14 enero 2006

TACHA CONTRA OLLANTA HUMALA: CON LOS VOTOS, NO CON LEGULEYADAS

Alguien debe señalar a los tinterillos expertos en manejar como les dé la gana los procesos electorales, que las victorias se ganan con la persuasión y no con las malas artes, de las que a son expertos algunos.

Las tachas interpuestas contra el candidato del Partido Nacionalista-UPP, Ollanta Humala, felizmente fracasaron. Decimos que felizmente fracasaron, porque era un despropósito derrumbar una candidatura por el simple hecho que a alguno le incomoda o no le gusta.

Dicho esto, partamos que no es lo mismo tachar e inhabilitar a un candidato como el prófugo Alberto Fujimori, que esta prohibido de participar en la vida política del país por diez años, que hacerlo con el nuevo líder de las encuestas. No porque no se les deba medir con la misma vara, sino porque las diferencias obvias.

Aunque Humala es una candidato que plantea propuestas antidemocráticas (y manda secuaces violentistas a amedrentar a los miembros del Jurado Nacional de Elecciones), esas propuestas deben ser vencidas en el ruedo electoral, con los votos. Si, como los sondeos señalan, hay un nuevo puntero, sus rivales (y los sicarios por encargo, como el tristemente célebre abogado Julio Quintanilla) deberían comprender que las ventajas que han dado debe ser corregidas. Aún faltan tres meses para la primera vuelta. Ni Humala es imparable, ni mucho menos, sobre todo en esta época cuando su crecimiento aparente está desnudando al mismo tiempo sus limitaciones y carencias como opción sólida y coherente para el próxima gobierno.

Así como Humala no debe ser atacado con las tinterilladas, debería empezar ya a dejarse de goriladas (entre ellas las que profiere su socio populistoide venezolano Hugo Chávez) y esbozar planes de gobierno y propuestas. Ya ese discurso del “anti-todo” está empezando a desgastarse. Ahora es tiempo de afrontar las caras. Y en ese sentido, Lourdes Flores, Alan García y hasta Valentín Paniagua ya le han sacado ventaja.

13 enero 2006

Vivir en Iquitos. Artículo de Gino Ceccarelli


Gino Ceccarelli es un reconocido artista plástico loretano, además de director del Instituto Nacional de Cultura de Loreto y, además uno de los intelectuales más lúcidos y mordaces de la Amazonía peruana. En esta ociasión, nos entrega un sabroso artículo sobre su vida en Iquitos.
Algunos amigos me increparon del tono pesimista de algunos de mis artículos donde intento hacer una radiografía de la sociedad iquiteña, de sus políticos, sus taras sociales y cierta pereza en algunos de sus gobernantes que trabajan sin visión de futuro.

Es cierto que soy muy crítico, no sólo con nuestra ciudad, sino en general con todo lo que me rodea. Cuando vivía en otras ciudades y países, también lo era. No es mi costumbre el ser muy condescendiente o quedarme callado ante el caos, la pereza y la ignorancia.

Aprovechando éstas fiestas de fin de año, donde los niños se llenan de ilusiones y los adultos nos sensibilizamos un poco, aprovecharé para elogiar (a mi manera) las bondades de vivir en una ciudad tan especial como la nuestra, ya que, muchos amigos aún no entienden como he podido cambiar mi residencia parisina por la iquiteña.

Si bien Iquitos no figura en muchos mapamundis y es una isla perdida en medio de este océano verde llamado Amazonía, donde no existe comunicación terrestre con el resto del país, tiene ciertas particularidades dignas de elogiar y tomar en cuenta.

A pesar del incremento de la inseguridad, de la desobediencia ciudadana respecto a las leyes, normas y ordenanzas municipales; a pesar de que muchas de nuestras autoridades y políticos trabajan por intereses personales, figureteros y electoreros, Iquitos sigue siendo un lugar agradable para vivir. Aun podemos salir a las calles, a cualquier hora del día o la noche sin paranoias ni delirios de persecución a diferencia de otras ciudades del Perú.

Nuestra gente es cariñosa, amable y hasta ingenua en muchos aspectos. Tenemos una gran cantidad de espacios de entretenimiento (locales de baile) y balnearios. Con poquísimo dinero uno puede pasar un fin de semana agradable rodeado del maravilloso paisaje natural que nos ofrece la selva. Tenemos un clima que permite estar con ropa ligera todos los días del año. Somos alegres y fiesteros (aunque muchos exageran con las fiestas, las chelas y el ruido). Poca gente vive angustiada (algunos por simple desidia) de los problemas nacionales y mundiales, al punto que a la mayoría no le interesa lo que pasa en otras partes del mundo.

En Iquitos no existen barrios residenciales como en otras ciudades del Perú y del mundo, de manera que las diferencias sociales no son tan marcadas ni vergonzosamente excluyentes como sucede en otros lados donde la “pituquería” vive automarginada y no se “mezcla” con los demás ciudadanos. Somos confiados (demasiado) y buenos amigos. A mucha gente le sobra el tiempo aunque trabajen, y pueden ver y frecuentar a los amigos todos los días. En las grandes urbes, sobre todo en Europa, uno ve a su mejor amigo como mínimo cada quince días y haciendo cita. Nadie te cae a la casa sin antes avisar, no se estila. No hay tiempo para divertirse a cada rato, ni siquiera los ricos pueden darse el lujo de trabajar poco. El ritmo de vida es frenético, estresante y son muy rígidos con la puntualidad.

En nuestra ciudad todo está a diez minutos. No hay embotellamiento vehicular salvo cuando se hacen marchas de protesta o se cierran algunas calles por obras o fiestas. En ciudades como Lima uno puede pasarse dos o tres horas en el auto o en un transporte público solamente para ir y regresar del trabajo. Mucho tiempo perdido y que en Iquitos aun no sabemos aprovechar esta ventaja para producir más.

A veces envidiamos a los turistas que vienen a nuestra región para visitarnos y disfrutar de nuestros paisajes y cultura. Esta gente ha trabajado treinta o cuarenta años para poderse dar ese lujo. Nosotros vivimos aquí y es lamentable que algunos no valoren ni disfruten de las bondades y de la belleza amazónica.

No tenemos el nivel de vida de los gringos, pero sí tenemos calidad de vida. Es decir, sin ganar miles de dólares mensuales, podemos vivir ajustados pero disfrutando de nuestro entorno sin estrés ni angustias existenciales diarias. Aunque no lo crean, en los países ricos existen muchos lugares maravillosos que ellos solo visitan y aprovechan cuando tienen vacaciones.

Nuestra comida es exquisita. Tenemos platos muy variados y consumimos verduras y frutas sin químicos ni pesticidas que en otros países está causando estragos en la salud de la población (cáncer, disfuncionamientos hormonales y genéticos), lamentablemente en nuestra región no todos comen bien y muchos niños están desnutridos. Ese es un problema que debemos atacar con urgencia.

Algo que no debemos olvidar. La belleza, la soltura y la alegría de la mujer amazónica (que no debe ser necesariamente un producto de exportación). Como dice Pepe Alvarez, una mujer loretana vale por tres hombres. Trabajan más, mejor y son las que mantienen la unidad familiar (existen algunas excepciones que confirman la regla).

Es bueno vivir en Iquitos, pero no es bueno que nos resignemos a aceptar las cosas como están, hay demasiadas cosas que tenemos que corregir y crear. Demasiado ruido, demasiada irresponsabilidad social. Es deber de cada ciudadano comprometerse en aportar a su ciudad. Muchas cosas funcionan mal y existe mucha improvisación en los planes de desarrollo. ¿Por qué no ambicionar y trabajar para que Iquitos sea la ciudad más limpia del Perú, por ejemplo? ¿por qué resignarnos a que sólo exista una forma de hacer política en nuestra región? (interesada, mediocre y sin visión).Tenemos que hacer un esfuerzo para integrarnos mejor, Debemos invertir mucho más en trabajo, en educación, en salud y en cultura. En fin, tenemos que ambicionar en ser mejores cada día. Nuestros hijos nos lo agradecerán.

12 enero 2006

EL RACISMO Y LA VIOLENCIA

El testimonio de Edilberto Oré en la Audiencia Pública Temática sobre Violencia Política y Comunidades Desplazadas del 12 de diciembre del año 2002, organizada por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, refleja una percepción bastante certera de la percepción de la violencia y la discriminación racial y étnica en el país:

“El Estado aún sigue discriminando y considerando al poblador andino no tan igual como un ciudadano; cuando se produce los bombazos en Tarata y en otros lugares, recién la sociedad se da cuenta que algo pasa en el país; lo que sucedía en el campo bueno pues eran cosas de indios quizás...”

Es reiterativo señalar la existencia de patrones de discriminación profundamente arraigados en nuestra sociedad. Pero no por ello deja de ser importante enfocar problemas como el que abordamos desde una perspectiva de los derechos de los pueblos indígenas. La discriminación conforma un complejo sistema interrelacionado que actúa restando derechos a las personas afectadas o bloqueándoles las posibilidades de reclamo. Los cambios jurídicos tienen poca incidencia para alterar la realidad porque no se integran en políticas de mayor alcance (...) La comprensión de los fenómenos discriminatorios está condicionada al entendimiento de lo que sucede en determinado momento histórico.

María Isabel Remy señaló hace poco que en el Perú no parece posible hablar de movimientos indígenas, aunque sí de una agenda de problemas étnicos pendiente de solución. Esto es particularmente cierto en las comunidades andinas (aymara y quechua), mucho más en el asunto de la Sierra Sur.

Una de las verdades más importantes que ha espetado la Comisión de la Verdad y Reconciliación en su Informe Final es aquella relativa al racismo y la discriminación en nuestro país. La conclusión 9 del Informe Final de la CVR es bastante escueta a este respecto: “se ha constatado que la tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y poco educado, no fue sentida ni asumida como propia por el resto del país; ello delata, a juicio de la CVR, el velado racismo y las actitudes de desprecio subsistentes en la sociedad peruana a casi dos siglos de nacida la República”.

La CVR también ha constatado que durante la guerra interna contra el terrorismo existió una notoria relación entre situación de pobreza y exclusión social y probabilidad de ser víctima de violencia. En su conclusión 5, señala que se “ (..) ha constatado que la población campesina fue la principal víctima de la violencia. De la totalidad de víctimas reportadas, el 79% por ciento vivía en zonas rurales y el 56 por ciento se ocupaba en actividades agropecuarias”.

Así mismo, en su conclusión número 6, la CVR indica que “ha podido apreciar que, conjuntamente con las brechas socioeconómicas, el proceso de violencia puso de manifiesto la gravedad de las desigualdades de índole étnico-cultural que aún prevalecen en el país. Del análisis de los testimonios recibidos resulta que el 75 por ciento de las víctimas fatales del conflicto armado interno tenían el quechua u otras lenguas nativas como idioma materno”.

Lo ocurrido ha conducido a gente, como el ex rector de la Universidad Católica y Presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, a creer que vivimos, todavía, en un país en el que la exclusión es tan absoluta que resulta posible que desaparezcan decenas de miles de ciudadanos sin que nadie en la sociedad integrada, en la sociedad de los no excluidos, tome nota de ello. La población quechua y aymara, como sabemos, representa a uno de cada cinco peruanos Se trata, como sabemos los peruanos, de un sector de la población históricamente ignorado por el Estado y por la sociedad urbana, aquella que sí disfruta de los beneficios de nuestra comunidad política.

Mucho se ha escrito sobre la discriminación cultural, social y económica persistentes en la sociedad peruana, pero poco han hecho las autoridades del Estado o los ciudadanos corrientes para combatirla con clara evidencia. Y ello también incluye actos de desdén u olvido generalizado que tienden a darse por parte del Estado y por la sociedad urbana, aquella que en los hechos y por concepción histórica ha disfrutado de los beneficios de nuestra comunidad política.

El historiador Jorge Basadre señalaba que el dinero ni la ilustración dictan el poder de las personas o las instituciones si van acompañados por “el egoísmo, la dejadez, la cobardía o, entre nosotros, el desprecio tradicional al cholo barato y al indio estúpido”. Repetía así mismo lo siguiente: “ ‘Los puntapiés se hicieron para el indio’. ‘Bestia: te llaman indio’, escribió sardónicamente el gran poeta puneño Gamaliel Churata; y es necesario eliminar los motivos para que sean escritas frases como las que acabo de mencionar”.

No debemos olvidar que la CVR ha señalado que en el sur del departamento de Puno (provincias de El Collao, Chucuito y Yunguyo), se iniciaron las actividades subversivas y que la región tiene una fuerte presencia de comunidades campesinas, con una población campesina predominantemente aymara. A diferencia de las provincias del norte, la presencia de empresas asociativas producto de la reforma agraria del general Velasco no fue significativa.

Javier Ciurlizza ha señalado que existen fallas tectónicas en nuestro sistema democrático, las cuales, por su parte, han conducido a crisis cíclicas, una de las cuáles la vivimos hoy. La democracia representativa no responde a las inquietudes sociales no porque el modelo sea malo sino porque la materia prima es escasa, para arriba y para abajo. El constitucionalismo peruano adolece de las fortalezas necesarias para incorporar ciudadanos, en términos de mejores derechos para todos. En este escenario, la discriminación (especialmente la étnica) agrega nuevos obstáculos al desarrollo institucional.

El Perú, lamentablemente, sigue siendo un país donde se practica un racismo que, si bien no es desembozado, penetra en nuestros esquemas mentales y se aloja en ellos a veces en forma perenne y desconcertante. Es necesario más bien analizar de qué modo se manifiesta este racismo (el cual puede tomar varios nombres que en estos momentos se pueden convertir en sinónimos, como “indiferencia” “olvido” “desdén” “apatía” “discriminación”) y dilucidarlo y debatirlo, aún con el riesgo de que se reabran viejas heridas y viejos y delicados capítulos de nuestra sociedad y nuestra Nación. Este es un tema pendiente en la agenda política nacional.

11 enero 2006

24: EL NUMERO DE LA INMADUREZ

24 candidatos se presentan en estas elecciones generales para presidente de la república. 24, como una gran diáspora de ciudadanos dispuestos a tomar por asalto el Palacio de Gobierno, como si la individualidad garantizara la calidad para el desempeño de la función pública.

Debemos decir que esa avalancha de listas presidenciales, en vez de generar una fiesta democrática, lo único que mantiene es la sensación que la voracidad de los políticos por acceder al poder. Una orgía democrática, como podrían señalar algunos analistas. Y, definitivamente, desde el regreso a la institucionalidad en 1980, luego de la nefasta dictadura militar de los setenta, no se había contabilizado tamaño número de candidatos.

Dirán muchos que esto no es más que el apuntalamiento de las candidaturas de aventureros y de personas que creen que por sí mismas pueden crear una verdadera solidez que haga gobernable al Perú. Al advenimiento de candidaturas de outsiders y avezados tratantes de la política (como quien parece que ahora lidera las encuestas, por obra y gracias del pueblo peruano), se suma el de funcionarios y autoridades fracasadas en pasadas gestiones, candidatos pitufos y versiones exóticas de opciones retrógradas, o insuficientes para el país.

Claro, 24 es el número de la inmadurez de los candidatos, de su probada incapacidad para tender puentes de diálogo, para generar coincidencias de planes de gobierno, para tender puentes que hagan más fácil la gobernabilidad y para no generar la dispersión de las alternativas y de los lineamientos básicos que no desanden lo recuperado en estos últimos tiempos. 24 representa el egoísmo, el cinismo y la frivolidad de la clase política, finalmente su manifiesta inmadurez para asumir con grandeza que el Perú no es un botín particular.

10 enero 2006

DISENSIÓN - ESTETICA- DEL TOP TEN LITERARIO

Recibí un mail de Javier Munguia, de México, que disiente de nuestro top ten literario. Al respecto, comparto efectivamente muchos de los juicios vertidos en esa oportunidad, pero, como se dice, esta lista tiene como único aspecto, el territorial y afectivo,vinculado al sitio de donde tengan en cuenta el criterio del escogiente. En todo caso, considero atinadas los comentarios de Munguia, de paso que recomiendo su blog (www.comunalia.com/Diablo)


No quedé muy satisfecho con tu clasificación de los libros en buenos y malos. Hay libros mediocres que no llegan a ser malos. Y hay buenos libros que no llegan a ser excelentes. (Los aforismos de Wilde son bellos, elocuentes y exagerados.) He escrito una nota al respecto. Te invito a leerla: http://comunalia.com/Diablo/29139/

De tu lista, solo he leído Pantaleón y las visitadoras y La casa verde, y ambas (sobre todo esta última) me parecen excelentes, pero no por motivos relacionados con la elección del espacio narrativo (lo mismo me da Iquitos que Lima o Santiago o México), sino por méritos estrictamente literarios.

Saludos.

PD. Una pregunta que no tienes que responder si no te apetece: ¿por qué no hay en tu blog opción de comentarios?

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Buenos modales
www.comunalia.com/Diablo