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30 octubre 2007

¿ESPAÑA ODIA A "SUDACAS" Y "PERUCHOS"?

Sutilmente, como quien no se da cuenta, la comunidad española ha reaccionado con cierta incomodidad ante la incontenible ola de agresiones xenófobas y racistas que se han publicitado intensamente estos días.

Evidentemente, estamos hablando de hechos aislados y de personajes identificados e individualizados, que seguramente deberán afrontar ante la justicia por su criminal agresión, como en el caso de
Sergi M.M., el joven de 21 años que, durante un viaje del metro de Barcelona, insultó y golpeó insanamente a una jovencita de 16 años de origen ecuatoriano, despotricando de su presunta nacionalidad (entre las lindezas, le dijo "zorra inmigrante de mierda"). Ahora, el reciente caso del joven español de padres peruanos golpeado por un grupo de policías, además de vejarlo con epítetos de grueso calibre, entre ellos el más suave: “perucho de mierda”, lo detuveron sin aparente motivo en una comisaría de Vallecas (Ver más del tema aquí).





¿Qué puede motivar a esta ola de ataques condenatorios contra todos aquellos que, quizás por ventura de la naturaleza, hemos nacido en tierras latinas y calzamos en aquello que los miserables cánones de cierto racismo histérico de la Iberia califica como “sudacas”? Que conste que existen gentes que han justificado plenamente los ataques a la joven ecuatoriana o lo han “entendido” por razones que van desde el alcohol o el “stress”. Y, en ese sentido, estos signos, que ya se multiplican por cientos durante todo el año y en lugares como los estadios de fútbol (
recordemos, sino, el famoso escándalo de las palabras de odio racial contra Samuel Etoo en el estadio de La Romareda). La actitud mental de creerse superiores y diferentes, sobre todo con aquellos que en algún momento fueron principales fuentes de sostenimiento cultural, laboral y económico, no es sino deplorable y reprobable.

Pero debemos recordar también que aquella España que acaba de sacar recientemente su ticket de blanqueado social y confirmación de país de primer mundo mediante subasta pública, es aquella misma España franquista, xenófoba, insolidaria y grosera que, felizmente, no representa a la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Porque esa España encerrada en su círculo de fuego, que desprecia totalmente todo lo que de plural tiene el mundo (y que, al fin y al cabo, lo hace tan interesante y atrayente) en realidad son bolsones de resistencia reducidos, que coletean y expresan la miseria moral de la violencia ante la imposibilidad de la razón y la tolerancia. Y ante ellos, el Estado y los cánones pedagógicos deben preparar claramente a sus generaciones para desterrar o contraer hasta la inocuidad dichas prácticas.

Leo que en
un ómnibus de Girona todos los pasajeros se amotinaron ante la actitud racista y discriminadora de un boletero contra un médico de origen cubano. Es un buen paso y una sana actitud para valorar. Esperemos que ante los demás casos, que ya empiezan a escandalizar y avergonzar a sus ciudadanos bien nacidos, sean también una oportunidad para demostrar que los “sudacas” en realidad somos ciudadanos con deberes y derechos humanos que deben ser preservados por el Estado, la conciencia cívica, la justicia y la dignidad españoles.


Video: La agresión racista contra los ilegales peruanos en España.