Mostrando las entradas con la etiqueta militarismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta militarismo. Mostrar todas las entradas

31 marzo 2008

TROPAS GRINGAS Y FARC EN LORETO

La Primera, publica hoy una denuncia de Ollanta Humala sobre la presunta presencia de tropas norteamericanas en la ciudad de Iquitos:

"
Humala denunció la presencia de tropas norteamericanas en la Amazonía peruana y pidió al ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, se pronuncie sobre esta información que viene de fuentes militares absolutamente confiables, de sus “colegas militares (del líder nacionalista) que trabajan en Iquitos”.

Ollanta Humala precisó a LA PRIMERA que la presencia de infantes de marina de los Estados Unidos en la Base Naval de Iquitos tendría la finalidad de instalar una base militar en la selva de Loreto, que sería parte de la estructura de apoyo del Plan Colombia.

“El batallón norteamericano ha ingresado al país bajo la justificación de apoyar acciones de entrenamiento a marinos peruanos en tareas de desembarco”, explicó el líder nacionalista.


No es la primera vez, tampoco la última vez que se ha tratado este tema con cierta fuerza en los medios de comunicación. Pero, aún cuando la denuncia de Humala no sea novedosa, sin embargo no deja de ser menos preocupante. Porque, según lo que se puede demostrar, sí es cierto que existen soldados y personal militar norteamericano en suelo iquiteño y, probablemente, en otros espacios de la región. Incluso,
algunos documentos han señalado anteriormente la presencia permanente de asesores norteamericanos. Ello no está alejado de la verdad, y es muy común ver en la ciudad y alrededores camionetas manejadas por extranjeros de diversa procedencia, todos ellos con aspecto muy particular en este sentido. Algunos han creído que se trata solo de miembros de la DEA (Drug Enforcement Agency), pero es difícil señalar si todos ellos pertenecen a dicha agencia antidrogas.

El pretexto han sido siempre
maniobras militares, como las realizadas por el Comando Sur o apoyo a la armadas nacional, como en esta oportunidad.

Ahora, de por sí, esto no significaría que exista un plan elaborado para crear las condiciones que justifiquen poner una base militar en plena Amazonía peruana. Pero, dados los indicios que ya se empiezan a barajar (la crisis diplomática entre Colombia-Venezuela-Ecuador, la presencia de FARC en territorio peruano, el posible traslado de la base ecuatoriana de Manta), no se podría dejar de lado por lo menos la sospecha. Además, en cuanto a las
FARC, es evidente que ellos ya han tomado más de un espacio presente en selva loretana, no de ahora, sino de hace bastante tiempo. La última detención de miembros del grupo terrorista en Iquitos solo ha confirmado que la penetración de sus miembros por la frontera es evidente. Ante ello, el gobierno aprista no ha tenido capacidad de respuesta y parece resignarse a que la linea divisoria entre Colombia y Perú se haya convertido en una coladera. las guarniciones del Putumayo en ese sentido están desoladas y desde Loreto se ha pedido reforzar totalmente la frontera.

La importancia geoestratégica de la Amazonía peruana dentro de este espacio (es el único espacio que aún no ha sido "militarizado" en la región), no sólo por el cálculo bélico, sino por la presencia de depósitos de bosque virgen y reservorios de agua dulce, es demasiado evidente. Humala solo ha puesto de manifiesto una verdad que ya empieza a hacerse cada vez más incómoda, ante la cual es preciso pedir explicaciones, convincentes.

La Amazonía peruana no puede convertirse en zona liberada por cuestión de complacencia y debilidad del estado peruano ante las demandas militarista norteamericana y ante el avance terrorista de las FARC.


ACTUALIZACION (martes 1 de abril). Antero Flores Araoz, ministro de Defensa ha debido aceptar que sí existen tropas norteamaericanas en territorio loretano. La Resolución Ministerial 229-2008-DE/SG, del 10 de marzo de este año, autoriza el ingreso de un número indeterminado de militares norteamericanos, “para realizar un estudio previo en la ciudad de ­Iquitos para el entrenamiento de Equipos Móviles de Entrenamiento de Tácticas Terrestres”. Según se ha indicado, en lo que va del año, 31militares norteamericanos han ingresado de este modo.

28 julio 2007

PATRIA O MUERTE, ¿MARCHAREMOS

Miré los muros de la patria mía
Si un tiempo fuertes, ya desmoronados
De la carrera de la edad cansados
Por quien caduca ya su valentía
(Francisco de Quevedo, Salmo)




En este país, los desfiles se han convertido en un rito periódico. A lo largo de un cronograma, a menudo estático, de fechas de acontecimientos, aniversarios, días conmemorativos, suelen tener su máxima apoteosis durante la celebración de las Fiestas Patrias. Allí, los participantes directos, henchidos de emoción, azuzados por locutores de verbo inflamado que los conminan a dar lo mejor de sí bajo amenazas sentimentales de mandarlos a la cárcel o convertirlos súbitamente en apátridas, hacen gala de orden, disciplina, marcialidad, gallardía y una enorme –aparente- conciencia cívica.

La noche anterior a la fecha en que me tocó desfilar como parte de uno de los escuadrones de mi colegio, una calurosa mañana de julio de 1993, no pude dormir. En mi interior temía al ridículo. Era –soy- un desmañado para esta clase de efemérides, capaz de confundir cuál de los brazos debía subir y cuál de las piernas debía mantenerse quieta y en qué momento mi oído debía seguir los compases de la banda de música. Muchos de mis amigos también compartían mi punto de vista y mi ineptitud. Sin embargo, en el momento crucial, realizamos los mejores movimientos que nos pudiesen nacer.

Se escuchaban pocos aplausos, muchas pifias y risas. El sol era abrasador. Nuestros rostros eran duros, tensos; nuestras frentes mostraban arrugas, las cejas las teníamos arqueadas, apretábamos los dientes y sólo esperábamos que todo eso terminara. Nunca supimos en qué puesto quedamos, ni quienes fueron los que desfilaron mal. Sólo queríamos beber algo y largarnos a nuestras casas. Del espíritu patriota, nada, en absoluto; apenas una hipócrita mención al momento del himno nacional.

¿Cuántos de los que realmente querían desfilar esa mañana lo hacían por el orgullo de ganarle un torneo –tal como muchos jóvenes ven a esta actividad- a los colegios rivales, arrancharles el gallardete, ponérselo encima y festejar la victoria con estridencia? ¿Cuántos lo hacían realmente porque tenían que exteriorizar su amor por la patria a través de aquel disloque alrededor de la avenida Grau envueltos en la gloria de los aplausos y el sonido del corazón latiendo rojo y blanco y transformándose al menos por ese momento en vehículo de reencarnación de los héroes nacionales?

Durante las celebraciones por el Día del Perú, se convierten en medio por el cual se expresa amor a la tierra que lo vio nacer y cobija. Cuanto más esfuerzo despliegue alguien en exteriorizar su euforia y agrado por la Independencia Nacional, más peruano es. Esta posición, teórica en realidad, es defendida, salvo incautos, mayoritariamente por militares, papás chapados a la antigua, viejitos nostálgicos de campañas guerreras de antaño y, en general, por todo aquel que crea o profese ideas reaccionarias y ultra conservadoras.

En la práctica esto no es así. Hagámonos unas cuantas preguntas y contestémoslas con toda sinceridad ¿Cuántos muchachos y muchachas, niños y niñas de los que participaron, por ejemplo, en el desfile escolar, querían ser parte de batallones uniformes de condiscípulos levantando las piernas más arriba de la cintura, irguiendo la cabeza arrogantes, acompañando mentalmente el compás de un redoble castrense mientras el stress y los nervios, no por quedar mal ante el público sino por las eventuales consecuencias que pudiese conllevar su imperfección ante los mandamases del colegio, los iban minando psicológicamente?

Hace falta una reflexión sobre el sentido del término “Patria” y su consabida confusión con otro tipo de conceptos que alientan la sobrevivencia de ideas tan repulsivas como el chauvinismo, la xenofobia o el propio nacionalismo, a pesar de la inminencia del nuevo milenio. La anécdota de los mozuelos aporreados por las fauces de la lluvia en medio de un imponente desfile pseudo militar, nos puede servir de base para intentar este análisis.

Una nación no se hace grande a partir de la imposición de sus símbolos-fuerza por parte de los grandes conglomerados del poder. Si esto se da, su legitimidad es endeble y sus aparentes cimientos pueden desmoronarse al menor terremoto social. Una nación se hace grande cuando es libre, para desarrollar y crear; cuando sus ciudadanos son libres, libres para experimentar la posibilidad del éxito y son la principal materia prima de que está hecho el progreso.

Siempre he pensado que un país florece a partir de las grandezas de sus habitantes, y no tanto en la cantidad de riquezas naturales que albergue por ventura de la providencia o por la privilegiada ubicación geopolítica que pudiese tener, ni siquiera por la clase de Dios en que la mayoría de su población pudiese creer. Tampoco por la exteriorización fingida de su amor a la Patria a través de pompas insulsas.

Los grandes hechos de la historia no parecen ser fruto de la rigidez disciplinaria, sino creación del consenso y la convención, de la autodeterminación de los pueblos y sus individuos. Ello motiva que autónomamente el hombre trabaje por sí mismo y, de paso, por su país.

Cuando la prosperidad es evidente, el orgullo no sólo es para el ciudadano, sino que ese sentimiento lo transmite a su terruño. Ello provoca un lazo duro y sólido basado en la autonomía de la voluntad. En cambio, cuando acontece lo que vimos en la Plaza 28 de Julio durante los últimos desfiles escolares hace que, inconcientemente, el Perú termine siendo para el peruano una pálida analogía de aquel terrible verso de Washington Delgado: “Un soldado hubo y decía/a quien le oyera:/mato porque me pagan/y no sé lo que es el cielo”.

Foto: Binario