15 abril 2007

EL APRA HA VUELTO (Y HUELE MAL)


El APRA es experta en el arte de la demolición de reputaciones de aquellos que no lo caen simpáticos. Mientras buscan traerse abajo a Alejandro Toledo y por lo bajo se burlan innoblemente del cáncer que padece su hermana Margarita; sin embargo, no va a olvidarse jamás de sus dóciles e incondicionales compañeros. Quienes creían que el Estado iba a ser espacio donde los mejores y más capacitados tendrían su oportunidad de hacer carrera y servir a su país (¿dónde quedó aquella propuesta de dar ingreso inmediato a la administración pública a los primeros puestos de las universidades?), no acaban sino de darse cuenta que Alan García lo hizo otra vez. En política no vale ser ingenuos.

La última cifra del Banco Mundial sobre inflación histórica es escalofriante: en los últimos 45 años hemos acumulado más de 276 mil millones por ciento. Uno de los principales factores de ese incremento sideral fue provocado por el aprismo. Pero mientras ellos se pasaron la gran vida, con dólar MUC, subsidios direccionados y rapacerías diversas, ahora, se les ocurre demagógicamente bajar los sueldos de los funcionarios y tecnócratas que laboran para en el sector público. Aquí hay una gran contradicción, porque mientras existen aún sueldos de 25 mil soles, a algunos alcaldes o regidores se les quiere pagar menos de mil. Eso no solo es ridículo, atentatorio contra el legítimo derecho de quienes dirigen los destinos de una localidad de vivir con la misma dignidad que sus vecinos, de acuerdo a sus posibilidades y a su trabajo. Anteriormente hubo excesos lamentables, pero no por culpa de las remuneraciones, sino por la ineptitud de quienes fueron electos en dichos cargos, y eso no lo soluciona la demagogia de querer nivelar a todos en la miseria (quien vivía en un departamento de 10 mil dólares mensuales en Paris no puede pretender quitarle 500 soles a un funcionario que laboral tanto o más que él, y quizás con la misma eficiencia).

Sin embargo, eso no importa cuando se trata de favorecer a gente que peligrosamente se está acostumbrando a que el trabajo no es un derecho que se gana con esfuerzo y conocimiento, sino con padrinos, amiguismos o “lealtades” partidarias. El aprismo ha mostrado mayor perversión que el toledismo en este aspecto y ahí tenemos los múltiples casos de Essalud, Inade, Inrena y, obviamente, en Electro Oriente, donde los grandes beneficiados han sido el señor Humberto Mercado y el congresista Augusto Vargas (y el hermano de éste, premiado por sus lazos familiares antes que por sus conocimientos jurídicos, a decir verdad), amén de otros espectros donde se va manifestando el copamiento partidario, con el apoyo de la prensa a la que se compran contenidos a ciertos medios de comunicación por dinero, la famosa “merme” (actividad ilegal, tal como hizo el ministro Hernán Garrido-Lecca y se repitió durante el fujimontesinismo, ahora consagrado al nivel de “práctica común” en ciertas redacciones y ciertas jefaturas de “imagen institucional”)

Pero, claro, no se le puede pedir coherencia a un régimen cuyos integrantes pactan en secreto con quienes antaño los persiguieron. No se puede pedir dignidad a un régimen que tiene un ministro como Rafael Rey, que fue compinche de Popy Olivera en la acusación de enriquecimiento ilícito contra García, allá por inicios de los noventa. No se puede pedir consecuencia a un primer ministro como Jorge del Castillo, que hace cuatro años votó para inhabilitar a Alberto Pandolfi por delitos constitucionales y ahora lo nombra como funcionario, en medio de un escándalo real. No se puede pedir transparencia a un gobierno que pacta secretamente con el fujimorismo, con la servidumbre de Luis Giampietri, la bendición del cardenal Cipriani y el coro angelical del conservadurismo mercantil más hostil. Nueve meses después, el nuevo derechismo se nutre de escopeta de dos cañones, cestas litúrgicas llenas de limosna, trabajo sucio encargado a Agustín Mantilla y el Chito Ríos, amigotes a los que se les da prebendas y chambas en dependencias que, teóricamente, deberían ser de todos los peruanos y un presidente que flota en medio de todo, con vocación de Mesías perpetuo y alterado. Todo como antes, pero con cierto olor a chamuscado que empieza a sentirse en el ambiente. El APRA ha vuelto ¿Qué les parece?

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