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11 abril 2008

GALERÍA: LA CREACION

Gino Ceccarelli llevará dentro de muy breve periodo de tiempo su reciente exposición individual "La Creación" a Iquitos, para la inauguración del futuro Centro Cultural de la Universidad Particular de Iquitos, cuyo director será el poeta Javier Dávila Durand. Como una forma de ir familiarizando al público loretano sobre la nueva obra de Ceccarelli, presentamos una pequeña muestra de esta exposición, entre ellas algunas obras inéditas de la colección que no pudieron ser vistas en el Museo de Osma en Barranco.



El irivenir
1.50 m. x 1.50 m.
Oleo sobre lienzo.
2008




Mamaluna
1.50 m. x 1.70 m.
Oleo sobre lienzo.
2008



Cuando los hombres volábamos
1.40 m. x 1.10 m.
Oleo sobre lienzo.
2008




Las guerras
1.50 x 1.70 m.
Oleo sobre lienzo.
2008




Las almas son mariposas azules
140 m. x 1.10 m.
Oleo sobre lienzo.
2008




Las hermanas de greda
1.50 m. x 1.50 m.
Oleo sobre lienzo.
2008

20 marzo 2008

LA AMAZONIA YA EXISTIA ANTES QUE DIOS NAZCA (GINO CECCARELLI Y LA CREACION)



La mujer ya existía antes que Dios nazca, le indica Gino Ceccarelli a un editor cultural, mientras recorren la galería principal del Museo Pedro de Osma, en Barranco. Ambos miran una secuencia siete cuadros de gran formato (un aproximado de 15 metros de largo y 2 de ancho, un políptico ciertamente descomunal) que son el atractivo principal de La Creación, su reciente exposición individual y punto de reencuentro con el público limeño, tras ocho años de obstinado y voluntario silencio. El recuerdo del poeta César Calvo Soriano y Las tres mitades del Ino Moxo se cuela en la memoria y en la conversación.

El jueves 13 de marzo, ante la expectativa general de los principales de medios de comunicación y un gran número de personas que asistieron al Museo de Osma, fue inaugurada La Creación, que tuvo el atractivo de regularizar la expectativa por el trabajo de uno de los artistas plásticos loretanos más reputados a nivel internacional. Además, una forma de acercarse a ese imaginario que muchos desconocen aún o malinterpretan constantemente, a pesar de la secuencia casi permanente con que manifestaciones culturales de este tipo se ha generado en Lima en estos tiempos (con éxito de crítica y público, además).

La primera vez que escuché sobre La Creación, Ceccarelli aún estaba en Iquitos, y batallaba con la indolencia burocrática y el olvido del Estado con tal de promover cultura. Éste era un viejo proyecto, una suerte de reto personal desempolvado del jardín de los recuerdos, que fue madurando hasta convencerlo respecto de la conveniencia de su exposición.

La empresa en sí era gigantesca y consistía en recrear en una veintena de obras de formato considerable los mitos fundadores de la creación del universo amazónico, una síntesis de relatos originarios del Génesis, según el saber de 42 etnias, una reinterpretación del mundo desde la vertiente particular de aquello que nos converge y exige como seres humanos en contacto con el incesante ir y venir de la selva tropical más extensa del país.

Ceccarelli, es un artista que se fue creando de modo natural, encontrando su vocación en forma muy temprana, desde aquellos tiempos en que abandonó su lugar de nacimiento (acaecido en 1960, en un pueblito perdido en la frontera brasilera), hijo de un pionero italiano que le enseño el valor de la vida construida por sí mismo y de una mujer que le dio una primera e imborrable lección: la capacidad para descubrir magia en todo aquello que lo rodeaba. En un sincretismo de urbe y bosque, de modernidad y tradición, se inició en las historias de yacurunas y runamulas, de cantos rituales y lunas copulantes, de ayahuasca y árboles que tienen madre. Aquél fue su mejor bagaje académico y experimental. Ello, combinado con su amor desmedido por sus afectos y su vertiginosa vehemencia.

Sus posteriores estudios en la Escuela de Bellas Artes, su oficio de caricaturista en memorables medios de prensa escrita como Extra, Caballo Rojo y Monos y Monadas simplemente fueron preparándolo para su principal vocación: reflejar sus obsesiones personales desde el mundo que le contaron por primera vez en una quebrada. De su obra, destaca una pintura mural de 540 metros cuadrados que se encuentra en Francia (1992). Ha participado como artista plástico de exposiciones colectivas e individuales en más de 20 países. Ha realizado murales de gran reconocimiento en Paris, donde vivió por más de 15 años. Entre sus enormes contribuciones al arte, se encuentra el haber formado parte del conjunto Iberoamérica Pinta, un enorme y muy ambicioso proyecto editorial, parte del proyecto adjunto Periolibros, impulsado por la UNESCO y el Fondo de Cultura Económica a partir del año 1992, que se encargó de distribuir millones de libros en forma de suplemento de diario en los principales medios de prensa escrita iberoamericanos, con obras de los más grandes poetas y narradores del siglo XX, ilustradas por prestigiosos artistas plásticos contemporáneos. Ceccarelli ilustró la narración “Cuentos de la Selva”, del escritor Horacio Quiroga. De esta experiencia, la exposición itinerante “Iberoamérica pinta” recorrió entre los años 1997 y 2000 diversos países con 63 oleos representativos de la colección Periolibros, entre las cuales se encontraba su obra.

Ceccarelli ha compartido permanentemente ideas y reflexiones sobre cultura, en las que ha contribuido decididamente en sus más amplios espacios y actividades. Ha trabajado como investigador bibliográfico de la pintura amazónica (la cual expuso en diversos libros especializados, como el de la exposición colectiva “La Soga de los Muertos, el cantar desconocido del Ayahuasca”, del año 2005). Ha trabajado como profesor de pintura e historia del Arte. Ha sido director de la filial amazónica del INC-Loreto, entre el año 2003 y el año 2007), donde dejó un recuerdo siempre concreto sobre su apuesta por la causa regional. Además, ha tenido importante papel como articulista de opinión en medios nacionales y amazónicos, además de haber participado como viajero infatigable y cronista de su tiempo y su contexto. Actualmente reside en Miami, USA, donde tiene a su cargo de la dirección creativa de “Carnaval de las Américas”, un proyecto de 30 millones de dólares que pretende emular el Carnaval de Río de Janeiro con delegaciones de una veintena de países de América Latina y España participarán en este evento, mostrará en sus comparsas la riqueza cultural y festiva de su pueblos.





Sin embargo, el mundo de Ceccarelli es la Amazonía. A pesar de tantos años viviendo en tantos lugares, sigo siendo amazónico, nunca dejaré de serlo, me señala, mientras va de un lado a otro en la inauguración. Lo que hago es capturar ese momento de magia y retratarlo en mis cuadros, reflejarlo en medio de cuatro aristas.


Esta exposición es una verdad indoblegable en el que, a través de estampas luminosas y sensuales, cabalgando sobre una dinámica tan intensa (que lo llevó a trabajar todos los cuadros al mismo tiempo, en aproximadamente dos meses) el artista replantea ideas y hechos que se pueden encontrar en las cosmogonías shipibas, cocama, machiguenga, asháninca, a las cuales ha dotado del referente formal y de la impronta técnica. La reconocida crítica de arte Élida Román escribe al respecto: “la magnificencia de la naturaleza y esta exacerbación de la sensualidad más abierta y urgente, necesitan un espacio que las honre. Ceccarelli, pintor, se arriesga por el gran formato, casi heroico. Necesita esa posibilidad plástica. De esa seriación siempre inacabada, para mostrar sus criaturas. Sugerir el plasma primigenio, tratar de mostrar el aire - si es posible esto - y hasta hacer imaginar los olores”.

El depurado estilo de Ceccarelli no se condice con la actitud respetuosa y de veneración con que explica su concepción del objeto de esta muestra: Hay mucha sabiduría en la mirada de los pueblos indígenas que hemos olvidado por la occidentalización de todo. Lo que trato de mostrar aquí, más allá de la celebración de la vida inherente, ese retrato mágico y sagrado que se realza lo que allí ha pasado por cientos o quizás miles de años. Me aterra la posibilidad de caer en una suerte de racionalismo francés o japonés, donde los niños a los 14 años están pensando en su jubilación.

Las múltiples imágenes y múltiples emociones que provoca La Creación son innegables: contemplación, veneración, placer, simbolismo, universalidad y la trascendencia del hombre, como ser cotidiano, antropomorfo, divinizado, pero en el que la principal figura es la mujer, la dadora de vida, el origen mismo de todo lo que existe. En nuestras culturas, la imagen femenina está muy arraigada y la luna es un varón, mientras que todo lo luminoso, incluido el sol, tienen un predominio femenino. La nada no tiene porque ser oscura, como nos han tratado de vender posteriormente. La nada tiene un fulgor incomparable en la mitología amazónica. Los nombres de los cuadros bien explican ese gozo y esa actitud espiritual, casi contemplativa: La serpiente celeste (entre el semi cielo y el semi mundo); Kirednari, el gran cielo, La tierra sin mal, Cuando la luna ama al sol, La luna es un varón, El gran río, Mamaluna, La madreselva, Las hermanas de greda, El irivenir, Las almas son mariposas azules, Cuando los hombres volábamos, entre otros.

Antes podíamos volar, pero un castigo divino hizo que dejáramos de hacerlo. Deberíamos poder, ¿no?, le señala Ceccarelli a José Gabriel Chueca del diario Perú 21, mientras culmina una entrevista y empieza otra en contados segundos. En momentos más se activará el ajetreo de los preparativos para la inauguración, las relaciones públicas, las consideraciones a los auspiciadores (Pluspetrol, UPI, Embajada de España y Hotel Puerto Palmeras, éste último propietario de la más vasta colección sobre la obra ceccarelliana). Y sin darse cuenta, el pintor entenderá que existan sus personajes través de sus trazos, una confrontación permanente entre lo mítico y lo “objetivo”. Y pasados los momentos de euforia, los brindis, y la parafernalia de lo cordial, es seguro que uno descubra, mientras esa galería se vacíe de personas y se atomice en penumbras o afonía, que de aquellas piernas tan estéticamente delineadas, de aquél enorme río, de aquellos confines celestes y amarillos empieza a parirse, con imaginación, seres asombrosos y extraordinarios y total euforia, la conciencia de que esto, precisamente esto, existía en nosotros desde mucho antes que siquiera pudiéramos pensarlo o sentirlo en nuestro primer universo.

El paraíso existe en la mirada de cada uno de nosotros. La redención y la felicidad también. Eso, seguramente, podrán descubrir cuando la oscuridad ha cubierto el Museo de Osma y los seres que ha pintado Ceccarelli salen de sus cuadros, empiezan a desgranar en pasos evanescentes y movimientos espectrales el comienzo y final de la existencia, todo el aroma que es capaz de expedir la Amazonía, así como la sabiduría ancestral, añeja, inconmensurable que el mundo - este y el de las próximas generaciones - precisa absorber con exasperada obligación.




Link: Enlace Nacional trae una nota sobre la exposición de Ceccarelli


ARTE AMAZÓNICO - IQUITOS
by enlacenacional


Link: Comienzo y final del Primer Universo
Link: La Creación en La República
Link: Un apunte de El Comercio
Link: Entrevista a Ceccarelli en Perú 21

13 marzo 2008

COMIENZO Y FINAL DEL PRIMER UNIVERSO

Gino Ceccarelli
La mujer ya existía antes que Dios nazca
2 m. x 2.70 m. Oleo sobre lienzo. 2008



El primer hombre despertó de su sueño y miró lo que existía alrededor. Era la luz su certeza de vida; el génesis. En su vientre sintió el vértigo de una explosión de estrellas. Cubría su cuerpo un manojo de luces titilantes, envueltas en aquél frondoso follaje que incendiaba los ojos más intensos. Retuvo en su existencia el influjo del Gran Agujero Incandescente donde se alojó por tiempos inmemoriales, aquél que lo había envuelto dentro de sí, retomando la función principal de su creación: dar forma y unidad a La Comarca.

El primer hombre era mujer. Y fue nombrado como Luna, varón del crepúsculo.

La Madre Universal vio que todo era adecuado y supo que había que darle al primer hombre un espacio, un dominio en el cual pudiese llover como lluvia, rugir como otorongo, endulzar el viento como las madreselvas. Hizo germinar dentro de su corazón un atado de elementos para la buena fortuna: caparazón de taricaya para guarecerse de la intemperie, alas de pumagarza para el vuelo fugaz, piel de serpiente para reptar por la superficie, hojas de chacruna para comunicarse con el Cielo Eterno. Le entregó, además, el poder para acceder a los territorios del deleite absoluto. De aquella dicha nació Sol, la hembra centella.

Luna bajó-subiendo hasta La Comarca, sentado sobre el lomo de un gigantesco capinurí. Ella lo amó, con cada fibra de su creciente ligazón, cada rubor alejado, cada caricia conquistada, cada reto superado sobre las vigilantes miradas de la matrona común. La primera madrugada en que el bosque ardía de inquietas aves, bajo la débil iluminación de las estrellas, Sol sintió los ardores de una carne erecta e invasora que hizo colapsar de su virtud y la recubrió con la dote del deseo. El primer goce fue bestial, frenético, deslumbrante. Tal pasión solo podía ser producto del conocimiento de su condición: habitantes, progenitores, amantes, guardianes, hermanos; suprema fuente de vida, en suma.

Por cientos de años caminaron, corrieron, dispararon sus pisadas en largos desplazamientos, a veces hacia ningún-todo lugar. Se dirigieron al sur y regresaron del norte, guiados por la posición de las estrellas, las luces nocturnas o el tañer sofocante de la conciencia. La honestidad de sus sentimientos renovó un espacio bullente de personajes que fueron habitando sus aguas, su cielo y subsuelo; criaturas fantásticas que mostraban el encanto de su concepción y un devoto fervor a la Madre Universal que alejaba cualquier atisbo de engaño o temor.

Sin embargo, tras siglos de armonía, Ella, a pesar de su fulgor, supo que no era infinita. Él ansiaba poseer más luz de la que podía proyectar. Los cambios fueron paulatinos, pero evidentes. Más de un habitante de La Comarca sintió el apetito de poseer cada parcela de los aires y los ríos. El orden natural empezó a torcerse. Ella vio una larga cadena mortuoria: el tiempo de las tempestades. Sus mejillas dejaron escapar inconteniblemente su tormento. Un lo más grave del cielo rojizo y bullente, despertó, revolvió las pequeñas hojas en las que se recostaba, lloró desconsoladamente. Luna, desbocado por el floripondio y la codicia, poseído por un espíritu perverso, entró en su tambo, desnudó sus alas y la violentó. A la mañana siguiente, con la mirada fija en el primer eclipse total de Sol registrado en la historia del Universo, Él abandonó La Comarca y partió en balsas hacia la frontera de los abismos, acompañado de un ejército de chullachaquis.

Fragmentada, obsequiada y arrebatada, Sol trató de ordenar sus ideas. La imagen de su creación se sucedía frente a ella, pero no como ofrenda exaltante, sino como sombrío epitafio. La Comarca estaba destinada a enfrentarse al Caos. Luego de ahuyentar las reverencias que desataba la progenitora, Luna recibió su nuevo nombre: Tasurinchi. Inmediatamente fundó la Era de los Deterioros, donde seres voladores y acuáticos adquirieron poderes fácticos superiores a aquellos de animales y plantas. Su nueva comunidad develaría los misterios de la magia y la indestructible ligazón de todos los organismos. El habitante que pudiera tener el instinto de la supervivencia, domar las inclemencias del tiempo e inventar su propio calor estaba preparado para regir su territorio y su saber.

Los pedidos de sujeción al orden natural y a la Madre Universal fueron rigurosamente desobedecidos. Luna dio las primeras señales de conocimiento de sortilegios, del uso de herramientas y el diseño de objetos de conflicto. La invocación al afecto y la disciplina acrecentaron su voracidad. Solo las mujeres guerreras de pechos gigantescos ofrecieron su apoyo a Sol en su tarea de resguardar La Comarca. El resto de sus habitantes habían desertado o iniciaban el éxodo hacia la nada.

El Río fue escenario de las primeras batallas. La Comarca se encendió inmediatamente, ataviada con fuego y rugidos diversos. Era el fulgor de la Guerra. Bajo su influjo, el dolor ejerció su trayecto caníbal, triturando huesos, desnudando anticuerpos, contaminando cada endógena comisura de sus confines. Rostros, paisajes, sonidos y olores se convirtieron en nubes inertes. Miles, millones de seres, empuñando su nueva fe, alertaron sus armas. Sol percibió una densa monotonía del bosque. Sintió el olor de madreselvas y cucardas. Se desplomó agónicamente sobre la rojiza tierra; ya sin audición, ya sin noción del espacio, abatida por lo que ella misma había contribuido a erigir.

El gigantesco disco flotante cerró su acerada plataforma, inundando con luz brillante y resplandeciente el Río, para luego dispersarse supremamente por los confines. La Madre Universal desapareció de la mente de todos los habitantes. Luna se convirtió en soberano y gobernó en la oscuridad por catorce centurias. Los condenados de la tierra iban a mudar de piel y convertirse en vasallos del nuevo objeto de adoración colectiva.

Los vencedores enarbolaron sus símbolos del progreso: un triángulo erecto y una shapaja repleta de madera para encender artificialmente el día y la noche. Las fogatas fueron apagando, por siglos de siglos, aquellos fastuosos territorios del Primer Universo que profetizaron nuestros ancestros. La Comarca había sido conquistada finalmente por el progreso y la civilización.

(*) Texto incluido en el catálogo de la exposición individual "La creación", del artista amazónico Gino Ceccarelli, que se inaugura hoy jueves 13 de marzo a las 07.30 p.m. en el Museo de Osma de Barranco y va hasta el 30 de este mes.

09 marzo 2008

LA CREACION: EL MUNDO AMAZONICO, SEGUN GINO CECCARELLI


Este jueves 13 de marzo, a partir de las 07.30 p.m. en el Museo Pedro de Osma del distrito Barranco se inaugura la exposición individual “La Creación” del artista plástico amazónico Gino Ceccarelli.

Esta muestra recrea en 18 obras de gran formato (incluyendo un políptico de 13 metros de ancho) los mitos fundadores de la creación del universo amazónico, es decir todos aquellos que han generado el enorme y exquisito imaginario de los pueblos originarios que habitaron y aún habitan la región más extensa del país. Además, dicha exposición expone los cimientos de la obra de Ceccarelli, artista con más de 30 años de experiencia, quien ha expuesto en los más diversos y prestigiosos espacios del Perú y el mundo.

Elida Román escribe: 'la magnificencia de la naturaleza y esta exacerbación de la sensualidad más abierta y urgente, necesitan un espacio que las honre. Ceccarelli, pintor, se arriesga por el gran formato, casi heroico. Necesita esa posibilidad plástica. De esa seriación siempre inacabada, para mostrar sus criaturas. Sugerir el plasma primigenio, tratar de mostrar el aire - si es posible ésto - y hasta hacer imaginar los olores'.

La exposición estará abierta hasta el 30 de Marzo.