03 diciembre 2005

Iquitos en Feria del Libro de Guadalajara

Tomado de Semanario Kanatari (www.ceta.org.pe/kanatari) del 4 de diciembre.

Desde el pasado 26 de noviembre se viene llevando a cabo en la ciudad mexicana de Guadalajara la XIX edición de la Feria Internacional del Libro, considerada como una de las más grandes que se realiza en el mundo entero. En esta oportunidad el Perú es el país invitado, de allí la presencia en dicho evento de connotadas figuras del mundo literario e intelectual como el escritor Mario Vargas Llosa. También asisten autores internacionales de la talla de Tomas Segovia, ganador del "Premio de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo"; Claudio Magris; Alessandro Baricco; Boran Petrovic, Arturo Pérez Reverte y Thomas Brussig.

Los eventos más relevantes serán el Foro de Literatura Fantástica, el homenaje a Julio Verne por su centenario y el bicentenario del extraordinario cuentista Hans Christian Andersen, quien encabezará el pabellón para niños. Además habrá un encuentro de escritores eslovenos. El presidente del Comité Organizador de la Feria, Raúl Padilla López, se ha mostrado orgulloso por los 19 años de existencia de la feria, que incluirá más de 600 actividades literarias.

La FIL espera la asistencia de 1.500 editoriales que tienen en exposición más de 280.000 títulos y a la que acuden más de 15.000 profesionales del libro, entre editores, libreros, bibliotecarios, distribuidores, agentes literarios y autores. Especialmente invitado para participar en esta Feria asiste a la misma el padre Joaquín García, Director del CETA, quien presentará la colección Monumenta Amazónica.

Padilla López aseguró que durante los nueve días del evento, la feria será visitada por más de 450.000 personas, lo que constituye una derrama económica importante para Guadalajara superando los 50 millones de dólares.

01 diciembre 2005

CARDENAL: VIAJE SIN ESCALAS AL PARAISO

Crónica de la singular visita del octogenario poeta nicarguense Ernesto Cardenal a la selva peruana

Un reluciente Airbus de la compañía LAN domina la pista de aterrizaje del miércoles 21 de setiembre. Ernesto Cardenal Martínez baja suavemente las escalinatas que lo comunican con el asfalto descascarado del aeropuerto Francisco Secada Vignetta, de la mano de Juan Bosco Centeno, asistente personal, confesor, amigo y cómplice, poeta y ex guerrillero, residente del legendario archipiélago de Solentiname, cuna de la primera comunidad poética campesina y revolucionaria de Nicaragua y de las más importantes del continente.

Uno de los poetas vivos más importantes de Latinoamérica llega a la ciudad, invitado especialmente por Tierra Nueva. No están presentes agentes de prensa, funcionarios públicos, intelectuales o figuras académicas, mucho menos los ochenta niños portando un clavel que prometió la Municipalidad de Maynas de labios de uno de sus culturosos burócratas de turno. Sólo un pequeño pero compacto amasijo de singularidades: el escritor Percy Vílchez, el fotógrafo Augusto Falconí, la esposa del presidente regional Silvia Arbildo, los chicos del taller de periodismo escolar de “La Restinga” y un grupo de docentes del colegio Maria Reiche. El Poeta aparece en medio de los flashes solitarios de Falconí y de quien estas líneas escribe.

El Poeta se muestra fuerte, aunque dominado por el cansancio usual de sus ochenta años. Su pequeña boina negra y su camisa de hilo de algodón ligero, su barba absolutamente crecida y blanca le dan el aspecto de un anciano bonachón, un viejito pascuero. Pero nada de ello, pues el venerable invitado dice las cosas claras y directas. A Cardenal no le gusta el protocolo, detesta las palabrerías y los comentarios vacíos. El Poeta no habla cuando come, mucho menos contesta inquisiciones intrascendentes. Agobiado por las interminables fotos y retratos que todos quieren sacarse junto a él, entre ellos la crema y nata de la política y la intelectualidad locales (borregos, al fin y al cabo), calla, sin asentir.

El Poeta es cortés, pero aquello no le quita la valentía para opinar luego sobre dichas reuniones Por ejemplo, un diplomático tiene la peregrina idea de invitar a un desayuno en honor del visitante enviando a los privilegiados una tarjeta, con algunas tachaduras. Craso error, pues Cardenal se siente indignado por esas muestras de burguesa y frívola cordialidad y decide declinar esta y otras “expresiones” de simplonería, aún cuando sean de muy buena fe. Asimismo, en otra cena, se siente abrumado por los funcionarios académicos que hablan de banalidades y comen como auténticos burócratas. Mucho menos puede ocultar su rubor cuando una distinguida lideresa le indica que tiene un afiche con uno de sus poemas en su casa, el cual le recuerda a su familia (¡pobre Cardenal, trágalo Tierra¡).

El viaje a Nauta, previo paso por el Maria Reiche, es su primer encuentro con el gran río Amazonas, así que más vale estar preparado. En la capital de la provincia de Loreto se le hará un gran homenaje y se le darán las llaves de la ciudad. Jaime Vásquez y Luis González-Polar, que lo acompañan, sienten que se les pone la piel de gallina, porque este tipo de ceremonias ponen de mal humor a Cardenal, por más cariño que se le pueda dar. En todos los momentos, las madres Ángeles y Margarita están muy presentes, desde el CENCCA y desde su corazón vinculado a la Teología de la Liberación. Más ríos, menos ceremonias; más Amazonas, menos palabrería, es el pedido expreso del gran visitante.

El Poeta es auténtico. Llega a la Biblioteca Amazónica, saluda y se va, mientras Gino Ceccarelli pasa apuros para entregarle un presente del INC-Loreto. En “La Restinga” los alumnos del taller de periodismo escolar y el equipo de filmación y edición ultiman detalles sobre el video homenaje que le rendirán. La Universidad Particular de Iquitos le entrega el Doctorado Honoris Causa y en una ceremonia sobria y muy elegante, donde la única nota discordante es alguien que funge de experto en literatura y es capaz de destruir la poesía del vate. Cardenal acepta emocionado dicha distinción, y habla con revolucionaria y enérgica ternura. Recita el desbordante “Economía del Tahuantinsuyu” y se emociona con el video que le hicieron los chicos de Puchín. Lo sé porque se le nota en el rostro y porque se lo pregunto sin atenuantes, y porque recibo un lacónico pero concreto asentimiento.

A Cardenal no le gusta posar en fotos, tampoco que le tomen las mismas cuando come o bebe. Y hay que decir que el Poeta come cuatro veces al día y tiene un extraordinario talante para recibir de todo y sentir en el paladar todos los sabores regionales. Además, bebe como un auténtico experto, sea un buen ron de caña, una cerveza helada o un whisky on the rocks, sin agua. Cardenal recuerda mucho eso y lo dice en la ceremonia donde se presenta el libro “Antología Esencial”, que reúne lo mejor de su poesía y es resumido en forma deslumbrante por Percy Vílchez. Cardenal, ese mediodía, está enorme, genial, totalmente desbocado en sus afectos y en su elocuencia. Recita con emotividad poemas de los Epigramas, Cántico Cósmico, Salmos y además el singular Viaje muy jodido, que recita, al final, esta sentencia impresionante: “Me vale verga la muerte”. Cardenal quiere ser recordado finalmente como el “Poeta del Amazonas”. Juan Carlos del Águila le entrega las llaves de Iquitos y Jaime Vásquez se emociona sobre manera al recordar cómo pudo lograr que el “Alejandro Sanz de la poesía” esté entre nosotros.

Y efectivamente, eso es lo más importante y no valen más las estupideces de una gestión corrupta como la de la UNAP de Collazos o las excusas insostenibles de la inexplicablemente atemorizada Selva Morey para negarle presencia a Cardenal en el comedor universitario. La censura y el veto de esa casa de estudios (digamos que de quienes detentan el poder) es cierto. Selva Morey le dice al representante de la visita “Por mí, no quisiera que se realice este encuentro, porque puede soliviantar a los alumnos contra la universidad”. Y efectivamente, un poco más y querían entregar la logística pero para hacerlo en otra parte. Se quedan con los crespos hechos todos esos alumnos y alumnas que trabajaron para que se realizara el encuentro, como Igor Panduro, Juan Sicchar Vílchez, Hellen Hemeryth, Elbita Flores, entre otros. La indecencia y la imbecilidad se reproducen siempre, sobre todo cuando el poder va acompañado de ineptitud y ayayerismo. La noticia da la vuelta al mundo a través de la agencia Efe y más de un intelectual, nacional y extranjero, ha proclamado públicamente su absoluta oposición a este acto de inaceptable censura.

Al margen de ello, el Poeta sigue creyendo que lo mejor de todo fue su encuentro con la Selva. Y el encuentro con la gente sencilla, que le da lo mejor de sí. La gente de Belén que le decía “Padrecito”; la tranquilidad del Heliconia Lodge; la visita a “La Restinga” donde Puchín lo recibe, le pide que estampe su firma en una de las paredes, le muestra un video de homenaje y lo sienta en una mesa larga y llena de niños que comen junto a él patarashca, juane y huevos de taricaya preparados especialmente por ellos; la visita a los Yaguas, la pesca en la quebrada Tarapoto; la inmensidad emocionante del río Amazonas.

Y así llega el momento de la partida. 5 de la tarde, miércoles 27 de setiembre. Frío intenso, corriendo por las calles en un motocarro de trayecto supersónico que me transporta en 20 minutos del Hospital Regional hasta el Aeropuerto. Persigo el carro de Silvia Arbildo que lleva a Jaime Vásquez, Javier Dávila, Juan Bosco Centeno y al Poeta rumbo al epílogo de esta historia. Hace frío en Iquitos, y la tarde esta aplatanada, color panza de burro. Será que las despedidas son tristes. Los que nos quedamos sabemos que nos volveremos a ver, pero no estamos seguros si volveremos a ver a la dupla ilustre que entra a sala de espera del LAN que los transporta con rumbo final Managua, con rumbo final Solentiname. Un “muchas gracias, Paco” es el mejor testimonio que puede haberme dejado este hombre parco, difícil, tajante, pero al mismo tiempo tierno, sabio y sobre todo humano como testimonio de gratitud que, francamente, me emociona. A lo mejor lo vuelva a ver, Poeta, pues al fin y al cabo la vida, como el amor y la amistad, son una sucesión interminable de casualidades.

30 noviembre 2005

MOVIMIENTO CULTURAL Y EDITORIAL EN IQUITOS

Publicado en editorial de diario Pro&Contra (www.proycontra.com.pe) el martes 29 de noviembre


Hoy se presenta en la ciudad de Requena la edición popular de la inmortal obra de Miguel Cervantes Saavedra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Esta presencia se repetirá mañana en Nauta, donde además se realizarán sendos homenajes a este esfuerzo de Tierra Nueva Editores, que cuenta además con la presencia del destacado escritor loretano Percy Vilchez Vela.

Adicionalmente, en esta semana en que la Amazonía empieza a recibir el apoyo necesario para su difusión a través de la cultura en los más diversos ámbitos de la capital, empieza la XXVI Feria del Libro “Ricardo Palma”, y nuestra ciudad estará presente, con la presentación de la Antología Esencial de Ernesto Cardenal, que correrá por cuenta de nuestros conocidos César Ferreira y Francisco Bardales. Este hecho, inédito en la vida cultural loretana, se llevará a cabo el día martes 6 de diciembre.

Pero inmediatamente después, el martes 13, la Escuela de Postgrado de Letras de la Universidad de San Marcos recibirá a la edición del Quijote, y esta vez la presentarán verdaderos pesos pesados de la literatura nacional como Edgardo Rivera Martínez, Jorge Valenzuela y César Ferreira.

De este modo, Loreto entrega sus mejores lauros por medio de la cultura y el arte. Si tenemos en cuenta que se presenta con éxito la exposición “Amazonía al descubierto” en San Marcos con marcado éxito, y en la cual tiene mucho que ver la difusión de artistas de la talla de Christian Bendayan y Gino Ceccarelli, nos daremos cuenta que algo está pasando con nuestra región. Y la cultura, esa eterna cenicienta de los políticos sin visión, le está entregando señales de orgullo a la población local.

Este esfuerzo que es difundir la cultura desde adentro, es decir desde el hombre de las ciudades más alejadas, incluir a las provincias de la región y, simultáneamente, lograr conquistar la capital en los mejores escenarios y con la mayor presencia de medios de comunicación y espectadores posible, ciertamente es loable. Una verdadera caravana, en la que quienes estén interesados se aúnen, porque a pesar de todo, es lo que nos muestra como somos y como lo que podemos y queremos llegar a ser

28 noviembre 2005

EL ARTE DE REVELAR LA AMAZONÍA (FUERA DE ELLA)

El Centro Cultural de la Universidad San Marcos viene llevando a cabo una serie de actividades vinculadas a la difusión de la Selva peruana, titulada “Amazonía al Descubierto. Dueños, Costumbres y Visiones”, la cual incluye exposiciones de arte plástico, conferencias, mesas redondas, presentaciones de libros temáticos, proyección fílmica y ponencias sobre diversas manifestaciones teñidas de aquello que el cineasta Armando Robles Godoy ya bautizó hace un tiempo como la “muralla verde”.

Dentro de ese marco, el 20 de octubre se inauguró en el Museo de Arte de dicho centro de estudios la exposición múltiple, que se mantendrá abierta hasta el 15 de Diciembre. En el marco de esta gran muestra, titulada “La Soga de los Muertos. El Conocer Desconocido de la Ayahuasca”, la cual pretende mostrar los efectos que ha tenido sobre el arte contemporáneo, tanto académico como popular, el encuentro de los artistas con aquella planta denominada sagrada. Y entre diversas manifestaciones y formatos (pintura, escultura, fotografía e instalaciones), todas tienen un innegable eje temático que la vincula con nuestra más intrínseca maraña.

La exposición tiene como curador al pintor y difusor de arte amazónico Christian Bendayán y cuenta con la participación de Rohni Alhalel, Pablo Amaringo, Higinio Capino, Enrique Casanto, Gino Ceccarelli, Harry Chávez, Víctor Churay, Nancy Dantas, Rafael Díaz, Mónica Gonzales, Rubel Katip, Luis Alberto León, Eduardo Llanos, Yayo López, Francisco Mariotti, Alfredo Márquez, Francisco Montes, Ruth Montes, Juan Osorio, Juan Pacheco, Yolanda Panduro, Gerardo Petsain, Roldán Pinedo, Yando Ríos, Agustín Rivas, Rocío Rodrigo, Brus Rubio, Elena Valera, Eduardo Villanes, Armando Williams, Rember Yahuarcani y Santiago Yahuarcani.

Desde luego es loable que así suceda, y que una institución tan importante como la institución académica más antigua del Perú le dé un espacio al arte amazónico (del mismo modo como, en conjunto con la Cámara Peruana del Libro, le ha brindado espacios a la difusión editorial loretana). Contrasta la gran difusión de los medios capitalinos y el casi nulo interés que resalta la cultura en nuestra región y por parte de quienes deberían apoyarla.

El día viernes 25 se llevó a cabo la mesa redonda sobre arte amazónico contemporáneo, en la cual participaron los estudiosos Heinrich Helberg, Gino Ceccarelli y Christian Bendayan ,estos dos últimos muy importantes representantes de la nueva pintura loretana. Y aquí le quitaron muchos prejuicios a la gente. Como decía Ceccarelli, para la mayoría de los peruanos, la amazonía sigue siendo un espacio residual donde se encuentran todos los excesos de la creación, y algunos otros siguen repitiendo alegremente que es “la gran despensa del mundo”. Estamos hablando de más de un sesenta por ciento del territorio nacional que no está inmerso en los planes del Perú oficial.

La cultura y el arte amazónico se ha ido forjando dentro del rechazo, pereza e ignorancia del resto del país, mucho más preocupado en la anécdota que en el verdadero entendimiento e integración de la región en su impulso por mostrar, rescatar y valorar lo que hacen los creadores del trópico y, es necesario decirlo, de la automarginación existente. Demás está decir que la cultura amazónica no figura en ninguna estadística del INEI y no se toma en cuenta en los programas y planes políticos de los partidos y candidatos tanto regionales como nacionales.

Lo que, en todo caso, deberíamos valores y reconocer de todas estas expresiones es lo que algún asistente al evento señaló como la verdadera manifestación del arte sale de quienes a veces, desde fuera, se preocupan más por el destino de dichas manifestaciones que las propias autoridades. Lima, en ese sentido, mientras los politicastros baratos hablan de autonomía regional y apoyo al poblador oriundo, apoya mucho más el arte y la cultura (así como la identidad amazónica), que los propios representantes de la dizque cultura oficial.

Hay una ventana, pues, y los artistas, escritores y los verdaderos y talentosos exponentes de lo mejor que tenemos se han mostrado en su mejor nivel. Pero, repetimos, tienen que salir fuera para poder recibir el reconocimiento y sobre todo el apoyo, la difusión y la valoración que en nuestro Loreto, nuestro pobre Loreto repleto de ignorantes y corruptos sentados en los más importantes sillones de gobierno, no se le brinda ni siquiera por casualidad. Mientras la Feria del Libro de Miraflores, las universidades y centros más importantes y los medios de comunicación les dan cabida, los artistas reciben el vergonzoso ninguneo de los ineptos. Nunca como hoy es cierta esa frase de que los artistas no son profetas en su tierra. Pero no importa, aún así se hace cultura, se desarrolla conocimiento y se contribuye a una mujer comprensión de nuestra primera Nación geográfica y sentimental.

25 noviembre 2005

ADONIS

Sobre los desvaríos de una discoteca de ambiente y su variada fauna nocturna

En lo más íntimo del cielo
el alma de Adonis, como una estrella,
fulgura en su mansión de eternidad.
(Percy Shelley)

*****

Sábado, once pe-eme. Es una noche indudablemente extraña. Llueve desaprensivamente, con apático volumen sobre los hombros de la ciudad. Acordes tropicales se suceden en radios, parlantes, bocinas, se reiteran en la onomatopeya que nace del subsuelo. Patitas de araña surcan mi rostro con incomodidad, súbitamente trocadas en esferas líquidas y transparentes. La aplatanada penumbra donde todo parece estar destinado ya – aunque suene a ironía semántica – a nada, absolutamente nada, suceder. Camino lentamente por la Plaza de Armas de Iquitos sin pensar en nada más que en esta historia de neón esmeralda. Llueve en mi estéreo Roads, de Portishead.

Click. Una cámara digital de 5.5 megapixels dispara su cañón plateado con criminal belleza, destruyendo por un instante la oscuridad. Una turista con un polo “I Love NY” sonríe despreocupada en el Boulevard a un trejo y cetrino vendedor de chucherías al paso. No existen viajeros en este momento en las calles angostas. Diviso el panorama desde el cuarto angosto de este bar de marinos y potrancas fluviales. Un par de trapos nada más. Suficiente, nunca algo llega a ser permanente. Mi ajada billetera de aspirante a cronista marca diez soles. Rebelde sin pausa, harto del stablishment juerguero, ése tan decididamente mayor, claramente encorsetado, tan adecuadamente fashion, busco un planeta diferente. No tengo a nadie. Sobrevivo. Todo sucede en cuestión de minutos.

Andrógino, estirado sociólogo que vive al costado de mi habitación, se anuncia. Desprevenido, su esencia de buena familia sanisidrina y formación PUCP contrasta claramente con su joven aspecto de cazador de circunstancias. Su rostro blanquecino, casi albino resalta la camisa roja ceñida con mangas entubadas y flecos coquetos, con el jean Diesel focalizado, con las zapatillas urbanas Timberland con que se presenta a mi encuentro. Me invita a la “marcha charapa”. Sé que no podría resistirme. Mi polera del videojuego Atari lo señala. La condición, claro está, es que lo acompañe a “su” refugio, en algún lugar de la avenida del Ejército, allende el campo santo de los muertos tradicionales de la época del caucho, zona de guerra dominada por las amarraditas, el aparre y el cortejo cómplice de la oscuridad. Despierta una bombilla roja de fulgor descarado. Despierta el beat. Se empiezan a sentir los primeros acordes de una extravagante factoría que celebra el ritmo, el color, la erotomanía y la ambigüedad: Adonis; la discoteca “de ambiente” más ruidosa y popular de la urbe.

El avezado motocarrista que me lleva a 70 k-p-h por la avenida Cáceres se la lleva fácil. Desde una cuadra se puede distinguir la respetable hilera de autos, motocicletas y motocarros que montan guardia frente a su improvisado estacionamiento. Un barullo incesante, acompasado, creciente se adhiere a mis oídos. Es Kylie Minogue, ejecutando gloriosamente el himno Cant get you out of my head. Un par de chibolos lustra-tabas venden por lo bajo jebes jebes jebes. Satisfacción. Estamos a punto de recorrer el círculo luciferino. Bienvenidos a la jungla. Welcome to hell.

Todo es falso, aquello que une y que al mismo tiempo marca la frontera entre una vida y otra, me dice el Andrógino. El infierno, en todo caso, puede ser también un buen lugar. El Adonis (o ADN, como lo conocen en cierto mundillo) es heredero de una tradición de apertura hacia manifestaciones de su género que remecieron en su debida oportunidad esta aún pacata y cuchicheante aldea. Por ejemplo, un inmundo y destartalado lugarcito llamado La Jarra, ubicado nada menos que enfrente de la Villa de la Policía, famoso por sus fiestas salvajes y la promiscuidad de sus servicios higiénicos. La Jarra era para chicos duros de sensibilidad alborotada. Para jóvenes intelectuales y faranduleros encantados por su marginalidad kitsch. Para hombres y mujeres de corazón berraco. La Jarra finalmente tuvo que colgar los tacones, aquejada por su desprestigiada reputación y su achorada pinta, amén de la ira de las buenas gentes. Queda el recuerdo de sus colores enemigos entre sí, sus murales lascivos, sus mujeres de pelo en pecho.

La Jarra produjo hijos ilegítimos de toda laya. Uno de ellos fue el tristemente célebre Jaula de las Locas (ubicado enfrente del Hospital Regional de la ciudad, cerrado por desuso en junio de 2003, convertido después en un night club que adoptó el dudoso nombre de Botella Borracha), donde lo más divertido estribaba en las peleas de callejón que protagonizaban las airadas criaturas afectadas en su femineidad. Posteriormente, el LGY, del distrito de Punchana, pretencioso y decidido a toda costa por convertirse en la mejor discoteca gay de la ciudad, resaltó unas espectaculares drag que desfilaban por la vereda. Su fachada de pequeñita casa blanca e inmaculada, parecía impensable para devaneos hedonistas, incluidas relaciones públicas en sectores influyentes, muy reducidos, casi VIP. Su buena música, intersección de efectivos downloads y éxitos de moda que establece la serie televisiva norteamericana Queer as Folk, lo asemejaba a la legendaria cabina de internet Coconanet, diseñada y decorada bajo la exacta escenografía tropical, único lugar de la Selva donde se podía gozar la armónica convivencia, no exenta de esporádicas y mutuas bajezas, entre “heteros” y “homos”. Ambos tuvieron que bajar su telón el año 2004 y pronto se difuminaron en la espesa niebla de la nostalgia apta sólo para minorías.

El Spectrum, sobreviviente del caos, tiene peor fama. Ubicado en el sector de Las Colinas, en el populoso distrito de San Juan, ir hacia su espectral encuentro constituye una tarea de machos. Rodeado de un penetrante olor a orines empozados, su ausencia de luz exterior le da un aura de barcito portuario, incrustado en la desvencijada vegetación y cortado por un camino de tierra, al que la proverbial incontinencia climática de la región puede convertirlo en un fangal con sólo un abrir y cerrar de ojos. No hay acá estilizados representantes del transformismo sino maricones que provocarían el espanto generalizado de cualquier alma pura y santa: velludos, desdentados, patichuecos, Thalías ó Paulinas Rubio ensimismadas en una realidad alterna. Andan rodeados de una gama de maperos con intenciones comerciales, soldaditos del Fuerte Alfredo Vargas Guerra en día libre con todas las ganas y olores posibles, maleantes manos largas. Todos revueltos entre tanta voz de pito que se disfraza de grito salvaje cuando despierta el animal que llevamos dentro. No es aconsejable ir en motos y es mejor entrar en mancha (si eres demasiado osado) porque a la salida puedes encontrarte en medio de una guerra de pandillas, los Mashacuris y los Berracos, dispuestos a no dar tregua a los curiosos, chivos de mierda de barrio bajo.

Yo no sé mucho. Me interno en la madre de todas las invasiones de la piel. Los imprevistos acordes de un merengue me desarman. Un guachiman con facha de famélico 911 me retiene. El Andrógino lo mira fijamente a los ojos. Pago los dos soles que me solicitan, en noche estelar de sábado, como único derecho de entrada; no incluye trago, amiguito. El ingenio de los diseñadores permite cruzar un túnel de concreto, pintado e iluminado con tonalidades violáceas. Un lento crujir electrónico, latino y amazónico golpea mi cerebro y mi corazón con afán monocorde. Tum, tum tum, tum. Se abre la puerta principal y la imagen empaña mi visión. Los flashes y luces rojizas, naranjas, amarillentas, verdosas; las cortadoras; las esferas retro que reflejan platino en cada resquicio del local. Un chiquillo de unos dieciséis años menea su cuerpo como una batidora, ahora al compás de un techno salvaje. Asistentes: fácilmente superan los 350. El aire es viciado, espeso, caliente. Las prendas se te adhieren al cuerpo, el profuso sudor de los invasores te retiene. La zona es un solo de jadeos y sofocos implacables.

Alguien ha dejado correr el rumor que el show principal será sexo en vivo. Hardcore. Pero los organizadores, atinados, conscientes de que acá viene mucha gente, no necesariamente de la más urgida ni solamente homosexual, decide que, por lo menos por esta noche, se deje de lado tan audaz espectáculo. En el segundo piso, a través de una pantalla gigante, imágenes de una caótica presentación multimedia se suceden, invocando por igual publicidades varias, animaciones extravagantes, cuerpos desnudos, consejos de protección contra el SIDA y las ETS, historietas con doble sentido y una invocación a la tolerante y orgullosa de lo que se ha venido a denominar, con impecable ligereza, “su opción”. El Andrógino baila en la pista principal un mix de toadas.

Hay fauna para todos los gustos: mariconcitos afeminados, travestis glamorosas, tracas peluqueras feísimas, lesbianas bien machonas, chicas solas con muchas ganas de atinar, gay de closet que se esfuerzan por parecer rígidos, maperitos en busca de calidez y algo de plata extra, patas “bien varones, choche” que andan en plan chonguero, intelectuales y músicos subterráneos, viejos verdes en busca de compañía, parejas chica-chico en pleno agarre, gringas con harta sazón, borrachos absolutamente perdidos en medio del distorsionado paisaje. En la pantalla gigante se muestran las “bondades” de la nueva drag favorita del local; Francesca. En los baños siempre hay un sapo que mira de más, pero que no se atreve a hacer nada si uno no se lo permite. Dos patas agarrados, “de familia decente”, se miran, se miden, se desean, se abrazan y se besan bajo el sediento soundtrack de una canción del dúo lésbico ruso T.A.T.U.

Una niñita me mira con mucho detenimiento y llama mi atención. Tendrá unos quince años y es morenita, bajita, potoncita, coqueta. Me ilusiona la idea de que se fije en mí, sobre todo en este lugar donde el que viene, cualquiera sean sus gustos, siempre está bajo sospecha de mariconería. Sin embargo, en lo más interesante de su visita, detrás de ella, alguien que podría ser mucho menor que yo le hace una señal con el chasquido de los dedos, como señalando el momento de la archiconocida señal crematística. Caficho, me imagino. Lola, me resigno. Luego del Caliente, caliente de la diva Rafaella Carrá, suena casi al instante una pegajosa cumbia, “sacude el billete, sacude el billete…”

Desengañado, por decir lo menos, me refugio en la contemplación del respetable. Veo a una tía y un tío gordazos, maduros ya, acompañando a sus hijos o celebrando la presentación en sociedad del más refinado de sus vástagos. Chupan cerveza de a pico y hacen el ademán de botar la espuma al suelo con asombrosa maestría. Alguna rubia que trata de parecerse a Madonna me señala si deseo un trago; otro pata pirañón me indica al oído si nos aunamos a la chanchita para una jarra de algarrobina (que aquí se sirve en envase pyrex de plástico y sin sorbete), mientras suavemente, con toda la técnica que es capaz de mover el deseo, pasa fugazmente alguno de sus dedos a través de mi espalda. El recorrido manual por la espina dorsal ajena constituye práctica común y para aquellos que no están acostumbrados, puede resultar traumática u ofensiva. Sin embargo, todo ello es simplemente un juego, un divertimento, un tanteo ilusorio.

Como si fuera su casa (en realidad lo es), el showman Karlos Vela va y viene, sabiéndose poderoso y, en cierto sentido, deseado. Tiene la facultad de hacer reír, de manejar la pantalla de proyección, de reunir a los más distinguidos representantes del aro, de ingresar y expulsar gente de la disco. Su influencia es tal que, aunque no sea el administrador ni el dueño, dicta las reglas en este antro y lo hace con soltura, glamour gay y, obviamente, respeto. Los pervertidos se sienten dueños del local, pero más que pervertidos, parecen liberados portadores de una vocación por hacer lo que los sentidos, la cabeza y el corazón dictan. Ensayo un discurso desde mí, sueño infructuosamente con un retorno. El Andrógino coquetea con un chiquillo de tintes pajizos; intuyo que esta noche no dormirá solo en la pensión. Yo me encuentro en medio de la nada.

4:00 A.M. Me quieren sacar el número de teléfono. Yo soy cortés, como siempre me enseñó mi madre, y lo entrego. Antes de despedirme, al descubrir que escribo con la mano izquierda, Karlos Vela me dice, con mohín disforzado, que éste no es un mundo para un zurdo como yo. Quizá tenga razón, pero ¿para quién lo es? Viendo a todos aquellos que ahora cantan a coro Eternamente Bella de Alejandra Guzmán, despreocupados, libres, gente gay ó straight, comunes o especiales, simples mortales, habitantes de IQT al fin y al cabo, y sabiendo lo que se habla y dice fuera de estas paredes inundadas de verde neón, intuyo que a nadie le pertenece este mundo. Todos terminamos siendo extraños en nuestra propia y también extraña tierra.