
Un monumental proyecto turístico se viene desarrollando en nuestra región. El consorcio Aqua Expeditions, integrado mayormente por capitales italianos, ha desarrollado un nuevo servicio de cruceros a través de la selva. Durante mucho tiempo, ha ido diseñando con la más alta capacidad multinacional (y el concepto del afamado arquitecto Jordi Puig), una embarcación fluvial llamada Aqua, la más lujosa y confortable en su género. Con tres niveles, una docena de habitaciones acondicionadas con todos los servicios que un servicio hotelero cinco estrellas puede brindar, los mayores servicios tecnológicos, una boutique a bordo y un servicio de restaurant sofisticado (ideado por el extraordinario chef limeño Pedro Miguel Schiaffino, con los platos más exquisitos y creativos, ideados con productos de la región), expresa una forma bastante intensa y competitiva de hacer atractivo un lugar para clientes que pueden consumirlo. Sus destinos usuales incluyen el Amazonas y un tour completo por la reserva Pacaya-Samiria (con vida salvaje, birdwatching, travesía por el Puinahua, el Marañón, el Ucayali y sendas sesiones de pesca manual).
Un paquete de una semana en una de las suites más completas puede llegar a costar hasta cinco mil dólares por persona. Sus visitantes, todos extranjeros adinerados, apenas pisan el aeropuerto de Iquitos son trasladados al embarcadero y de ahí empiezan el trayecto soñado. Una vez culminado el tour, se repite la acción y el grupo enrumba directamente hacia su avión de retorno. De la ciudad, solo llegan a ver algunos espacios en el trayecto del bus y supongo que, encandilados con las maravillas de la flora y fauna, les importe poco haberse perdido las bellezas de una urbe que no tiene agua en su terminal aéreo internacional y los recibe con un enorme corazón púrpura anunciando un night club de tercera categoría y la tradicional modorra de quienes entregan los equipajes. Los albergues turísticos ya no ofrecen un servicio de estadía en Iquitos, en principio porque les sale más barato atender directamente en sus albergues. Pero, también, lamentablemente, porque la ciudad – con solitarias excepciones – aún no tiene un servicio de atención que justifiquen un par de días recorriéndola. Y eso aún es más deplorable, porque Iquitos como urbe y como destino presenta atractivos incomparables y totalmente alternativos.
Usualmente, los turistas que vienen por estos lares, los que pueden generar divisas a la ciudad, necesitan un servicio mínimo de atenciones, como el que existiría en cualquier otro lugar del mundo. Aunque un puñado de hoteles y restaurantes que intentan mantener ese standard mínimo, la gran mayoría lo rechaza o no lo usa. Y eso de nada sirve, porque no creo que alguien quiera vivir encerrado en una habitación cuando visita una ciudad nueva, pero tampoco es bonito que se sienta incómodo y maltratado. Es común que la ausencia de agua y la suciedad ahuyenten a más de un comensal. Además, la proverbial cortesía loretana se pierde en los servicios de transporte, debido al ruido infernal, la irresponsabilidad de los choferes y su cinismo a la hora de cobrar. Difícilmente un actor famoso o un gerente ejecutivo de una poderosa compañía (recientes visitantes del Aqua) puedan tolerar estas carencias. En verdad, son muy pocos los extranjeros (y un creciente grupo de nacionales) que lo podrían hacer.
No voy a explicarles a todos ustedes lo hermosa que es Iquitos cuando quiere dar una buena imagen. Aún así, tiene varias deudas en dicho empeño. En principio, se debe crear un plan de trabajo de festividades y celebraciones que funcione y no sea un mero saludo a la bandera. Y las instituciones públicas y privadas deben generar un sistema de trabajo que incluya campañas de concientización, educación y promoción en locales, en puntos álgidos, en escuelas y centros de atención. La cultura es importante motor de promoción y ya es hora que se empiece a crear un circuito turístico cultural con edificios como el ex Hotel Palace (que los militares tozudamente se niegan a entregar a las administración local) o algunos lugares de Belén o Bellavista, la creación de un auténtico museo Amazónico, un circuito de sabores populares, una guía nocturna de lujo, un viaje rápido a través del exotismo, una remodelación de Quistococha, un recorrido por monumentos históricos, una revisión de espacios de conocimiento y comodidad (no solo dentro, sino fuera de la ciudad, como en los caso de Nauta o San Rafael). Para ello, primero hay que profesionalizar el turismo e internalizarlo como una fuente insustituible de ingresos. Nuestro mayor atractivo debe ser trabajado con total dedicación. En ese sentido, los entes respectivos debe dedicar sus fondos y recursos logísticos a canalizar estas ideas. Pero hay que hacerlo del modo en que todos los países y ciudades exitosas lo han hecho: aprovechando las ventajas comparativas, explotando lo mejor y lo más vistoso que poseemos, creando una actitud permanente de respeto y camaradería, perfeccionando nuestros servicios y nuestra atención, desarrollando un plan colectivo a largo plazo que involucre a todos y, finalmente, generando canales de difusión que llegue a todos y, lo más importante, que a varios les resulte atractivo y los impulse a visitarnos.
No solo es pedir que se vote por el Amazonas. Es también hacer todo lo posible para demostrarlo y publicitarlo. Iquitos es linda. La Amazonía está de moda. El Paraíso a tu alcance. Hagamos que nuestra ciudad sea un slogan permanente – así como rentable - en la cabeza y los corazones de la mayor cantidad de personas en todo el planeta. Hagamos que nuestra ciudad valga como destino de primerísimo nivel en las agendas internacionales. Empecemos de una buena vez.


