04 junio 2006

La Profecía 666: Alan Presidente

Aquí está la sabiduría
Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia;
pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.
(Apocalipsis 13,18)


Son las 4 en punto de la tarde del cuarto día del sexto mes del sexto año. Los flashes electorales acaban de ser lanzados con toda la estridencia que el caso requiere. El resultado es lo suficientemente amplio y decisivo como para confirmar que hay un ganador absoluto. Quedan dos días, pero ya desde hoy, podemos decir que la Profecía del Apocalipsis ha sido revelada. El presidente electo del Perú se llama Alan García Pérez.

No es ésta una verdad oculta bajo siete llaves. Más o menos los pecados cívicos del electorado permitían presumir dicho resultado. Y es muy cierto también que se han juntado una serie de actitudes, de opciones particulares, de miedos, de odios y, además, de un profundo desencanto de la política y más aún de los políticos. La primera clarinada de alerta se pudo sentir en la primera vuelta (luego que muchos analistas han señalaran el triunfo de los dos peores candidatos en campaña). Ahora, se ha configurado una victoria de quien dejó el poder en las peores condiciones de popularidad, legitimidad y sumido al país en la peor crisis económica de su historia.

Esta victoria aprista, más que una reivindicación del nefasto quinquenio 1985-1990, resulta ser una resignada decisión de la gran mayoría de aquella población que no votó por ambos candidatos el 9 de abril. Es quizás la elección en que los conflictos éticos han sido mayores que en anteriores, desde mucho tiempo atrás. Y, sobre todo, no hay un entusiasmo ni emoción particular por la elección del nuevo gobernante, sino, sobre todo, mucha incertidumbre.

Evidentemente, estas sensaciones ambiguas e irritables pueden fácilmente generar el combustible en las cuales se incendie la pradera si el gobierno aprista no lleva bien los márgenes de desarrollo económico, estabilidad institucional, evitando los sectarismos, los pistoleros y paramilitares, las fuerzas de choque y el copamiento partidario de las instituciones públicas. No tendrá García luna de miel. Su mandato siempre estará bajo sospecha, bajo la lupa fiscalizadora de todos aquellos que no votaron por él, incluso también por aquellos que sí lo hicieron. Está condenado a no fracasar y hacerlo mucho mejor que Alejandro Toledo, que no fue un mal presidente, a pesar de todo.

Pero aún así, resulta bastante irónico que García vuelva a Palacio de Gobierno por la puerta grande. Ya lo he dicho en todos los tonos y lo reitero. No podía votar de ninguna manera por Alan García. Por una cuestión de dignidad. Porque conocemos la verdadera entraña sectaria del APRA. Porque no es sincero el arrepentimiento del candidato. Y porque el asco pudo más que marcar la estrella (no por el partido, sino por el recuerdo de tanto desastre que hizo su ahora líder insustituible).

Quienes creemos en la democracia no podemos avalar aquellas declaraciones de García en el sentido de cerrar el Congreso, negar excesos de derechos humanos, aplicar la pena de muerte como método de represión legal o cuando a personajes como Armando Villanueva se les ocurre la buena gana de pedir que el golpista dé un golpe de estado contra un gobierno democrático y luego esconda la mano. El que Ollanta Humala sea el supremo autócrata (y cuya derrota en el fondo ha producido alivio en los indicadores sociales y económicos nacionales) no hace a García el abanderado de la democracia. Creer lo contrario es una demostración de supina ingenuidad.

Por eso la democracia siempre es preferible a cualquier sistema. Que incluso alguien que hizo el peor gobierno de la historia vuelva a la a presidencia (derrotando al candidato más violento de los últimos tiempos). Ojalá haga un buen gobierno. Lo dudo, pero bueno, la esperanza es lo último que se pierde.

Si alguien nos hubiera preguntado hace 16 años, cuando García abandonaba su primer gobierno, cuál sería su futuro político, hubiéramos señalado de frente el sepulcro. En 1990 García era un cadáver político. Los diversos vaivenes de este país aún púber (ni siquiera adolescente) han llevado a que aquella anécdota divertida del sketch “Alan Damián” que pasaba el humorista Carlos Álvarez en su programa se convierta en desconcertante verdad este 2006. Mañana es el sexto día del sexto mes del sexto año. 666. A lo mejor la ONPE da sus resultados finales. ¿Algo de verdad habrá en la profecía que nos contaba nuestro particular Apocalipsis? (crucemos los dedos...)


1 comentario:

Anónimo dijo...

la Sra. Vildoso está buscando tirarle la pelota a este funcionario menor por la incapacidad de su gestión. Ella era la titular del sector y responsable política ante el Congreso del tema de indígenas y nativos, pues el INDEPA está en su ministerio; si esta oficina y este funcionario mostraron ineficiencia y no le daban respuesta por sus gestiones, ¿por qué los mantuvo allí?.
Con la incapacidad del INDEPA, se confirma algo que he venido sospechando desde hace tiempo: ¿Para qué sirve ese Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social?, ese ministerio fue inventado por Fujimori en el año 1996 bajo el pretexto de favorecer a las mujeres, pero en realidad ha servido para centralizar en un único sector todo el asistencialismo estatal y poder manipularlo desde allí. Igualmente, todas las oficinas independientes que están en ese sector han mostrado una ineficiencia espantoza y para hacerlas funcionar han tenido que sacarlas de ese ministerio retornarlas a otro sector o dejarlas independientes (como ocurrió con el IPD que volvió al sector educación o el Parque de las Leyendas que ahora funciona autónomamente).
Si queremos darle importancia al tema indígena y nativo, pues o hay que sacar el INDEPA de este ministerio tan ineficiente o hay que convertir al INDEPA en un ente autónomo sujeto a la PCM.
Y al MIMDES (ex-PROMUDEH) habría bien en desaparecerlo