10 enero 2006

TOP TEN LITERARIO

Todos tenemos preferencias. Y todos creamos un vínculo afectivo, crítico, estilístico con las obras que nos conmueven, que nos cuentan historias que nadie había contado antes, que pueden estrujar nuestros corazones con el inmenso poder de la palabra, del verso iluminado. El único requisito para entrar en los dominios de esta clasificación, arbitraria y subjetiva, es la calidad, es decir saber lo que se dice y no pensar con teorías desfasadas, con análisis salvajemente malos o con parcialidades desvergonzadas. Siempre he creído, como Oscar Wilde, que los libros pueden catalogarse sólo en dos cajones: los que son buenos y los que son malos. Incurrir en otro tipo de etiquetaje significa una enrevesada forma de ganarse la vida a costa de la ingenuidad de algunos sugestionables.

Este top ten litarario se engarza a partir de todas las obras que han tratado sobre el tema amazónico, que han desarrollado sus hechos en esta tierra generosa llamada Loreto, que ha sido escritas por loretanos (aunque este requisito, como van a ver más adelante, no es excluyente) y , sobre todo, que son obras imprescindibles, según mi modesto punto de vista, para entender algo de la realidad, de los problemas y las aspiraciones y de esa otra verdad, aquella que nunca podrá encontrar en los libros de no ficción. La clasificación es en orden de preferencias y ha sido muy difícil llegar a la misma, dada la calidad de las seleccionadas. Lo que sí estoy seguro es que ninguna persona que se precie de querer conocer lo mejor de Loreto debe dejar de leer estas obras:

TOP DIEZ: ORQUÍDEAS DEL PARAÍSO. A Enrique Planas, limeño treintón, lo conocí no hace mucho en la casa de Christian Bendayán y la primera impresión que me llevé de él fue que era un escritor orgánico. Efectivamente, precedido de un prestigio en los círculos intelectuales, que lo llevó incluso al extranjero, en esta obra Planas expresa una capacidad innata para la narración y un dominio de las técnicas literarias con miras a explicar una situación entre delirante y aventuresca, que tiene la Selva como escenario y nuestra realidad actual como pretexto para articular con nervio clínico los vaivenes de un contexto demasiado desencantado como para sentirnos cómodos o resignados. Orquídeas del Paraíso es una buen novela, la mejor de su autor y una muestra reciente que no sólo los amazónicos podemos hablar de nosotros mismos con la soltura y el rigor propios de quien conoce más allá de lo epidérmico a esta tierra de desconcertantes gentes.

TOP NUEVE: LO QUE NO VEO EN VISIONES. Ana Varela es la mejor poetisa amazónica de la actualidad y su nombre posiblemente tenga un lugar privilegiado cuando se cuente la historia literaria de esta parte del país. Este poemario, primigenio en la obra de su autora, le dio el triunfo en la edición 1991 del Premio COPE de poesía. Nadie duda dela calidad de este fresco intimista, publicado en pleno esplendor de la literatura femenina escrita por mujeres desencantadas de su entorno y particularmente interesadas por la exploración de su sexualidad. Varela intercala estas expediciones con las otras, más sociales o territoriales, las cuales descubren pequeña escalas entre pueblos amazónicos , que al fin y al cabo son estaciones sentimentales y estados de ánimo de la narradora. Aunque el feminismo poético ha envejecido bastante con el paso de los años, no lo ha sido el descubrimiento y la convivencia con los orígenes, suficientes para bramar por la lozanía y la vigencia de este extraordinario poemario de finales del siglo anterior.

TOP OCHO: PANTALEÓN Y LAS VISITADORAS ¿Quién no ha leído la novela ó visto la película ó escuchado de oídas sobre este personaje de ficción que hizo famoso Mario Vargas Llosa? Farsa y apólogo, Pantaleón y las visitadoras trasciende el humor y la anécdota inmediata y explica, a través de la construcción de este oficial del Ejercito que por circunstancias de la vida se convierte en el más grande proxeneta de los ríos selváticos, los variados mecanismos de una sociedad iquiteña que al momento de escribirse esta novela aún era una apacible y viperina ciudad provinciana, donde las personas eran buenas y corteses y donde el único deporte permitido, aparte del fútbol y el sexo, a falta de luz eléctrica y televisión, era el chisme y la maledicencia. Este libro es una reflexión moral que no busca denigrar nunca a las loretanas (como alguna ruma de imbéciles quiso hacer creer), sino exponer los variados caminos, a veces bastante graciosos, que puede tomar la lucha contra el pudor y la vigencia del deseo y el placer incluso en sociedades tan inocuas y cerradas como Iquitos de los años setenta.

TOP SIETE: LA BÚSQUEDA DEL ALBA Germán Lequerica fue reconocido tardíamente por este poemario, concebido en los calmos años cincuenta, el cual además puede ser considerado posiblemente como el más intenso y conmovedor que haya escrito un loretano. Apasionadamente simple, puede llegar a generar una serie de sentimientos, que van desde la constatación del panfleto hasta la emoción más profunda al leer versos que siguen retumbando en la memoria y el corazón de los lectores como éste: En la búsqueda del alba/ el hombre tiene inevitablemente/ cien manos/ cien pies/ y una estrella prendida en la memoria.

TOP SEIS: SANGAMA Considerado por más de un crítico y escritor y lector como la novela representativa de la Amazonía peruana, la que en todo caso, a decir del padre Joaquín García, es una novela totalizadora que presenta a la Amazonía al mundo y viceversa, señala los derroteros de un camino que hasta ese entonces no había sido recorrido en la literatura nacional. Hernández, graduado de abogado, tuvo en mente escribir una historia de la selva, pero presentarla como un territorio lleno de energía y de posibilidades, como una promesa real y auténtica, donde los conflictos sociales también son importantes, más importantes que el paisaje mismo y donde hay una esperanza gestándose en cada poblador consciente de su entorno, de sus posibilidades y, cómo no, de su futuro. La Amazonía como bandera de lucha, podría ser el mensaje implícito de esta obra capital de nuestra literatura.

TOP CINCO: LAS TRES MITADES DEL INO MOXO. Difícil, desusado, a veces confuso, ciertamente extravagante, iluminado bajo la estela del ayahuasca, bajo los cantos de la selva, bajo las regiones más disolvente del inconsciente colectivo, el ayahuasca y las icaradas nocturnas, este inclasificable libro de César Calvo es un homenaje bien ácido lisérgico a la Amazonía, bien psicodélico y bastante reverente a una tierra donde el mito y la realidad suelen entrecruzarse con bastante cotidianeidad. Sólo el genio enloquecido, la demencia artística de su creador pudieron darle un sentido coherente a lo que a todas luces resulta una incoherencia integral, una búsqueda a tientas entre el pasado y el futuro y entre los habitantes ocultos de los bosques y sus respectivos dioses protectores.

TOP CUATRO: LA JANGADA. Me hubiera gustado conocer a Julio Verne, tenerlo en vivo para preguntarle tantas cosas. Me hubiera encantado tratar de hurgar en esa portentosa imaginación y preguntarle por esta obra, que busca adentrarse a los vericuetos del hombre amazónico del siglo XIX, a una etapa en que la selva estaba asediada por bestias salvajes, barcos a vapor, barones del caucho y una sensación de fortuna tan intensa como efímera. Me hubiera fascinado descubrir las causas por las cuales un escritor tan importante y fantástico como él hubiera tomado este pedazo de territorio verde para escribir una historia tan despiadada como subyugante. A lo mejor me hubiera llevado varias sorpresas.

TOP TRES: MIRADA DEL BÚHO. Carlos Reyes, a los veinticinco años, produjo una conmoción al ganar la III Bienal de Premio COPE de Poesía 1986 por su libro Mirada del Búho. En este territorio de desusado lirismo, donde la cadencia y el ritmo que han sido y serán la marca de artista de Reyes, nos cuenta varias historias, que combinan la magia, la denuncia social (sin llegar al panfleto barato y mediocre), la búsqueda incesante del reino de la paz y el acoso constante a los terrenos de la utopía. Mirada del Búho es posiblemente uno de los poemarios más acabados de la literatura amazónica y un referente importante en la literatura nacional, así como una cumbre poética que, con el paso del tiempo, ha sido difícil superar por las generaciones venideras y las obras venideras, incluso de su propio autor. Esta obra contiene uno de los poemas de amor más hermosos que yo haya leído en mi vida, titulado “Canción de la Isla”: Detén los dardos que te asedian ciega hermosa/ de rara ausencia y manos manchadas,/ porque contigo fui y sólo contigo fui/ un onomástico sobre estrellas ardientes.

TOP DOS: INQUILINOS DE LAS SOMBRAS. Percy Vílchez es el mejor narrador loretanos de los últimos tiempos. Con este libro, sólo puedo decir que confirma esa realidad. Inquilinos de las sombras es una vuelta de tuerca a varios tópicos de esa manida literatura miticista y barata que se ha hecho tantas veces en Loreto y que los tontitos sigue creyendo es importante. ¡No más tonterías impresas a partir de ahora! ¡Adiós Huamán Ramírez, Rumrrill y Vásquez Izquierdo! Si quieren leer literatura bien hecha, emocionante, rigurosa y perdurable, éste debe ser su elección, sin dudas ni miramientos. La calidad siempre se impone a la impostura; siempre.

TOP UNO: LA CASA VERDE. Sólo porque Vargas Llosa pudo haber creado, con tan sólo un viaje a la zona, un fresco tan notable del infierno verde de Santa María de Nieva, sobraría y bastaría para recomendar esta excelente novela, obra maestra de la literatura latinoamericana. Pero, La Casa Verde es más que eso y, aunque tiene su contraparte piurana y costeña, expresa en sus páginas el dolor y la amargura de vivir en un mundo abandonado, donde la soledad, la indiferencia, las enfermedades, las lluvias y los lodazales compiten con la terquedad y el instinto innato del hombre por la supervivencia, como la del chino Fushía al que la enfermedad no sólo carcome su piel sino su razón, como la del mitayero Aquilino, como la del aguaruna Jum, como la de las monjitas de la Misión, personajes que combinan ficción y realidad, demencia y lucidez, en una novela estilísticamente perfecta. Vargas Llosa es un maestro, por eso, para que algunos “críticos” hablen de él para atacarlo y denigrar sus opiniones, sobre todo cuando afectan a sus amiguitos, deberían lavarse un poquito la boca y las neuronas, porque sino, tal como expresan sus opiniones, realzan su carácter de expresiones provistas de la más esplendorosa conchudez.

09 enero 2006

ALBERTO FUGUET AMA A IQUITOS

Iquitos siempre ha sido un laboratorio de emociones y de sentimientos variados. Entre los casos recientes, tenemos el caso del extraordinario cronista y mejor amigo Eloy Jáuregui, exponente senior del “Nuevo periodismo” wolfiano en nuestro país. Además, y permítaseme la introducción, destaca el mejor escritor de la nueva narrativa Mc ondo, el compañero de ruta y amigo cósmico Alberto Fuguet, chileno creador de algunas de las más sentidas obras sobre la generación under 40 latinoamericana y posmoderna. De Fuguet resalto una sentencia, escrita hace un tiempo en un artículo para El Mercurio de Santiago, que puede ser la que muchos suscribiríamos:

“Por lo general, me interesa conocer sitios que nadie conoce o, dicho de otro modo, que el resto se salta o no sabe que existen. Me interesan más bien los lugares que no parecen atractivos a primera vista. De un tiempo a esta parte, me he ido obsesionando con Iquitos, una ciudad no exactamente turística. Al revés: una ciudad que se evita y la cual muchos de sus habitantes desean abandonar. Pero, en pocos años, me ha tocado leer "El lugar donde estaba el paraíso", de Carlos Franz y, después de ver la adaptación al cine de Francisco Lombardi, volví a leer "Pantaleón y las visitadoras". Dicen que el barco que utilizó Herzog en "Fitzcarraldo" está ahí varado como un gran elefante blanco. Hace poco, cayó en mis manos una apasionante novela de viaje llamada "El príncipe de los caimanes", del joven peruano Santiago Roncagliolo, sobre el Amazonas y, por cierto, sobre Iquitos. En esas novelas, la ciudad a la que sólo se puede arribar por río o por aire es retratada como maldita y fascinante. Lo más probable es que sea más intolerable que placentera. Viaje o no viaje algún día a Iquitos, lo cierto es que ya me siento ligado a ella. Está incrustada en mi memoria” (Turistels Literarias).

05 enero 2006

TU “REYNO” EN MI COMBI, DIVINO BABY


TU “REYNO” EN MI COMBI, DIVINO BABY
Francisco Bardales

*****

Camino en medio de esta maraña de subterfugios angostos, arterias que suben y bajan en una ondulación que puede marear al más recio. El cobrador de la línea “S” (flota de combis que pueden llevarnos de Lima Norte a Lima Sur, pasando por Lima Tradicional, en un par de horas) me señaló con típica seguridad de palabreador, al dejarme en el paradero que interseca las avenidas Pachacútec y San Juan, en un paseo que me trae a las orillas del populoso y pujante distrito de San Juan de Miraflores, que debería caminar un poquito. “Cuatro callecitas nomás, bróder”. ¿Cuatro? Las huiflas. Veinte, treinta cuadras después, junto a mis devotas acompañantes, percibo un leve resoplo de desorientación. Ocho a-eme. Gruño: salir tan temprano de casa a veces puede ser una muy mala idea. Peino con mis aturdidas pisadas Pamplona Alta. Perdidos en Pamplona Alta; lindo titulo para venderle a la talentosa hija de Francis Ford Coppola, divago. Desde una radio con severos problemas de constipación, sintonizada en Inka Turbo Satélite, Dina la rompe con “Qué lindos son tus ojos”.

Ando por aquí básicamente porque todo este asunto de la fe me genera mucho interés. Aunque más de un demagogo se ha agradecido públicamente por ser tan fervoroso creyente, la mayoría de los seres humanos han tenido, por lo menos alguna vez en su vida, dudas en su concepción del mundo, en sus ideas de un ser superior, en su visión y adhesión a religiones e iglesias. Soy de aquellos que constantemente revisa y cuestiona su fe (aunque, ciertamente, podría pasar por devoto, más aún que aquellos contritos y fingidos – interesados- adoradores a Diosito). Y algo que me ha traído hasta este enorme laberinto enclavado en un clásico cerro gris de la capital es, sin ninguna duda, la admiración de este símbolo, estatua de yeso que en su versión original no suele sobrepasar los 60 centímetros, capaz de mover congregaciones, masas fervorosas y sentimientos motivadores como ningún otro: El Divino Niño.

Pienso, entre las caminatas que me van llevando junto a mi madre y mi amiga Sofía, llegadas espacialmente de la casa natal en Loreto, cómo hemos podido llegar a esta torva fascinación por este muchachito milagroso. Obviamente, su figura ha salido incluso dibujada en escenarios deportivos, calendarios, ha sido objeto de poemas, cuadros pictóricos, esculturas y estudios diversos. Pienso, otra vez: si alguien tuviera una compañía encargada de los derechos de su imagen se podría hacer multimillonario.

La devoción ha crecido rápidamente. En Iquitos (mi ciudad natal), donde antes se hacían novenas a la virgencita María o al Sagrado Corazón entre las distinguidas y tarrajeadas damas de la high society (las cuales, a menudo culminaban con soberanas y risueñas comilonas, en las cuales se practicaba el popular y nunca bien ponderado deporte nacional del “raje”), donde antes los pueblos jóvenes y las humildes “mujercitas y hombrecitos” (uso el término que políticos bien educados, paternalistas y sus respectivas esposas aplican con arrobadora candidez) reiteraban sus fiestas patronales a diversos santitos, ahora destaca la insustituible estampa de este infante de manos abiertas, ojitos estilo gato-engreído-casero y vestimenta rosadita. Evanescencia pura.

¿Será que en nuestro país ya reina El Divino Niño? ¿Será que ya es la figura religiosa nacional? ¿Será que en la Selva somos tan devotos de las modas colombianas que también hemos importado alegremente ésta?

Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada.

*****

Nos transportamos inmediatamente a Santa Fe de Bogotá (¡nunca más atinado el nombrecito!). Llegamos al templo y la plazoleta del santuario principal, ubicado en la calle 27 del barrio 20 de Julio, al sur de la ciudad. Las cifras son espectaculares: doscientas mil personas, desperdigadas en 28 misas domingueras acuden en busca de consuelo espiritual y algo, alguito más. Las celebraciones litúrgicas se suceden ininterrumpidamente entre las cinco de la mañana y las ocho de la noche. Llama la atención que en el lugar se hayan apostado carpas de la Cruz Roja, con sus respectivos médicos y enfermeras, a fin de atender todas las urgencias posibles, desde descompensaciones menores hasta severos cuadros de desvaríos cardiacos.

Cercada cuatro cuadras a la redonda, donde se ha restringido el transito vehicular, se encuentra la iglesia madre, construida en 1942 y administrada por sacerdotes salesianos, convertida en un centro de adoración constante y masiva. A los visitantes nos espera una impresionante estatua de dos metros, cubierta por una urna de cristal. Allí ,protegido, se encuentra el chiquito milagrero. Lo que más llama la atención es el gran letrero ubicado en la parte inferior de la base, que sostiene la efigie, sentenciando el imperio de su carisma: “Yo reinaré”.

La imagen original fue realizada por el artesano Blas Brando, en un almacén del centro de la ciudad llamado El Vaticano, en 1935. Desde aquella fecha, mucha agua ha corrido bajo el puente de este deslumbrante fervor. De las más de 300 iglesias que existen en la capital colombiana, por lo menos un centenar exhibe visiblemente su Divino Niño. En algunos estados, como el de Nariño, la fe empieza a adquirir particularidades propias del sabor local como el hecho de que su túnica haya trocado su color, del clásico y coqueto rosado al varonil azul. La parafernalia es impresionante y ello se puede palpar en las calles. Los vendedores ambulantes exhiben múltiples productos, desde calcomanías, reproducciones transparentes de plástico fosforescente, portalápices, los así llamados “tarros guarda de todo”, lapiceros, pócimas para la buena suerte, agua bendita, libros de lujo y llaveros de múltiples modelos y formas. Como se diría, la fe al servicio del mercado. Su Santidad Juan Pablo II hubiera dado celestiales gritos contra el mecanismo de trabajo este pingüe negocio del capitalismo popular .

Las fechas principales de su culto aún son motivo de controversia. Algunos prefieren que se celebre el 20 de Julio, en honor de la morada principal que lo dio a conocer en el mundo. Sin embargo, la más codiciada y asistida es la que se realiza el 1 de setiembre, considerada la Fiesta Patronal del Divino Niño. Para mejor disfrute de las actividades durante esta temporada, se recomienda siempre estar en el Santuario un día antes. Después, cuando se le apiñen por los cuatro costados diversos seres humanos emocionados y conmovidos, no diga que no se lo advirtieron.

Hay que recordar que el Divino Niño es una imagen que basa su diseño inicial en el culto al Niño Jesús de Praga El cura italiano Juan del Rizzo, responsable de la devoción en el barrio inicial, sabía que otra congregación, los carmelitas, tenía los derechos de propagación de dicha imagen, entonces optó por darle una vuelta de tuerca a las características básicas del milagroso prójimo checo. El resultado fue una progresiva adaptación y aceptación de los fieles, hasta llegar a la época de los “maravillosos ochenta”, cuando su fama se hizo total y sus ramificaciones, impresionantes.

Colombia, invadida por las huestes del narcoterrorismo, por los secuestros, asesinatos selectivos y coches-bomba, se volcó hacia este icono. La devoción popular hizo que un país invadido por el dolor, esa imagen tierna y llena de ingenuidad, produjera impacto e inmediata identificación. Los líderes nacionales, así como los “narcos” más encumbrados siguieron sus romerías, novenas, visitaron el santuario. La apoteosis aterrizó en la cotidianidad cuando, después de sendos atentados o secuestros contra sus respectivas existencias, los futuros mandatarios Ernesto Samper y Andrés Pastrana acudieron al Divino Niño para agradecerle a su imagen regordeta y sonrosada el mantenerse aún en este espacio terrenal.

Se han sucedido procesiones al Divino Niño en diversas partes del mundo. En Miami, especialmente por Hialeah, cualquier salida en andas del niñito convoca a más de seis mil personas. Hay movimientos similares en Washington, Nueva York, Puerto Rico, donde el spanglish lo ha rebautizado como Divino Baby. En Venezuela, Ecuador ya se han contagiado del rito. El Perú, donde la necesidad de imágenes que venerar es tan fuerte (recordemos a la Virgen que lloraba en Carmen de la Legua), no podía estar ajeno a él. Menos aún su rápida propagación, como una fábrica portátil de películas “bamba”.

*****

Milagroso, le dicen. «Me consiguió chambita», «Sanó a mi hijito”, « Me recuperó a mi marido». La devoción no distingue edades, sexos ni clases sociales. La famosa novena de homenaje se ha convertido en un libro que ha vendido más de tres millones de ejemplares, sólo en Colombia. En la parroquia-santuario, a donde llego luego de más de media hora de intensa caminata, en la librería adyacente, donde una serie de souvenirs relacionados al culto se expenden , la dichosa obrita es, modestamente, un best seller de ventas.

A la parroquia de Pamplona Alta, en honor al Niño Jesús, se puede ingresar en las horas de atención. Las puertas permanecen cerradas, pero si uno toca por la zona de administración y solicita visitar a la efigie, se le autoriza amablemente el ingreso. La parroquia ha ido creciendo gracias al apoyo de miles de fieles que llegan de todas partes de Lima, incluyendo los así llamados barrios “pitucos”. El Despacho parroquial tiene una salita de espera muy simpática que no tiene nada que envidiarle a los de María Reina, Virgen del Pilar o Medalla Milagrosa, florones de la corona del culto católico en la alta burguesía limeña. Gracias a la solidaridad, se puede atender a diversos niños y ancianos de la zona, cuyas necesidades primarias en muchos casos se encuentran irresueltas. Además, las misas se celebran continuamente y es posible que pronto deban buscarse más bancas o más espacio ante el aumento creciente de los asistentes.

Entro al espacio de veneración y la imagen es interesantísima. A través de una capilla en forma circular, se despliegan todos los motivos del culto. Me gusta lo que veo. La capilla llena de ángeles, vírgenes, pequeños infantes, colores a veces tan enemigos entre sí, pero aún tan cálidos y tiernos que provocan tranquilidad. En una urna, sobre un costado estratégico del lugar, se encuentra una efigie principal. Enfrente, el espacio principal, el Divino Niño sobre un soporte, al que se la agregado la imagen pintada de una María totalmente llena de gracia, sin pecado progenitora. Se respira vida en el espacio estructural, sobre todo un sentido y emotivo amor por el chiquilín. Uno puede rezar todo lo que quiera, hacer todos los votos y propósitos que quiera. De pronto, pienso en todas las buenas cosas que se han realizado en su nombre y en todas las obras apreciables cuya evocación han planteado. Pienso en aquellas imágenes que, aunque el escepticismo me permite dudar, no puedo dejar de reconocer. Este Divino Niño tiene la fuerza suficiente para generar un modelo de conducta o una inspiración que muy pocas imágenes me han brindado. La idea misma de que su fuerza pueda mantenerme respetuosamente, frente a él, a pesar de dudar del poder superior que, supuestamente, lo subordina, son esas sabrosas contradicciones que se permite el desconcierto de la fe.

Salgo renovado, plácido, menos gruñón que al principio, me dirijo junto a mis acompañantes hacia el mercadillo de cachivaches, hacia el centro de reducidores de la zona, la Cachinita del lugar, a tomar el carro de vuelta para la casa.. Subimos a otra combi, otra “S”. Me percato que entre las calcomanías diversas, hay una imagen del Divino Niño y una leyenda que señala “Yo reynaré” (con “y” griega). Sonrío cómplicemente. “Ese niño es milagroso”, repite mi madre, piadosa convencida Vaya que le creo, sobre todo porque, después de darme cuenta que en los últimos días no he dejado de hablar de él, que lo he adoptado como frase ideal de mi nick del Messenger de Hotmail y ahora reina su pequeña y fosforescente imagen de plástico en mi dormitorio, creo que, sí, este chiquito picarón y chaposo ha hecho el milagro. Vaya que sí.

04 enero 2006

LA DESTRUCCIÓN DE LA CULTURA

Que en esta ciudad desconocemos el significado de una política cultural institucionalizada resulta, luego de tantos vaivenes existenciales, una auténtica perogrullada. A la hora de pensar en modelos aplicables para encontrar un sentido artístico, estético y educativo a nuestra región, callamos la boca en todos los idiomas, incluyendo nuestros dialectos particulares. La cultura en Loreto se encuentra destinada al triste papel de pariente pobre, con local prestado y arrimada a su suerte, teniendo que lidiar diariamente con los caprichitos de algunas autoridades aplanadas y en edad senil.

La cultura está, pues, desguarnecida, y ante ello no tenemos gente para manejarla adecuadamente o para convertirse en inteligentes celadores de sus intereses. No hace mucho pensaba que el gran problema del rubro era la falta de apoyo de las instancias oficiales, de los gobiernos de turno, de los dignatarios que, en su mayoría, me parecían unos impresentables. Ahora, creo que el asunto no sólo amerita catilinarias contra el ogro filantrópico populistoide (término que acuñó Octavio Paz para referirse al Estado), sino con quienes dicen representarla o con quienes son sus supuestos beneficiarios.

Sí pues, algunos han creído que la cultura es un medio burocrático de subsistencia, en el cual su pequeño prestigio de poetas, de artistas, de teatreros, de animadores les da la capacidad para enfrentarse con altura a este difícil desafío. Mentira, pues. Por ejemplo, algunos amigos se han graduado de embajadores del mandón de turno y su presencia justifica las buenas paletas y el decorado oficial, trabando propuestas editoriales inviables y exponiendo su insigne cara de ignorancia en cuanto a cuestiones administrativas, proyectos y análisis coherentes se refiere.

En esta tragedia, donde el Prefecto de la ciudad, con una ligereza absoluta, a cada rato amenaza al Instituto Nacional de Cultura con desalojarlos del local del Boulevard sólo porque le da la gana, el presupuesto mensual de esa institución, para todo gasto, asciende a cuatro mil seiscientos soles. De esa cifra, que es inferior a lo que ganaría cualquier gerente edil (“sin muertos ni heridos”, por lo demás), se deben pagar sueldos, servicios, proyectos en espera. ¿Alguno en su sano juicio pretende que con esa plata – o con lo que debe sobrar - se haga promoción cultural efectiva? Meras ilusiones.

Efectivamente, el desinterés es total en todos lados. No sólo es culpa del gobierno regional, tampoco sólo de las municipalidades. Aquí le toca a todos nosotros, a las instituciones privadas, a quienes ganan con los intereses usureros que cobran pero no son capaces de meter dinero para financiar eventos que levanten el conocimiento de esta colectividad. Aquí le toca a todas las transnacionales que se llevan la plata fácil, pero han reducido su inversión en el rubro artístico. Va para todos los empresarios, dueños de cadenas de entretenimiento que no han apostado para nada en este aspecto, salvo para el canje. Esto va para todos nosotros, hipócritas que nos la pasamos rajando del Estado, del desinterés de los privados, pero nos negamos a comprar un libro (queremos que nos lo regalen), a adquirir discos piratas, a ver películas en VCD de cinco soles, de pésima edición y calidad, y no asistir al estreno de obras maestras como para dar paso a bodrios asquientos, éxitos de taquilla asegurados del subdesarrollo.

Nuestra realidad cultural, resulta ser una jauría de viejos decrépitos, payasos con ínfulas sobrenaturales, ebrios habituales sin ningún talento y ninguna vergüenza y ciertos figurettis que se sobrexponen y logrando, con mucho esfuerzo, sus fifteen minutes a costa del auto maltrato. ¿Tan poco hemos avanzado, tan inútil es nuestra clase intelectual que no se ha permitido siquiera una autocrítica sincera para no incidir en el fango argumentativo en que caen día a día?

Claro, uno añora una cultura nueva, un mundo cultural donde haya intercambios fluidos de ideas, polémica, debate, encono y las viejas rivalidades artísticas, si se quiere, pero no un bajo espectáculo arrabalero de viejas lavanderas resentidas y viperinas que usan la libertad de expresión y una tribuna en la prensa con el fin de destruir honras, asesinar moralmente, linchar públicamente actos honestos y a dar rienda suelta a todos sus desvaríos y enconos personales, cuando no sus patologías y su psique minusválida.

La cultura no da réditos porque no da coima. No da 10% (o 20% o 30%) por presupuesto aprobado. No genera negociados debajo de la mesa ni se preocupa por engordar las cuentas secretas donde los mandamases depositan el dinero mal habido, cuentas de testaferros, interpósitas personas, familiares futbolistas o cantantes folclóricos. Y tampoco te llena el estómago, menos te embriaga o te hace bailar. No, qué va; lo único que puede hacer la cultura es generar una riqueza espiritual interna, un sosiego y una libertad que nos hace invulnerables a los cantos de sirena de los mentecatos y los dictadores; contribuye a que el pasado y el presente se fusionen a fin de repetir las grandiosidades y evitar los cataclismos en el futuro; establecer la línea exacta entre los constantes rebeldes en busca de un mañana mejor, con riqueza material y desarrollo endógeno y los encajados sumidos en su televisor de catorce pulgadas bramando por Magaly Medina, en su radiecito prendido en los programas gritones de la mañana y su póster de la Karen Dejo pegada en la pared de la sala, fina cortesía de tu diario El Popular.

¡No, qué va, público culto y sensible! Si salgo con mi latita a pedir colecta para la cultura, casa por casa, calle por calle, institución por institución no me va alcanzar ni para el pasaje de regreso para la península ibérica. Mejor lo dejamos ahí, hasta que podamos conseguir, usted o yo, nuestro primer millón, a punta de sacrificio y trabajo, para donar para la cultura y sus singulares representantes. Sospecho que nos vamos a demorar un poquito ¿no lo cree?...

03 enero 2006

JAVIER CALVO, EL CHICO PUNKY DE LA LITERATURA ESPAÑOLA

Javier Calvo, nacido en Barcelona en 1975, ha publicado recientemente Los ríos perdidos de Londres (Mondadori, 2005), suerte de casa embrujada donde campean a sus anchas espíritus varios, desde Buffy Cazavampiros y el enigmático Dr. Who, hasta Pamela Travers, la creadora de Mary Poppins, y uno de los últimos y más célebres magos gnósticos británicos, el fundador del grupo experimental Coil, John Balance. En esta entrevista, para Clubcultura, Calvo, se autoconsidera chico punky y habla de codigos pop y referentes posmo en la literatura. De paso, léanse Los Ríos...es un libro disparatado y genial.


¿Cómo llegaste a Pam Travers y John Balance?
En el caso de John Balance fue más fácil porque para mí es un referente mucho más cercano. Yo de hecho soy un niño punky, siempre me ha gustado la música extrema, cuánto más extrema mejor. Yo conocía a Throbbing Gristle, que es la madre de toda la música industrial, el grupo que realmente inventó todo esto de gritar y hacer mucho ruido y eliminar el concepto de música de la música, lo cual me parece fascinante. Si doy gracias a Throbbing Gristle en el libro es porque realmente yo escribo con esa música, es ese el uso que le doy, como no me molesta, a diferencia de lo que le pasa a la mayoría de la gente, me encierro y subo el volumen. El libro es un poco el resultado de eso. Evidentemente no es lo mismo, supongo porque nunca he hecho la prueba, ponerte a Throbbing Gristle y escribir, que escribir poniéndote a Vivaldi, tiene que salir un libro completamente distinto. Entonces, conocía a Throbbing Gristle y había oído hablar de Coil, el grupo de John Balance y Peter Christopherson, miembro de Throbbing Gristle, pero nunca los había escuchado realmente. Vi una reseña en una revista y un día empecé a bajarme música de ellos, estuve cuatro meses escuchando solamente Coil, no escuchaba nada más, simplemente porque no podía, todo lo demás me parecía aburrido, espantoso. Me metí tanto en su música que gracias a este tipo de actividades delictivas conseguí bajarme todos sus discos de Internet. Coil desaparecieron públicamente en los 80 y se volvieron subterráneos, sus discos dejaron de venderse en tiendas y los vendían ellos, a veces, como una especie de secta itinerante que va vendiendo sus discos, algunos de los cuales dan mucho miedo, lo digo en serio, ponen los pelos de puntas, pero a la vez producen una especie de calma narcótica. Hay uno, Musick to play in the dark, con ck como Magick de Aleister Crowley, que es una de las experiencias musicales más intentas que he tenido nunca. Lo de Pamela Travers fue mucho más casual. Un día estaba viendo televisión y vi un fragmento de una película, sin darme cuenta que era Mary Poppins de Disney, este momento completamente terrorífico donde hay esa canción Feed the birds y una vieja misteriosa cuya ocupación es darle de comer a los pájaros y la canción básicamente va "feed the birds, feed the birds, feed the birds..." repetida de una forma absolutamente enfermiza y neurótica. Yo me quedé atrapado por esa escena y me pregunté hasta qué punto Disney había cogido la narración de Travers. Luego me di cuenta de que había cogido una serie de elementos y había dejado fuera lo más interesante, pero claro, me pregunté qué clase de mente enferma puede escribir esto. Ocurre que Mary Poppins da miedo en realidad, esa es la gran trampa de Walt Disney, quien cogió una serie de textos que eran muy oscuros, casi enfermos, y los convirtió en películas para niños. Pamela Travers murió infeliz, quejándose de que sus libros no eran libros infantiles, ella era una estudiosa de los mitos, una especie de Mircea Eliade, y había cogido los modelos para Mary Poppins en la mitología clásica, en las diosas paganas, y se propuso crear un nuevo mito.

Con este libro me estoy encontrando mucho con este fenómeno de incomprensión. Antes me preguntaba una periodista, tengo que reconocer que se lo curró la chica, "Si porque el hecho de que tú saques en uno de tus relatos a Buffy es una versión paródica de las formas bajas de la cultura televisiva que tú estás dignificando al colocarlo en un contexto literario..." Pero qué dices, es que a mí me gusta Buffy Cazavampiros, yo he visto las siete temporadas, no hay un solo capítulo que no haya visto, he visto hasta Angel, que es la serie del novio de Buffy. No hay ningún punto de ironía, es más, estoy en contra de la ironía en este tipo de cosas. Si quieres hacer un relato burlándote de Buffy, puedes hacerlo, pero qué sentido tiene, qué valor tiene eso. Pues con la literatura victoriana me ha pasado un poco eso. En el fondo sí que había una idea –que después descubrí que (Rodrigo) Fresán también tenía—, desde que soy autor publicado, de escribir un relato victoriano, pero casi como actitud de fan, como fan fiction, siempre he querido hacerlo. Por ejemplo quería que la primera escena del relato fuese una escena de thriller victoriano, un asesinato con un inspector de Scotland Yard, la víctima y los sospechosos fuera de ahí. Evidentemente esto se integra al relato y no es simplemente una broma, pero me gustaba, me gusta como funciona.
Cuando alguien como tú o como Fresán o como Jordi Costa integra elementos de cultura popular en su narrativa, la palabra inmediata que viene a la mente (y los textos) de la crítica es "pop", siendo tú un "chico punky" supongo que te molestará bastante esa etiqueta...
Me molesta la actitud con que se reacciona. Es una pesadez impresionante. Con mi libro anterior, El dios reflectante, la actitud de muchos periodistas, a quienes les había gustado el libro y hablaba bien de él, era: "Hala, mira, sale Godzilla" ¿sabes? Y bueno, vale, sale Godzilla, pero eso no es lo importante del libro o no debería serlo o no lo es para mí. La cultura pop la utilizo y la voy a seguir utilizando porque como lenguaje o sistema de códigos me parece perfecto, es ideal. La cultura pop fue el primer movimiento global, de hecho, fue la primera cultura global. Es lo único que me une a mí con un tío de Sri Lanka, los dos sabemos quién es Eminem. Es un lenguaje que puedes usar para decir cualquier cosa. Yo no escribo sobre fenómenos pop, como hace Jordi Costa, por tanto el que salga Godzilla es irrelevante, es un código que estoy utilizando para comunicar otras cosas. En ese sentido me parece un lenguaje perfecto, me permite integrar cosas que me gustan y que son universales. Yo creo que quienes deberían justificarse son aquellos que no lo utilizan, honestamente creo que deberían justificarse porque la persona que sigue escribiendo como si no hubiera medios de comunicación a su alrededor, como si no existiera todo esto, está llevando a cabo un ejercicio contumaz de negación de la realidad, están tapándose los ojos, dando la espalda al mundo, mientras siguen escribiendo novelas sobre tías solteras que viven en una casa en Santander mirando las olas.
Lo decía Ray Loriga a principios de los noventa: "En España se sigue escribiendo como si no existiera la televisión". Es una afirmación de hace casi 15 años y parece aún vigente...
De todas maneras, yo veo una diferencia muy fuerte según la edad de la persona que tenga delante. Y suena casi generacional esto que digo, pero no lo es, es una constatación. Por ejemplo, cuando tengo que dar varias entrevistas y llega el periodista, en la tele o un periódico, y veo que tiene 25 años, cinco menos que yo o así, en el fondo respiro tranquilo porque sé que no tengo que explicarle nada, es gente que lo pilla. Pero luego viene el típico tío de El País o la mujer que ha venido hoy por la mañana, y bueno, la señora será una profesional pero la pobre no entendía nada, había que explicarle todas las cosas. Como en mis libros la televisión es una influencia evidente, pues hay gente mayor que no lo entiende. Pero bueno, la mayoría de gente de los periódicos de 35 o 40 años hacia abajo lo capta todo perfectamente, no manifiesta ninguna sorpresa. En los suplementos es diferente, porque claro, en los suplementos literarios españoles no encuentras a nadie que tenga menos de 50 años, el perfil típico es un tío mayor de Burgos, que se ve obligado a definirte como un narrador "pop". Por no mencionar a toda la gente que considera que, en el fondo, todo esto no está bien, que no se debe contaminar la literatura con cosas no literarias, que lo literario es un valor en sí, que un buen escritor es Vila-Matas porque escribe sobre los libros que ha leído. No voy a ponerme a hablar de Vila-Matas porque, bueno, es una actitud y Enrique Vila-Matas se morirá sin escribir un relato que hable de nada que no sea otros libros, porque es lo que él hace y, supongo, que lo que hace lo hace bien. La otra actitud, claro, es considerar que la televisión es el enemigo, el enemigo de la lectura. Para empezar ya hay demasiada gente que piensa esto y, por otra parte, no sé bien a qué lleva.
¿Te sientes incomprendido de alguna manera?
A ver, lo que pasa es que nadie puede aspirar a gustar a todo el mundo o hacer que te comprenda todo el mundo. Eso es una cosa. Otra cosa es escribir para la gente de tu generación. Ese sería un caso extremo y yo no escribo conscientemente para la gente de mi generación. Aquí el problema más grave, creo, es que cuando hablamos de generación hay un lío tremendo. Para empezar, cuando se habla de generación literaria en España todavía hay esta idea de la Generación del 27, que era básicamente treinta señores que salían todos juntos en una foto sonriendo en plan: "mira, somos una generación literaria". Evidentemente, es un concepto de generación que no existe ya. Si consigues meter a treinta tíos en una foto hoy en día, básicamente estarán todos intentando separarse para ser cada uno un solo individuo. Ese concepto de generación, tan español por otra parte, en que los poetas iban todos a un café y fumaban pipas y hablaban entre ellos, pues ya no pasa. Por otro lado, el otro problema es que las generaciones cada vez van más de prisa, la historia va tan de prisa que uno ya no sabe a qué generación pertenece, yo no lo sé. Esta mañana a un periodista se le ha ocurrido decirme: "Si, bueno, la gente de tu generación como Rodrigo Fresán". Te juro que casi le doy una hostia, Rodrigo Fresán tiene 43 años ¿entiendes? No es de mi generación, aunque solo sean 11 años de diferencia, Rodrigo es un niño de los sesenta que está flipado con los Beatles y tal, yo no soy así, nunca viví eso. Guillem Martínez tiene 40 años también y él dice que no es de la misma generación que yo. Entonces, ya estamos hablando de un proceso de aceleración que hace que la gente dentro de un rango de diez años ya no sea de la misma generación, mientras que seguro que los de la generación del 27 se llevaban 20 años unos y otros, y pronto el cambio será de cinco años en lugar de diez. Así que ¿para quién estás escribiendo? ¿Para tus contemporáneos estrictos, nacidos en el mismo año que tú? Por supuesto que no.. A pesar de que cuando empezaron a dar el Dr. Who, yo no había nacido. Sobre ese tema, cuando un periodista me dice: "Bueno, es que esas alusiones tan modernas que utilizas..." ¿Modernas? ¿La semilla del diablo, Mary Poppins, el Dr. Who?...Retro en todo caso, hasta nostálgico, pero ¿moderno?
Roger Gual, con quien has coescrito el guión de Remake, su próxima película, te definía como freak en un texto recientemente
¿Qué se entiende por freak en España y por qué parece que todo lo que escapa un poco a la norma es freak?
Roger Gual es un descerebrado, se lo digo siempre. Imagino que estará intentado hacerse el gracioso, supongo que es una broma, que lo escribió porque sabía que yo lo iba a leer tarde o temprano, o quizá porque en realidad piensa que soy un freak. A veces hablo con él y le digo que me gusta tal película japonesa donde a un tío le cortan la cabeza y se comen sus sesos, me gusta chincharlo, y él me dice siempre: "Tú eres un freak". Pero bueno, es una etiqueta que ha ido perdiendo significado. Para empezar, es una palabra extranjera que se ha adaptado aquí un poco sobre la marcha. Tiene un significado sí, pero es la típica palabra que no se puede definir más que poniendo ejemplos: Jordi Costa es freak ¿Por qué? Pues yo qué sé, porque tiene una tienda de tebeos... Rodrigo Fresán es freak ¿Por qué? La verdad que no sé cómo Rodrigo Fresán ha llegado a ser freak, Rodrigo es nerd más que freak, es el clásico nerd, igual que mi cuñado (Jonathan Lethem), es el típico tío que su mente es una computadora donde está archivada toda esa información y supongo que le interesa más aquello que pasa en las películas o los libros que fuera en la calle con la gente, y se nota eso.