08 junio 2008

INDIANA JONES EN EL AMAZONAS

Mi generación le debe mucho a la dupla Steven Spielberg/George Lucas. Le debe, por ejemplo, una variedad de imágenes que se han repetido en la memoria, como estrellas ardientes que se encienden en los momentos menos pensados. Le debe, además, un sinfín de personajes caóticos, marginales, extravagantes o rebeldes que han enriquecido la galería personas de héroes contemporáneos. Cómo no, la deuda estaría parcialmente saldada si no incluiríamos dentro de ella toda aquella andanada de aventuras generadas a través de tierras inhóspitas y fantásticas, reinos mágicos donde habitan hombres salvajes y criaturas desaforadas, extraterrestres y humanos alojados dentro del siglo XXV.

Sir Henry Jones 2, arqueólogo norteamericano, catedrático de las más reputadas universidades de su tiempo, es uno de aquellos arquetipos esenciales que nos ha legado la imaginación de Spielberg. El académico que se gana la vida enseñando, de un momento a otro, por esas caprichosas vicisitudes del azar, se encuentra zarandeado en los más exóticos parajes, buscando los más recónditos secretos que rigieron y regirán el destino de la humanidad, luchando a cuerpo entero con momias, degolladores ancestrales y profundos abismos. Indiana Jones es el hombre ideal de las aventuras más importantes, el del humor fino, el de las acrobacias felinas, tendrá una frase ingeniosa que le dirá a los espectadores en el momento más tenso. Siempre saldrá airoso con el secreto del conocimiento en sus manos, salvando al mundo con una sonrisa de irónica satisfacción dibujándosele en el rostro.



No vamos a negarlo. Queremos mucho a Indiana Jones. Es ese tipo de personaje que a uno le gustaría conocer, tomarse unos tragos y hablar de la forma cómo conoció a Pancho Villa, su pata del alma. Incluso todas las mujeres que han pasado por su vida son nimias ante la presencia de su padre, Sir Henry James, ese viejo loco de quien Indy heredó los genes del riesgo y la adrenalina. Además, valga la aclaración, no podríamos imaginarnos al héroe ficticio en la piel de otro que no fuese el actor Harrison Ford.

Ahora, se ha estrenado, con exitazo de taquilla mundial, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. Tres películas después, en las cuales Indiana ha experimentado hasta el hartazgo con el límite del vértigo y la muerte, ha llegado el tuno de encontrar la mentada calavera. Aunque en los anteriores filmes, el argumento principal se nos antojaba más bien un pretexto cargado de lógica y cierta estructura, cuyo único fin era explotar las mil y una posibilidades de la imaginación, en esta oportunidad me he detenido minuciosamente a revisar la historia. Porque hablaba de algo que nosotros hemos escuchado constantemente. De aquello que siempre escuchamos. De aquello que todos tienen algo que decir: del Amazonas.

La calavera de cristal es el eslabón perdido de un secreto que debemos ubicar en un remoto paraje de nuestra selva amazónica. Este objeto, una suerte de cráneo alienígena recubierto de vidrio, fue robado por el conquistador Francisco de Orellana en 1546. Las líneas de Nazca sirven como guía para ubicar la ciudad perdida de Akator, mejor conocida por los españoles como El Dorado, donde se encuentra una ciudad revestida de oro que aguarda un secreto que será develado ante quien regrese a la calavera de cristal a su lugar de origen, cientos de años después. Un grupo de saqueadores rusos, comandados por una oficial cercana a Stalin, se encuentra tras de ella, y usan a Indiana Jones para llevarles hacia el destino marcado. Es decir, un paraje al que se tiene que llegar, haciendo un alto a través de Iquitos.

Mucho se ha dicho sobre el uso que dan Spielberg y Lucas al escenario escogido y cómo éste termina desfigurado de acuerdo al capricho de los guionistas. El Perú ha terminado convertido en un país de caricatura, en el cual se mezclan, caóticamente, todos los elementos esotéricos que forman el imaginario latinoamericano desde la típica visión estereotipada. Sin embargo, me gustaría detenerme en analizar un poco los elementos reales, míticos, imaginarios o burdos que conforman el espectro amazónico de este nuevo Indiana Jones.

Es cierto que las historias sobre la búsqueda de El Dorado son famosas y muy populares. Sin embargo no todas se ponen de acuerdo en su exacta ubicación. Es también parcialmente cierto que su ubicación siga la ruta del río Amazonas (aunque, al ser una leyenda, y al estar incurso dentro de la ruta del País de la Canela que inició Orellana en 1541, es probable concederles algún crédito como argumento sostenible). Lo que quizás genere una fuerte controversia es convertir a la ciudad imaginaria de oro en un templo de origen extraterrestre.

No hay muchos elementos que hablen de El Dorado como una ciudad creada a partir de inteligencias superiores a la de los seres humanos…a menos que éstas se refieran al Gran Pajatén, la extraña ciudadela ubicada en la selva alta de San Martín. Durante mucho tiempo, este lugar ha sido objeto de rumores vinculados al hecho que sirve como una suerte de lugar de peregrinaje de naves de origen no identificado. Y es el primer antecedente de lo que podría considerarse, entre los lugareños y la comunidad científica, el antecedente de El Dorado. Inexacto en su ubicación o no, quizás Indiana Jones sí pudiese haber buscando una fortaleza extraterrestre en la Amazonía peruana. Solo que su concepción hollywoodense termina siendo muy chocante.

Sin embargo, resulta totalmente inverosímil presentar a este territorio como un lugar de pendientes y abismos espectaculares. Es conocido que el río Amazonas atraviesa la selva baja (u “omagua”) y su especie atraviesa espacios no mayores de 800 metros de altura. Además, es manifiestamente falso que se puedan ubicar cataratas de las características descritas. La catarata más alta del mundo, el Ángel, se encuentra en Venezuela. En la selva peruana, las cataratas posibles se encuentran más allá de la región de San Martín y su altura es muy poco profunda. Tampoco es muy cierto aquello de que nademos en medio de arenas movedizas (a lo sumo podríamos encontrar pantanos o humedales con otro tipo de características).

Otro aspecto, por demás imposible de considerar, es acudir a iconografía maya para explicar la concepción de fortalezas y ciudadelas de eminente estilo quechua. Los mayas, ni por asomo, pudieran haber hecho en este espacio los incas. Sin embargo, bien se pudo acudir a etnias de origen arawak o tupi-guaraní para caracterizar los habitantes de las fortalezas de El Dorado (que más bien parecen ser propios de los dominios africanos de Cazadores del Arca Perdida, la primera película de la saga).

Finalmente, como comprensión más clara, no existe una isla de origen portugués en tierras peruanas. Tampoco se han encontrado, que yo sepa, vestigios de culturas que manejen el idioma portugués dentro de la Amazonía loretana. Existen en la trama unas hormigas gigantes que probablemente aludan, de modo muy irreal y caricaturesco, a las tangaranas. Además, las lianas del trópico no podrían soportar el peso de un ser humano (incluso ni siquiera de un mono de tamaño regular), a diferencia de esos afanes por emular a Tarzán que tiene alguno de los protagonistas. Y en la única isla de los monos que conozco, cerca del albergue Ceiba Tops, dichos animales caminan y hacen chacota en los árboles, no se alucinan trapecistas de circo de segunda.

En lo particular, esta película me ha parecido entretenida, aunque ligera y rápidamente descartable. No le hace honor a sus predecesoras. Pero tampoco podemos tomarla como una afrenta a la región o al Perú. Simplemente es una ficción sin muchas pretensiones, un trabajo de menor calidad de Spielberg/Lucas, un retorno insuficiente del gran Indiana Jones y una ensalada de referentes que divierten, pero no instruyen. De ningún modo se lo debería tomar seriamente como una guía para conocer el Amazonas.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno tu artículo. Sinceramente creí que te ibas a jalar de los pelos como algunos periodistas limeños que se han sentido violados por la "no correspondencia" entre la ficción peliculesca y la realidad peruviana. Como dices, estamos frente a "una ficción sin muchas pretensiones, un trabajo de menor calidad...", a pesar del gran presupuesto ejecutado en este film (será que la pareja de directores gringos también se tiran sus presupuestos inflandolos desaforadamente, mismo autoridades de cualquier gobierno?, total, a veces la taquilla suele ser escurridiza y debe ser mejor asegurarse).

Lo que no me gustó fue el final cursi y rosa del matrimonio de Indiana...será para "reconocer" los genes ( en una futura pelicula) del Henry Jones III?

Ah! y otra cosa, a pesar de ser divertida, tengo la terrible certeza que los juegos de vídeo (a través de los efectos especiales por compuatadora usado en la pelicula) han subordinado la aventura y la han minimizado. Me recordó lo contrario, cuando tuve mi primera computadora a principio de los 90, que incluía en sus juegos a "Indiana Jones y la última cruzada". Desde luego, en esos años, la película era mejor que el juego.

Slds.
Anónimo loretano

Anónimo dijo...

Las tomas que salen en la película son de las cataratas de Iguazu en la triple frontera de Argentina, Paraguay, Brasil. La más espectacular es conocida como “La Boca del Diablo”.

Estás cataratas se forman en el río del mismo nombre, siguen hasta el río Paraná y luego desembocan en el río de la Plata que comparten Uruguay y Argentina.

A mí me parecieron particularmente buenas las escenas iniciales, con los estallidos nucleares, y los dantescos hongos que se forman luego de la explosión.

Sobre las imprecisiones históricas, más que dar cólera, dan risa, y a eso apuntan este tipo de películas a entretener. (No te pareció divertidisimo cuando el mismisimo Hitler autografia el diario del Papa de Indiana, en el corazón mismo de Berlín).

Saludos,

Juan José Plasencia

Estrella Ramos dijo...

Bueno lo que obvia Paquito es lo que no me da risa,la llegada a Peru con musica mejicana,y la ciudad de Nazca(Ica) con gente vestida con ponchos ,chullos, y lo peor nadie ignora que somos dueños de una maravilla del mundo y todos saben cual es su geografia, si quisieron poner parte de Peru bien pudieron emular Cuzco y no Mejico.El director ha sido siempre admirado por los,estudios seguro hechos,por el equipo de los datos historicos y leyendas etc. que existian sobre cada tema.Eso hacia que nuestra imaginacion tuviese rumbo, pero esta pelicula, es cierto que entretenida , es falta de calidad, o sera que despues de ver “El Señor de los anillos ” “Harry Potter”(cualquiera), incluso la ultima “Narnia”, que es medio enredada, nos pide que SS, nos de algo mas,Hasta para cosas inexistentes se necesita algo de realidad.