “algunos quisieron subir, pero cuando les amenacé con el machete bajaron despavoridos".
-"Es usted un joven valiente, como usted hay pocos", me dijo emocionado.
El resto del camino viajé en cabina y el fulano me invitó un desayuno como Dios manda. En Pucallpa nos emborrachamos y al final me obsequió una caja enorme de manzanas y un saco de choclos.
Fue un súper concierto. Miguel Bosé , de negro, con una panza abultada y una vitalidad de hace treinta años. Y el recinto de la explanada del estadio Monumental totalmente lleno, con más de quince mil personas dentro de ella. Varias canciones populares como Bandido, Duende, El hijo del capitán trueno, Amiga, Te amaré, Nena, Morir de amor, entre otras. De ellos, algunas imágenes del Youtube:
Si quieren algo más selectivo y de mejor calidad visual, visiten la nota de RPP y el video levantado en la página de El Comercio.
Nací en Iquitos, en una casa con techo de calaminas y gatos ladrones. Fui un muchacho tranquilo, a pesar de Alan García y el acné. Estudié Derecho para tener acceso a la biblioteca de mi universidad. El periodismo me descubrió oficios decentes en medios escritos. He participado como columnista, ensayista, narrador cronista y analista de diversas publicaciones (muchas más de lo que merezco y debería). He trabajado en todo lo que cayó para parar la olla: promotor cultural, coordinador de eventos, negro literario, conferencista, organizador de semanas turísticas, comentarista radial, jurado de concursos de belleza, editor de videoclips, libretista, asistente de cinematografía, representante de ventas, acompañante de RR.PP. Mi cuenta bancaria atraviesa la desnutrición absoluta. He publicado en coautoría “Libro de Estilo de Kanatari” (2004). Tengo mi espacio semanal en Pro & Contra, escribo notas sobre cine en un portal web y administro este blog. Acabo de publicar el libro de crónicas IQT (Remixes). Añoro la asepsia de los aeropuertos y el olor de los aviones. Siempre me estoy yendo, no sé por qué.