09 mayo 2006

La democracia enarbolada por Alan (¡qué miedo!) (I)

El presidente Alejandro Toledo suele ser atinado cuando no habla. Cuando, sin hacer nada, deja que el gobierno flote hasta empinarse en un respetable 33% de aprobación ciudadana. Porque cada vez que quiere, de taquito, apoyar a quien le garantiza la derrota de quien no quiere que sea su sucesor, termina embarrándola sutilmente.

Toledo, emocionado y exánime, indicó que esta segunda vuelta electoral será una contienda entre la democracia y el autoritarismo. Pobre “Cholo”, se ve que su ojeriza hacia Ollanta Humala puede más que la razón químicamente pura. Porque, aunque es cierto que el “comandante” no tiene nada de democrático, eso no implica que, detrás de las maneras pluralistas y tolerantes de Alan García, se esconden asuntos turbios que vale la pena recordar, porque fueron hechos concretos:

Si debemos recordar el gobierno de García, pues debemos señalar que su primer acto antidemocrático fue enviar, apenas asumido presidente en 1985, al exilio periodístico a Jaime Bayly, quien tuvo la “osadía” de retrucarle en un panel televisivo las grietas de su salud mental. Bayly terminó entre Santo Domingo y Miami hasta que pudo volver al Perú, pero con el estigma de ser el enemigo número uno de García y ser visto como un indeseable. Esa no es precisamente un acto bueno de un “campeón” de la libertad de expresión.

Un demócrata no puede convivir con el oprobio de la matanza de los penales de junio de 1986. Reclusos senderistas de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara se amotinaron y tomaron rehenes. Al termino de la operación que dio a fin a estos levantamientos, aproximadamente 250 personas resultaron muertas. Todo los indicios señalan que hubieron masivos ajusticiamientos extrajudiciales, luego que los reclusos se rindieran. García nunca respondió claramente por ello, tampoco el ahora “honorable” almirante Luis Giampietri, candidato a la vicepresidencia y antiguo “duro” en cuestiones de derechos humanos. La Comisión del Congreso, presidida por Rolando Ames, acusó directamente al gobierno por dar la orden, pero todo quedo en nada, por obra y gracia de la mayoría aprista.

Y si de matanzas recordamos, pues la del 14 de mayo por la mañana, en que una patrulla de 180 soldados organizados en 11 patrullas, cuya misión era interceptar a los terroristas, entró al cercano pueblo de Cayara. Los soldados mataron a un hombre a la entrada del pueblo. Luego detuvieron y asesinaron a 5 campesinos cerca a la iglesia, sin respetar su vida ni el local de la Iglesia. Luego interceptaron a un grupo de aproximadamente 100 campesinos, que regresaban de cosechar. Los militares los obligaron a echarse al suelo y los torturaron. Luego, mataron a 22 de los detenidos, uno a uno, con sus propias herramientas: unos a hachazos, otros con machetes, segadoras, hasta a golpes de martillo. García negó sistemáticamente el hecho, encubrió a los militares asesinos y entorpeció la labor del Congreso en esa oportunidad.
(Continuará...)

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