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16 marzo 2008

GOLPE DE ESTADO CONTRA LAS REGIONES

En un reciente viaje por el sur del país, en uno de los tantos autobuses que tuve que abordar, me encontré con un amigo que tuvo a bien darme una lección sobre las medidas que el gobierno viene tomando “en pro del desarrollo y la estabilidad”. Me parecieron bastante articuladas, sobre todo por el detalle principal: el orden. Claro, este amigo vive tranquilo en Lima y es una suerte de déspota de muchas luces, al que probablemente le da igual si Bush o Chávez gobernaran el país, siempre y cuando mantuvieran la “tranquilidad pública”. Mirando desde la ventana los parajes de una sierra caliente, donde el rechazo a la gestión presidencial es bastante fuerte y la presencia de la anarquía sigue siendo un asunto por resolver.

Ante ello, el APRA (cercado por el abrumador 68% de la opinión pública que desaprueba la gestión de Alan García, según última encuesta de Apoyo) ha endurecido su política y se ha lanzado con todo, en el espectro de su estrellita toma-todo, el congresista loretano Augusto Vargas, para reprimir a la oposición, la actual y la que – de hecho – se viene.

Lo que ha propuesto esta semana Vargas (tras una conveniente idea del “Betito” del Derecho, Víctor García Toma, y la anuencia tácita de García) es una clara invitación al golpe de estado. Y un nuevo guiño al conservadurismo más primario, a la entraña sectaria/fascista que el aprismo ha cultivado desde siempre. Además, una pésima lección de consecuencia ideológica. Su proyecto de ley para, mediante reforma de los artículos 102 y 118 de la Constitución, intervenir las regiones y descabezar las mismas, por decisión unilateral del Poder Ejecutivo, parece tan descabellado que no tendría razón alguna para ser aprobado. Pero se siente como un globo de ensayo en caso las protestas provincianas excedan la capacidad de respuesta oficialista.

No es ninguna novedad que el gobierno auspicie medidas de este nivel. Cuando se tiene a las mentes más retrógradas de la derecha, desde las páginas de Correo, chillan por represión indiscriminada y cuando esas mismas mentes tienen pase libre para ingresar a Palacio de Gobierno, entonces es fácil que se lancen frases y palabrejas como “violentismo”, ”perro del hortelano”, “revueltas ciudadanas” para armar este tinglado de vocación totalitaria.

Sin embargo, Vargas, solícito, se ha prestado para un juego donde lo que prima es el interés del partido antes que del país. No se ha dado cuenta que ha matado de un solo tajo la idea misma de descentralización, que tanto defendían sus compañeros, empezando por García y Jorge del Castillo, ahora sistemáticos detractores de la labor de los presidentes regionales (electos en comicios populares y en votación libre). Porque, una vez más, el APRA mantiene un doble juego en el que la descentralización solo vale cuando sus presidentes son miembros del partido. Si no, más aún si son indóciles, hay que derribarlos del modo que sea. Y para eso existen fusibles como Vargas, dispuesto a hacer el trabajo sucio de la cúpula, con tal de trepar en su organigrama dirigencial.

Intervenir a un gobierno regional que se opone a medidas como la contratación de docentes del tercio superior o la ley de venta de bosques amazónicos es factible dentro de un marco legal como el actual. No es que defienda el sentido de la descentralización, que me parece caótico (hechura e inspiración del aprismo), e incluso algunos gobernantes como el de Puno y Ancash me parecen impresentables e ineptos. Pero la iniciativa de Vargas va más allá: busca sacar de carrera a todo lo que se le oponga. Y claro, desde este punto de vista, normas impopulares o caprichosas como las antes citadas pueden ser mejor manejadas con autoridades locales obsecuentes. Es decir, el descabezamiento de la autonomía, que tanto reclamaban y chillaban, desde sus administraciones y en la calle, como reyes del camaleonismo, durante el gobierno de Toledo. El inicio de una persecución “formal” contra los rebeldes no se encuentra muy lejano.

Augusto Vargas se está convirtiendo en un eficiente escudero de García. Pero a la vez está alcanzando categoría de figurín a costa de traicionar sus principios loretanos y la autonomía regional, esa que defendía con tanto ahinco durante el fujimorismo. Tapando a la indecente Tula Benites, defendiendo lo indefendible del “perro del hortelano” de García, amenazando a las provincias, asumiendo la suciedad de un partido (y una más de sus “coincidencias” con la ultraderecha) con el cual está más que hipotecado, es una buena forma de alcanzar poder. Pero no contribuir a la decencia y a la transparencia. Esa es una lección que ya debería tenerla bien aprendida el vehemente e inteligente, pero sectario Augusto.

18 febrero 2008

EL HUMORISTA OFICIAL

Sí, pues, Alfredo Marcos es un buen caricaturista, un tipo fenomenal, y además un agudo crítico de la realidad nacional. Pero tiene su corazoncito, y marca la estrella. Al mejor retratista de Los Calatos, se le ha visto el fustán aprista con esta última caricatura en La República, y de paso ha dado una pésima señal de complacencia con el gobierno y el presidente Alan García, sobre todo luego de las protestas del Cuzco contra las medidas recientemente dadas respecto de las concesiones turísticas.



Es que los apristas, los convictos y los media-caña, como Alfredo, cuando hay que defender al partido, no se miden en excesos (o pinceladas infames). Lástima que, sin darse cuenta, nuestro amigo Marcos se convierta en el humorista oficial del segundo aprismo.

Links: Ver más en Utero de Marita y El Morsa

03 julio 2007

EL RETORNO DEL OSCURANTISMO

El gobierno aprista viene cayendo aceleradamente en su popularidad, Digamos que tampoco le está yendo tan mal (40% en promedio no es una mala cifra para Latinoamérica, sobre todo para un régimen que anda por el año de gestión). Sin embargo, el fenómeno ha mostrado dos cosas: por un lado, la excesiva importancia que asigna el presidente Alan García a los sondeos de opinión o lo que dicen de su liderazgo; y, por otro lado, un creciente y más desembozado por la intolerancia y el oscurantismo.



Hace unos días, en una deplorable y poco civilizada actitud, García ha apoyado plena y altisonantemente la censura que la administración cultural del país, por intervención directa de las Fuerzas Armadas, y la venia de su Despacho, ha acometido contra la muestra artística del ilustrador Piero Quijano, porque “insultaba” a diversos poderes establecidos.

La muestra retrospectiva de Quijano (quien ya había publicado dichos trabajos en medios de comunicación como Perú21) fue desmontada del Museo Mariátegui del INC debido a tres ilustraciones específicas: una que simulaba la famosa foto de la II Guerra Mundial en la que los soldados americanos izan la bandera norteamericana sobre la isla japonesa de Iwo Jima, pero esta vez ironizando con soldados peruanos que inoculan una bayoneta sobre un campesino andino, con telón de fondo de una estatua de piedra; otra en la que se simula una pretendida privatización de Machu Picchu y una tercera en la que aparece una caricatura del presidente García con un pin en la solapa del saco que señala “TLC y TDG 1 BB”, aludiendo a su reciente e inesperada paternidad (una caricatura, por lo demás, inofensiva, que pueden ver en la ilustración de este post). El director del museo, Armando Williams, renunció inmediatamente al cargo.

García ha avalado plenamente la censura, calificando que es lamentable que los artistas mancillen la honra de las personas e instituciones. Diríamos que el Presidente no sabe mucho de arte, o ha perdido completamente la correa, porque no se ha dado cuenta que la caricatura y la sorna precisamente tienen ese componente. Además, a partir de ahora, gracias a su nefasta actitud se instaura el Nuevo Arte Oficial del Perú, que se nutre del conservadurismo retrógrado que actualmente cogobierna con el aprismo.

Lo más lamentable de los primeros 365 días del nuevo mandato de García (además que ha engordado como un obispo holgazán), es el endurecimiento del pensamiento reaccionario e intolerante, a la par que se ha buscado establecer alianzas tácitas con la derecha más rancia y los poderes fácticos que la promueven (Fuerzas Armadas y el sector ultra de la Iglesia, liderado por el Opus Dei). Además, por lo bajo se colocan a los servicios paralelos de inteligencia y guerra sucia (la conexión Agustín Mantilla es tan evidente que no necesita mayor explicación) y arriba se coquetea con el fujimontesinismo y los representantes del más rancio mercantilismo empresarial (el limeño, no los “pichiruchis” de provincia a quienes se los acusa de todos los males del mundo).

Las señales de la momificación del pensamiento ilustrado en el aprismo son demasiado alarmantes como para tomarlas a la ligera: instauración al caballazo de leyes como la pena de muerte o la negativa a permitir, cual si fueran eunucos, que los jóvenes decidan su salud y equilibrio sexual como en cualquier país moderno, amén de leyes de desarrollo para el interior del país; el mayor poder del reaccionario Rafael Rey en las decisiones del gabinete; la fuerza insospechada del vicepresidente militarote Luis Giampietri en las decisiones ejecutivas; la campaña de demolición y agresión contra opositores, ONGs, periodistas; los ataques contra el sistema de derechos humanos, la inclusión de infiltrados fujimontesinistas como Alberto Pandolfi en el régimen, el manejo de información paralelo que maneja el cogollo vinculado a Mantilla, las ínfulas que se maneja el cardenal Cipriani y el Opus Dei para amenzar con tomar la Universidad Católica; las gollerías y exoneraciones que gozan las grandes transnacionales, mientras a las provincias se les da látigo y garrote) - Ver más sobre el tema en un buen post sobre el tema recopilado por J.A. Godoy.

Ahora, le ha tocado al arte y la cultura, a través de la ominosa actitud promovida por el propio Jefe de Estado (con razón nuestro alcalde Shaluquito se envalentona para censurar la Feria del Libro, tumbarse los árboles de la ciudad e instalar un relleno sanitario al lado de una reserva natural). Parece que el tenor de los nuevos tiempos será la cruz y la espada (amén de la baja policía que te golpea con cachiporras si no te portas bien), una actitud represiva en todos los aspectos del desarrollo humano, de la política, de la disidencia, del buen humor y el pensamiento crítico (así como el guante blando para todos los platudos mercantilistas de familia “decente” y limeña). Oscurantismo, puro y duro, en suma.