21 octubre 2007

BRADPIZZA

La última chupada del mango mediático de los nuevos tiempos nacionales lleva el apelativo de galán engordado con levadura. Mauricio Diez Canseco, hijo orgulloso de su papá, empresario sin mucho brillo pero con hartas ganas de figuretear, gordito con trazas de galán de barrio, pizzero por necesidad y conveniencia, amigo arrimado de la farándula que, por esos giros tan graciosos que suele dar la vida, ha pasado en las últimas semanas a la categoría de estrella mayor del firmamento, financista de cómicos y vedettes, broadcaster televisivo y, finalmente, protagonista central del melodrama más comentado del año.



Quizás pocos lo conozcan por su nombre real, quizás algunos más se hayan dado alguna vuelta por los Pastipizza de que es dueño (más baratos antes que ahora), cadena de comida rápida de auténtico sabor nacional y amplio prontuario de favores políticos en los que ha incurrido en su desaforado ascenso. Pero nadie, a estas alturas, desconoce que el apodo Bradpizza (la inventiva popular siempre tan generosa) le pertenece. Bradpizza, mujeriego como ningún otro, es gordo, calvo, pero criollazo y chupa con su plata. Porque, a la par que se las arregla para pagarle 80 mil dólares para que venga Luciana Salazar a participar en un programa de su nueva productora Astros, define angustiosamente su capacidad de macho promedio, es decir se presenta en sociedad con una de las mujeres más agraciadas del medio, la argentina Paula Marijuán, sostienen un romance que es la delicia de la prensa chicha; pero, oh sorpresa, de un momento, la noticia del día es el anuncio de matrimonio de Bradpizza y su ex mujer, la ex mujer de Miguelito Barraza, la siempre vedette y siempre madre del hijo de Bradpizza, la nunca desapercibida Daisy Ontaneda. What? ¿Y la argentina? ¿Y por qué, Mauricio? ¿Lo odias, Paula? ¿Estás embarazada nuevamente, Daisy? La telenovela se iniciaba, con alta audiencia en todos los sectores sociales.

Pero lo realmente vanguardista en esta nueva configuración en que los ídolos son gente de sectores emergentes es que el Pitt de la temporada es un tío calvo y más bien vinculado con litigantes del Poder Judicial. A veces, con sus corbatillas oscuras y su look engominado, se asemeja a los malos que salían en “Gamboa”, la miniserie policial ochentera que lanzó a la fama a Eduardo Cesti. Pero la capacidad que ha tenido para saltar a la palestra mayor del entretenimiento chollywoodense me sorprende. Porque, obviamente, algo ha debido invertir, y sus espectáculos pagados en sus locales, así como su acercamiento a los que tienen el poder de transformar todo en ilusión y oropel (¿sí o no, Genaro?), le han dado el punche necesario para llegar a convertirse en el engreído de Magaly Medina, el personaje más influyente de la televisión (signo de los tiempos).

De ahí, iba a ser fácil convertirse en el blanco sensacionalista de Nicolás Lúcar, dispensario de estiércol de la pantalla chica.

Y luego de eso, la boda del año, transmitida en vivo y en directo, desde la gótica Iglesia de San José, en el entrañable distrito de Jesús María, con presencia de todos los medios de comunicación del país, desde el atildado El Comercio, hasta la más humilde radio de la amplitud modulada AM.

Como casi todos los sapos que estuvieron rondando por ahí, caí de paracaidista al matrimonio más frik de la temporada, ante la atenta mirada de todos los curiosos que cantaban y decían qué linda es la novia, qué feos los invitados, qué lujosa la limosina que llevó a Daisy y que bacán se le veía al Bradpizza. Hasta le hicieron barras y le regalaron cositas para la buena suerte en su matrimonio. Arrepiéntete, Mauricio, no se hace llorar a una mujer como se lo hiciste a la Paula. Y Brad Pizza se arrepintió. Y le pidió perdón a su ex. Y todo quedó como era antes, o mejor, como ahora son las cosas, en que la vida ha cambiado los roles y los que antes eran dueños absolutos de la ilusión ahora no aparecen en ninguna parte y el gordito billetón figureti se hace gigante y se hace vendible y se hace heroico con tan solo tener su cara impresa y móvil en todas las páginas y monitores de noticias, con la venia del todopoderoso y bien amado raiting de IBOPE Time y el toque de la varita mágica de la urraca más ácida y popular de este extraña escenificación local del cuento de Shrek y Fiona y el reino de muy muy lejano, en tonos multicolores y la banda sonora de Néctar, en el cielo.

Foto:
RPP

2 comentarios:

JOSE WEIDER dijo...

Mucho influye su esposa que es de la farándula…

Anónimo dijo...

TE AMO BRADPIZZA, SÉ QUE TE CASAS CON ELLA PORQUE TU LADO BATACLANO SE REALIZA A SU LADO. BESOS