La idea parte más o menos así: Chico se reencuentra con chica, luego de mucho tiempo de estar separados. Chica se siente feliz de verlo, a pesar de que la última vez que se encontraron no fue precisamente un momento agradable. Chico quiera ver a chica para reicibr unos papeles y moverse en libertad. Pero algo más lo retiene. Chica esconde algo. Chica parece no estar pasándola bien. Chico poco a poco se involucra más dentro del misterio. Y el misterio es en realidad una trampa. Las cosas se salen de control. Aparecen los malos, la acción, y otra vez, chica y chico se reencuentran. El reencuentro se da en medio de un clima hostil que lo congela todo, muertos en las calles a quienes nadie da importancia, nieve en verano y gentes que flotan en el aire debido a una falla en la gravedad planetaria que nadie puede explicar a ciencia cierta. La huida-reencuentro-epitafio final de chica y chico es seguida por un alucinado hermano que desde un avión que nunca aterriza en ninguna parte, va narrando la historia ideal, la historia real del mundo y, en verdad, del amor.
Andaba en busca de una película extraña. No necesariamente indigerible o demasiado absurda. Pero sí lo suficientemente aplomada para provocarme desconcierto. Encontré It's all about love.
En verdad, no le había dado mucha importancia al título (incluso pensé que era de esos típicos productos hollywoodenses), además la distribución había hecho absolutamente nada por difundirlo. En el Perú debe ser el único caso de una película que se filma el 2003, pero se ha estrenado recién esta semana en el Perú. Pero cambié inmedaitamente de idea cuando supe quién estaba detrás de todo.
Pero el asunto va mucho más allá. Dirigido por Thomas Vinterberg, el cerebral realizador de La Celebración, genio fundador del movimiento Dogma 95, tiene un reparto muy interesante en el cual, obviamente, destacan las figuras de los protagonistas, Joaquin Phoenix y Claire Danes, además Sean Penn en apariciones concretas pero importantes. Es además una película que posiblemente habría tenido otra percepción de la urgencia si hubiera sido estrenada en su momento. Sin embargo, no deja de tener actualidad, no deja de ser cautivadora y tampoco deja de ser perversa, caprichosa, extravagante, ingenua, absurda y totalmente personal. Y es un contrasentido estético de lo que habíamos estado acostumbrados de Vinterberg, un ruptura con los fundamentos de Dogma.
La historia refiere el reencuentro de dos antiguos amantes que estuvieron casados y están finalmente separados. La ocasión servirá para que ambos finiquiten su relación de un modo legal y muy claro. Pero algo más los retiene, es la circunstancia muy real de que el peligro y la soledad los acerca. Es esa sociedad en movimiento, donde nadie pertenece a ningún lugar, donde todos viven dentro de sí mismos, lo que aturde y desconcierta sus vidas. Y esa realidad, implica además que haya algo más rela y sincero que sea parte de la existencia. El reencuentro de sus cuerpos es en verdad el reencuentro de sus propios espíritus. Es la búsqueda final del hogar, de la piel, en el sentido más profundo, parafraseando a Valery. Ni la violencia, ni la indiferencia, ni los terribles fenòmenos climáticos que empiezan a perfilar el posible y caótico final de nuestra civilización a manos del enfriamiento global podrán destruir algo que ya está destinado a pervivir.
Un mundo fuera de control le hace la guerra a dos personas que se miran y se reconocen otra vez. Nada indica que saldrán libres e indemnes, pero que su lucha por mantenerse juntos será memorable, letárgica, confesional. Nada que ver con las típicas películas sobre el amor tan cursis, inmateriales, estereotipadas. Esta es una historia dura, destinada al fracaso, imposible. Pero se te mete en la piel, aún con todos sus giros y defectos.
Sigo pensando que es de lo más interesante que se está presentando en la cartelera comercial. Narrada con gran ìmpetu. Escrita con coraje. Dirigida con cariño. Pero también es una lección para quienes la miran y/o la siguen.
Nadie puede escapar a su destino. Pero está en cada uno darle la pelea, hacerle endiabladamente jodido y difícil el desenlace que se te ha asignado.
Al final, todo depende de cuàn grande o chico tengas el corazón. De cúan fuerte o débil sea tu forma de amar. Y que todo lo realmente importante que hacemos en nuestras vidas - si es que lo hacemos - depende siempre, directa o indirectamente, luminosa o mortecinamente, del indomable y desafiante amor.